El novio de mamá

  • María está separada desde hace tres años y ha encontrado una nueva pareja. Al cabo de unos meses de relación, consideró oportuno no ocultársela a su hijo de 10 años. Ella quería que formara parte de su vida cotidiana. Pero ahora está muy preocupada porque el niño no acepta a su novio. No quiere que le invite a casa, y ante él se muestra enfadado, agresivo y desobediente. María no sabe qué hacer.

Aun cuando se trate de la mejor solución posible, cuando los padres se separan es inevitable que los hijos, independientemente de la edad, se sientan conmovidos por la separación. Pero si además son pequeños, la repercusión es mayor.

Sería un error juzgar a los hijos de padres separados como niños necesariamente con problemas, pero tampoco se puede negar que, tras el divorcio, surge una serie de nuevas situaciones a las que deberán enfrentarse. Una de ellas es la posible nueva relación amorosa de uno de los padres o de ambos y, a veces, después de algún tiempo, el nacimiento de hermanos.

Para el adulto, es muy saludable rehacer la vida afectiva después de una separación. El bienestar que experimenta, a la larga, redundará positivamente en el estado emocional del pequeño. En definitiva, si su madre o su padre encuentran pareja, el niño no ’carga’ con la tarea de ocuparse del padre o de la madre que se han quedado solos.

Es una tarea que nadie le exige -al menos sería deseable que así fuera-, pero que inconscientemente él puede adjudicarse: en ese caso, ocupa un lugar afectivo que no le corresponde y que le impide crecer y desarrollarse con autonomía. 

Sentimientos encontrados 

Pero aunque una nueva pareja resulte beneficiosa también para los hijos, no siempre es fácil conseguir una cierta armonía entre ellos y el novio. El rechazo hacia el ’intruso’ no siempre se debe a que no les guste el elegido para sustituir al padre al lado de la madre, por ejemplo, y aunque no sea manifiesto, como en todas las relaciones, es inevitable que existan sentimientos encontrados.

Ellos necesitan una adaptación a esta nueva forma de vida que pone en cuestión el amor exclusivo de su madre y la figura de su padre real. No faltarán las comparaciones e incluso la añoranza de la vida familiar anterior, dado que casi siempre existe la esperanza de que papá vuelva por fin a casa. El enfado y la mala conducta pueden representar la protesta por ese malestar.

Cómo nombrar el nuevo vínculo

Es necesario comprender al niño en este trance. Para digerirlo, necesitará mucho tiempo. Por otra parte, son fundamentales las palabras para nombrar el nuevo vínculo. Para que el pequeño pueda seguir confiando en el adulto, conviene que éste sea claro: a veces, en el afán de suavizarle la situación, se le confunde diciendo que es un amigo, cuando en realidad se trata de un novio. Afrontar la nueva situación con espontaneidad y sinceridad favorecerá a la larga la aceptación, pero no se deben esperar resultados inmediatos.

¿Qué debe hacer él? Respecto a la nueva pareja, tendrá que sobrellevar ese período con la madurez que implica tomarlo con paciencia, sin rivalizar en el conflicto que conmociona al niño. Al mismo tiempo, conviene que el novio de mamá no menoscabe la figura del padre: complicaría más aún la posibilidad de que el niño pueda quererle sin sentirse culpable o sentir que le traiciona.

Otro hombre en su vida. Para el niño, la nueva pareja puede ser, en la medida en que ame a su madre, por ejemplo, y le quiera y le respete a él, un adulto significativo que enriquezca su vida afectiva.