EL PROBLEMA...

En líneas generales, la salud mental de nuestros jóvenes es buena. Pero, según datos del Informe sobre la juventud (INJUVE), el 12% se siente insatisfecho con su vida personal. Además, el 10% de los adolescentes y en el 2,8% de los niños menores de nueve años presentan trastornos depresivos. La incidencia de problemas emocionales se duplica en las niñas al llegar a la adolescencia. Y los trastornos alimentarios se disparan: el, 3,7% de los chavales sufre anorexia y el 4,5%, bulimia. El 92% de los casos son femeninos.
 
Y LA POSIBLE SOLUCIÓN...

La mayor parte de estos trastornos –asegura Gaona– son llamadas de atención, una protesta silenciosa de un hijo que demanda soluciones porque ve una mala relación entre sus progenitores o porque se siente abandonado. Ante problemas de anorexia o bulimia –advierte, por su parte, Saz-Marín–, debemos lograr que nuestros hijos no dependan de una báscula para sentirse satisfechos. Tenemos que fomentar una alimentación sana desde el ejemplo y enseñarles a quererse, a valorarse por lo que son y por lo que pueden llegar a ser. Es importante que aprendan a rebelarse ante estereotipos como el que unifica belleza y éxito. Y, sobre todo, debemos valorarles por características perdurables, no sólo por las físicas.