¡No hay derecho! Cuando tienes un bebito en casa y ves cómo se retuerce de dolor y la barriguita se le pone dura como una piedra, no hay duda: o son gases o es el síndrome del cólico del lactante. Descartado lo primero, sólo queda lidiar con uno de los dolores más crueles que suelen sufrir casi todos los bebés. Una amiga me comenta que estos cólicos son desconocidos en otros lugares del mundo en los que el contacto físico madre–hijo es constante, lo que hace que los bebitos se sientan más seguros y relajados. O eso dicen por ahí. Sea como sea, Marina está ahora en plena fase dolorosa y no hay ninguna solución mágica, sólo puedes intentar darle masajes o cogerla en brazos hasta encontrar la postura que la calme y... a hacer kilómetros por casa.