María Rosenfeldt y Ouka Leele: Una relación tan estrecha como atípica

Viven las dos solas en un ático en el madrileño barrio de Chamberí. Ouka Leele se separó del padre de María cuando ésta tenía poco más de tres años. Desde entonces, madre e hija mantienen una relación tan estrecha como atípica. Cuando no están juntas, apenas pasan 30 o 40 minutos sin que sepan la una de la otra. El teléfono móvil las mantiene permanentemente en contacto: "Nos podemos llamar 50 veces al día para decirnos sólo que estamos bien y mandarnos un besito. Necesitamos estar en contacto siempre", explica María. Y es que, a punto de cumplir los 18 años, asegura que su madre es todo para ella: hermana, amiga, cómplice... Ambas comparten su pasión por la música y la fotografía. Por primera vez, se han presentado en público unidas como artistas: María amenizó con su arpa la inauguración de la exposición que el Ministerio de Cultura dedicó a la obra de su madre. Aprovechamos la ocasión para que nos recibieran en su casa... y las dejamos hablar.

La pintura y la música

María Rosenfeldt. Aunque me divierte la pintura, no me dedicaré a ella porque pienso que intentaría hacerlo mejor que tú. Además, no me hace mucha ilusión ser 'la hija de'.

Ouka Leele. Siempre te he notado muy competitiva conmigo, intentando demostrarme que sabes más y que eres mejor que yo. Incluso te daba por pintar mis fotos. Recuerdo especialmente el retrato que le hice a Pilar Bardem, acabaste pintando el suelo de la fotografía...

M.R. Sin embargo, desde pequeña me ha atraído mucho el arpa. Creo que desde que vi a una gata muy guapa tocándola en 'Los aristogatos' [risas]. Yo quería ser como ella. Me gustaría que la gente viese el arpa como un instrumento moderno, no tan lírico y lejano, darle un poco de 'caña'...

O.L. Aunque luego no te dediques a la música, yo quiero que te acompañe siempre porque es una maravilla. Tus profesoras creen que tienes un don especial. Yo quiero grabarte tocando el arpa y cantando para que alguien te escuche y vea cómo lo haces.

M.R. Pues que me llamen para trabajar [risas].

Recuerdos de la infancia

O.L. Después de haber superado un cáncer y que el médico dijera que seguramente había quedado estéril... Me hizo muchísima ilusión que fueses una niña. Los bebés tienen cara de atontados, pero tú tenías cara de lince.

M.R. Mis primeros recuerdos son en Mallorca, por el campo, en la playa... Tú estabas siempre sonriente y me gastabas muchas bromas, nunca me has regañado.

O.L. Porque has sido muy buena [risas].

M.R. Desde pequeña he ido contigo a todas partes. Además, siempre he conseguido lo que he querido porque soy muy mandona. A veces, me hablabas de cómo eras de pequeña y me enseñabas fotos.

O.L. Y, mientras yo pintaba, te metías debajo de la mesa y hacías cabañas con telas y nos inventábamos historias…

M.R. Y leíamos mucho.

O.L. Me gustaba leerte libros en voz alta porque pensé que, haciéndolo, te iría introduciendo en la lectura. Incluso te narraba cuentos inventados. Los amigos de mamá

M.R. Además, he tenido la suerte de viajar mucho contigo.

O.L. Me has acompañado a todas partes, pero también he sido como una cenicienta: podía ir a cenar, pero como mucho a las 12 de la noche tenía que irme porque estabas tú. Nunca querías quedarte sola con una 'canguro'.

M.R. ¡Claro!, es que me lo pasaba muy bien entre tus amigos. Así conocí a Alaska, a Almodóvar, a Rossi de Palma, a Cesseppe… a muchísima gente de la 'movida'. Yo no echaba de menos estar con niños porque siempre he tenido muchas amigas de clase, de inglés… Además, en el fondo, me divertía más con los adultos porque aprendía otras cosas.

De madre a hija

M.R. Siempre hemos hablado mucho, incluso noches enteras [risas]. En ocasiones, me has despertado a las tres de la mañana para que te explicase por qué te había dicho tal cosa, ya que no podías dormir. ¡Una tortura psicológica!

O.L. ¡Qué malvada!

M.R. Pero no te cambio por ninguna otra madre. La mayoría de mis amigas me dicen que qué suerte tengo. Nunca me has dado una orden y siempre me has explicado el porqué.

O.L. ¡Menos mal! Yo he tratado de aconsejarte, de razonarte y de guiarte, pero eres tú la que tienes que tomar las decisiones. Incluso en la ropa, ya desde pequeña diseñabas trajes.

M.R. Es que me encanta la ropa, hay días que me levanto muy hippy; otros muy gótica… depende del momento. Aunque, si pudiera, me compraría algo de firma.

O.L. Lo malo es que no puedes [risas]. Rechazarías todos los regalos de Navidad por un bolso de Chanel.

M.R. A mí me gusta regalarte ropa porque nunca te compras nada, vas con la misma de hace 30 años.

O.L. Es que, respecto a la ropa, somos totalmente distintas. Ahora, te ha dado por coger la mía. M.R. Bueno, es que, aunque llevas prendas viejas, siempre le pones un toque especial. Me gusta tu estilo.

Sobre el futuro

M.R. Mira, no pienso independizarme nunca, siempre te digo que cuando tenga 50 años seguiré yendo contigo a todas partes. Si algún día tengo novio, se tendrá que llevar muy bien contigo y entender nuestra relación.

O.L. Me preocuparía que te enamoraras de alguien que te obligara a cambiar, a no ser tú misma. Por lo demás, me parece que el amor tiene que ser algo completamente libre.

M.R. Yo me considero una persona muy feliz aquí, contigo.

O.L. Yo quiero que vayas a tu ritmo, eres todavía muy joven.

M.R. No tengo prisa [risas].

O.L. Pues a mí me encantaría ser abuela [risas], aunque eso nunca se sabe. A ver qué haces… M.R. Yo no me veo ahora viviendo sola: ¡para nada!

O.L. Pero, poco a poco, voy recobrando mi independencia. Hemos ido aprendiendo a despegar...

M.R. Y hasta te has ido de viaje y me he quedado cuatro días sola. Con el teléfono, ¡claro! Pero siempre contigo cerca porque para mí eres muy importante, mi todo.

María opina de Ouka Leele

"Mi madre es graciosa, muy buena persona, juvenil, gran compañera de aficiones, buena madre y amiga. Se preocupa demasiado por los demás y se deja a sí misma para el último momento".

Ouka Leele opina de María

"Es muy tranquila y se está muy bien a su lado. Es muy cariñosa, creativa, muy artista y muy guapa por dentro y por fuera, pero le da vergüenza que yo haga el loco: si canto por la calle o me pongo a hablar con gente que no conozco".