A pesar de todo lo que me decían los supuestos “entendidos” sobre educación infantil (proliferan como setas en cuanto tienes hijos), yo sabía que esto pasaría, sencillamente es lo más natural del mundo y no hay ningún secreto. Jara vivía hasta hace poco en un mundo en que ella recibía todas las atenciones, cariño y cuidados en un “contrato” de exclusividad total. No tenía que compartir esas cosas con nadie más. De repente, aparece una nueva inquilina mucho más pequeñita y desvalida. Ya ha aprendido la primera lección de esta vida, de las más duras que puede haber: la competencia entre los seres humanos es más estrecha cuantas más cosas en común se tenga con el otro. Si es tu hermana, no puede haber competencia más intensa.