Los móviles pueden usarse para investigar la intimidad del otro. Y si sucede entre padres e hijos adolescentes, la información obtenida puede provocar un efecto muy agobiante para el hijo, que puede descubrir más de lo que sabe manejar.

Lo primero que hay que preguntarse es por qué un hijo tiene esta necesidad de invadir la privacidad de su progenitor, en vez de hablar con él acerca de lo que desea saber, y por qué un padre deja asuntos íntimos al alcance de los hijos.

Una carta de una adolescente
, a la que llamaremos Patricia, nos planteaba este problema: “Estoy hecha un lío. He descubierto, por el msn de mi padre y unos mensajes del móvil, que está engañando a mi madre. A pesar de mi edad soy muy madura, pero ahora no sé si contarlo. Si se lo digo a mi madre, seguramente se separarán. Para mí no será un problema, pero sí para mi hermana. Si me callo, mi madre pensará lo que no es”.

LA FANTASÍA DE LA SEPARACIÓN

Convendría que Patricia reflexionara sobre sus actos. Esta carta le sirvió, en principio, para aliviar el peso de su secreto. Le respondí así: “¿Por qué miras el móvil de tu padre? Te has metido donde no debías y es lógico que te sientas mal: tienes una información que te pesa y con la que no sabes qué hacer. Tampoco sabes si interpretas bien lo que has visto. No nos das tu edad, pero suponemos que estás cerca de la adolescencia. Corresponde a tus padres resolver sus problemas de pareja, no a ti. No quieras ser más madura de lo que te toca; sólo te traerá malestar y es imposible que dispongas de todos los elementos quese juegan en una relación íntima entre adultos. Sería conveniente que le contaras a tu padre lo que has visto”.

Así intentaba que Patricia reflexionara. Aunque ella decía que no le importaría que sus padres se separasen, lo más probable es que después se sintiera culpable. Si hay infidelidad, acabará sabiéndose sin que diga nada. Patricia cree que quiere ayudar a su madre, pero también la está distanciando de su padre, ya que ésa (la separación) es su fantasía. Así, parece estar arreglando cuentas con su padre. Al acusarle, se pone en su contra. Esto sólo generará problemas de comunicación con él.

CUESTIÓN DE INTIMIDAD

Los adolescentes reeditan amores y rivalidades de su infancia. Tienen fantasías sobre su sexualidad y curiosidad por las relaciones, aunque esto queda reprimido. Los niños se creen responsables de todo lo que les pasa a sus padres. Si se separan, pueden creer que es porque ellos, alguna vez, pensaron en quedarse con uno de los dos y que el otro se fuera. Los hijos pueden querer intervenir en lo que les ocurre a sus padres. Si se trata de relaciones sexuales o amorosas, no deben hacerlo; a la larga, les provocará muchos conflictos. Los padres tampoco deben utilizar estos movimientos filiales para atacar al cónyuge.

LA SOLUCIÓN

• Si tienes una información que te inquieta referente a alguno de tus progenitores, habla con él / ella para escuchar su versión del asunto.

• Contarle a uno de ellos lo que sabes del otro es colocarte entre los dos y tú tienes que estar al margen de sus relaciones íntimas. Si no, te sentirás culpable hacia uno y protector del otro.

• Reflexiona sobre qué tipo de comunicación hay en tu familia para que se produzcan invasiones en la intimidad. No debes investigar a tus padres. Si quieres saber algo, pregunta. Y si tienes dificultades para dirigirte a tus padres, habla con algún adulto en el que confíes para reflexionar sobre lo que te ocurre.

• Aunque te afecte, debes aceptar que es un problema de ellos; son tus padres quienes deben resolverlo, no tú.

¿QUÉ ME PASA?

• Si has descubierto algún dato que te pesa sobre alguno de tus padres, reflexiona: ¿por qué entras en su terreno íntimo?

• Puede que necesites controlarles para seguir sintiéndote cerca de ellos, ahora que tu edad hace que empieces a separarte internamente de tus padres.

• También puede suceder que estés incómodo con alguno de los dos y quieras regañarle o acusarle de no ser bastante bueno como progenitor.

• Es posible, además, que las fantasías que tienes sobre la información obtenida no se correspondan con lo que les ocurre de verdad a tus padres.