Observar con detenimiento que la cabeza, los oídos, los ojos y el rostro del recién nacido no presentan anomalías preocupantes resulta de lo más conveniente, sobre todo en las primeras semanas de vida. Del cuidado de esta zona del cuerpo del niño puede depender su correcto desarrollo.

Todos los niños nacen con unos puntos blandos en el cráneo que se conocen como fontanelas y que permiten el desarrollo de su cabeza al ritmo adecuado. Las fontanelas se presentan preferentemente tanto en la parte anterior como en la posterior de la cabeza, y también en los laterales.

Al igual que ocurre con las suturas, las fontanelas se cierran de forma gradual para convertirse posteriormente en áreas óseas sólidas. Según registran los protocolos de la Asociación Española de Pediatría (AEP), la fontanela de la parte anterior de la cabeza se cierra usualmente entre los nueve y los doce meses de vida, mientras que la posterior –es más pequeña- lo hace entre dos y los tres meses.

NO PREOCUPARSE DE LOS LATIDOS.

Aunque estas fontanelas sean zonas blandas, no hay que preocuparse en exceso porque, paradójicamente, son muy sólidas debido a la estructura ósea que las protege. Algunos padres se preocupan al observar latidos en las fontanelas, pero hay que desterrar la inquietud porque resulta un fenómeno de lo más normal.

Lo que sí recomienda la AEP es acudir al pediatra si se observa que esos puntos están algo hundidos. Esto puede indicar que el bebé puede sufrir algún tipo de deshidratación, algo que debe de ser corregido de inmediato.

Por otro lado, para comprobar que todo está en orden, las fontanelas deben percibirse firmes y ligeramente cóncavas al tacto. Cuando el bebé llora o vomita, esa concavidad puede desaparecer de forma momentánea. Sin embargo, en cuanto el pequeño se calma y su cabeza se yergue, la situación se normaliza.

A veces, las fontanelas se perciben tensas o protuberantes debido a ciertas patologías, como la hidrocefalia o la meningitis, que se manifiestan en forma de presión intracraneal debido a la acumulación de líquidos en la zona.

Estas situaciones suelen ser, afortunadamente, excepcionales, pero si el bebé presenta las fontanelas realmente abombadas, y la observación de este fenómeno va acompañada de fiebre alta o situación de letargo, el cuadro puede resultar grave, por lo que se aconseja acudir inmediatamente a los servicios de urgencia del hospital más próximo.

ESCAMAS Y ACNÉ.

Muchos bebés presentan también “costras lácteas” que pueden resultar poco gratas a la vista. Se trata de unas escamas gruesas de color amarillo que son completamente naturales y que se eliminan con champús específicos aunque una limpieza del área con algodones empapados en aceite de oliva virgen también aceleran la “desescamación”.

Por otra parte, junto a esas “costras lácteas” la cabeza del bebé segrega un aceite natural que desprende un olor agradable y que, según los Anales de Pediatría, ayuda a crear el vínculo afectivo entre madre e hijo.

Con frecuencia, los bebés presentan también acné neonatal en las dos primeras semanas de vida. Las razones de esta afección dermatológica obedecen a cambios hormonales que experimentan al tomar contacto con el mundo fuera del útero materno. Las zonas más afectadas suelen ser las mejillas, donde se observan pústulas y pequeños ezcemas.

Según la AEP, estas manifestaciones son inocuas aunque definen ya el tipo de piel del niño: caliente, fría, suave o áspera. Asimismo, determinan cuál es la zona de mayor concentración de grasa del neonato: la frente, la nariz o la barbilla.

OJOS Y OÍDOS.

La mayoría de los pediatras coinciden en que no resulta aconsejable hurgar al bebé en los oídos, pues se trata de unos órganos demasiado sensibles y cualquier manipulación inadecuada puede provocar lesiones irreversibles.

Por ejemplo, no es recomendable en absoluto introducirle un bastoncito de algodón para limpiarle la cera, ya que podría perforarle el tímpano. A fin de cuentas, la cera protege de las infecciones en esa etapa tan delicada de la existencia del bebé.

En cambio no está de más limpiarle con un algodón o una gasa húmeda los lóbulos de las orejas aunque procurando en todo momento que no se cuelen gotas de líquido en los oídos.

Por lo que respecta a los ojos, a muchos lactantes les suelen supurar los rabillos de los ojos, o bien formarse una especie de costra amarilla. Esta afección es consecuencia de la obstrucción de los lagrimales por razones diversas. Lo normal en estos casos es que el problema desaparezca en dos o tres días después de proceder a la limpieza de la zona con una gasa humedecida en agua templada, o bien con una solución salina que debe recetar el pediatra.

Algunos niños de varios meses o más de un año presentan conjuntivitis, que se manifiesta en forma de ojos legañosos o irritados. Hay que tener cuidado porque esta afección ocular es muy contagiosa, por lo que hay que proceder con el máximo de asepsia.

Después de lavarse bien las manos con un antiséptico hay que proceder a la limpieza de la zona con una gasa empapada en la solución salina referida antes, pero procurando en todo momento hacerlo de dentro hacia afuera del lagrimal.