La literatura con fines terapeúticos. Al estimular la imaginación, el cerebro produce más endorfinas y ayuda a las células de defensa. Ése es el objetivo de esta iniciativa, que busca mejorar las condiciones de los pacientes hospitalizados.

En la imaginación de Andrés hoy es un día glorioso, en el que cientos de soldados vestidos con pesadas y brillantes armaduras arrasan al ejército enemigo. Sin embargo, su pequeño y frágil cuerpo recibe otra invasión, pero ésta es mucho más real y cruel. Una sesión de quimioterapia intenta ganarle la batalla a las células cancerígenas. Así, mientras Andrés, con la ayuda de la medicina, lucha por sobrevivir, su mente está al lado de los victoriosos, lejos de la fría habitación del hospital y cada página que pasa de su libro lo hace un poco más fuerte para poder ganarle la guerra a la enfermedad.

Ésa es la función de “literapia”, un proyecto en el que participan médicos, filólogos, psicólogos, profesores y escritores, que proponen el uso de la lectura y la escritura como un instrumento terapéutico. Impulsada por la fundación del Hospital Policlínico La Rosaleda de Santiago de Compostela, se aplica en niños y adultos hospitalizados o con tratamientos de larga duración y cuenta con el apoyo de la mismísima J. K. Rowling, autora de la saga de Harry Potter. La iniciativa, que ya tiene en su haber más de 3.000 obras, es respaldada por editoriales como Salamandra, Galaxia o la británica Colman Getty (editora de J. K. Rowling), y de las fundaciones José Antonio de Castro y Germán Sánchez Ruipérez.

REALIDAD MÁGICA

La teoría de esta terapia es que, mientras el paciente lee, se olvida de que está en el hospital y su sistema inmunológico sale fortalecido. “Los libros te transportan a una realidad mágica y te ayudan a sobrellevar mejor el dolor”, asegura Manuel Freire-Garabal, profesor de Farmacología de la Universidad de Santiago e impulsor de “literapia”.

En la práctica, es algo mucho más enriquecedor. Partiendo de la base de que un buen libro no le hace daño a nadie, y de la mano de Ruth Gómez, directora de la Escuela Camilo José Cela del Hospital Clínico Universitario de Santiago, intentamos descubrir el efecto curativo de la literatura. La primera evidencia es que, tal y como pregona Ruth, dentro de las paredes de un hospital un minuto no dura 60 segundos. Es infinitamente más largo. “Los libros hacen que el tiempo pase más rápido y, además, te ayudan a evadirte durante unas horas de este lugar”, asegura la madre de Cristian, ingresado desde hace unas semanas.

BIENESTAR PARA TODOS

El desgaste hospitalario no tiene misericordia. Algunos padres pasan días, meses e incluso años en el hospital, por lo que se ven obligados a dejar su trabajo, su ciudad y, en muchas ocasiones, sus propias vidas para poder estar junto a sus hijos. Es el caso de Maika que, tras pasar cinco largos años al lado de su hija, agradece la ayuda de los libros para soportarlo mejor. Hoy, que su pequeña ya no está, es la encargada de la “ludomovil”, una especie de librería ambulante. “Gracias a mi hija me inicié en la lectura y, como era muy inteligente, me ayudó mucho”, dice alzando la vista al cielo. “Ahora sé que puedo ser útil a otras personas. He pasado mucho tiempo aquí, sé lo que es vivir en este lugar, cada día se convierte en las 24 horas más largas del mundo y los libros son una ayuda imprescindible; por lo menos, para nosotras lo fueron”, recuerda emocionada.

Las sesiones de “literapia” varían en función del grupo de trabajo al que estén enfocadas. Aunque muchos pacientes aprovechan el recogimiento de sus habitaciones para leer, las sesiones dirigidas se imparten en salas habilitadas por los centros de salud, como ocurre en el Hospital de Santiago. Allí, los miembros de “literapia”, como Blanca Roig, profesora de Literatura de la Universidad de Santiago de Compostela, moderan una mesa redonda con la ayuda de Ruth en la que participan los niños ingresados, sus padres y algunos médicos de otras especialidades que, de manera altruista, apoyan esta iniciativa.

LIBROS POR TELENOVELAS

Blanca Roig también trabaja con un grupo de chicas adolescentes que padecen anorexia. A la espera de resultados concretos, como dato curioso destaca que las jóvenes han cambiado la telenovela por los comentarios de textos y las charlas literarias. “Además, he- mos constadado que no siempre un libro con final feliz es el más idóneo para un paciente triste. Por esa razón, estamos estudiando qué tipo de literatura es la más apropiada para cada enfermedad”, asegura Blanca.

A pocos minutos de allí, la sala de diálisis del Hospital Policlínico de la Rosaleda ya tiene habilitada la zona en la que estará ubicada su biblioteca. Fernando, a la espera de un trasplante renal, pasa más de cuatro horas diarias conectado a una máquina. Para él, leer es cuestión de supervivencia mental.

FUENTE DE CURACIÓN

Pero, ¿existen evidencias científicas de que la literatura ayuda a mitigar el dolor? Según Ángela Torres, profesora de Psiquiatría, la respuesta es sí. “La lectura puede introducir cambios en las hormonas del estrés. Está demostrado que las personas con un elevado nivel de cortisol enferman con mayor facilidad. Si estimulamos la imaginación, el cerebro produce más endorfinas y reduce el cortisol. Rompes el equilibrio a favor de los células de defensa”.

Por su parte, el catedrático Darío Villanueva, miembro de la Real Academia Española de la Lengua y de “literapia”, insiste en que “no se está hablando de que la lectura sustituya a la terapia farmacológica, ni mucho menos, sino que puede ser útil como tratamiento coadyuvante para tratar algunas dolencias”.

Ayuda terapéutica o no, lo cierto es que hay motivos de sobra para comprender el significado de este proyecto. Escuchar a Cristian, vestido con su pequeña bata azul del hospital, uniendo una letra con otra con la ayuda del dedo, recitar: “Hola Mundo, afuera hay árboles para trepar, praderas por las que correr... espérame”, es tan sólo un ejemplo.

"MI VIDA EN EL HOSPITAL"

A los seis años de edad, a Carlos Fernández Leira le descubrieron un grave tumor. Cinco años después, el pequeño escribió el libro “Una escuela diferente”, de la colección Timonel, para contar cómo vivió el tratamiento en el Hospital Clínico de Santiago y cómo logró superar su enfermedad. En su relato, el pequeño habla con inocencia, ternura y mucha valentía sobre su enfermedad y sus experiencias en la Escuela Infantil Camilo José Cela de dicho hospital. Hoy, totalmente recuperado, confía en que este libro ayude a todos los niños que, como él, han pasado por una planta de oncología. Los benefi cios se destinarán a realizar actividades que hagan más agradable su estancia en el centro.

“Una escuela diferente”, es una iniciativa pionera del Proyecto Literapia.