"A los 31 años me quedé embarazada sin buscarlo. Estaba sola, pero me ilusioné muchísimo. A las ocho semanas lo perdí y fue un mazazo tremendo. En seguida pensé en la opción del donante, así que lo planteé en casa y me apoyaron. Volví a quedarme embarazada en la tercera inseminación, pero de nuevo perdí al bebé cuando estaba de seis o siete semanas. Entonces empezaron los miedos. ¿Y si no podía ser madre? En esos momentos es como si se acabara el mundo.

Tras someterme a varias pruebas me quedé embarazada de nuevo. Nunca penséen tirar la toalla. Hace dos meses nació Aldara y con ella he cumplido mi sueño. Nunca pienso en el donante, en cómo será, qué hará… Para mí se trata de la persona que me ha ayudado a hacer realidad una ilusión y ya está. No creo que a ninguna mujer que desee ser madre le importe cómo será físicamente su hijo o si será más o menos listo. Lo importante es tenerle contigo y darle el cariño que siempre has deseado. Por eso cuando la gente se entera de tu historia y te dice que eres valiente por haber traído al mundo a un bebé tú sola me fastidia, porque en realidad no es así. Seguramente tenemos más ayuda que otras madres porque, al ser una circunstancia especial casi todo el mundo se vuelca contigo y con el bebé".