Rubén Ayuso Martín pasó 10 años en centros de protección de menores y pisos tutelados. Desde hace dos vive independiente en un piso compartido. Ahora tiene 20 años y nos cuenta cómo fue su historia.

“A los nueve años me presenté solo en la Guardia Civil. Ya no aguantaba los malos tratos de mi madre. Me llevaron a un centro de protección de menores que me pareció el paraíso: había comidas regulares, no tenía que ir con la ropa rota al colegio, me llevaban al cine... Me acoplé muy bien y, en cierto modo, ellos pasaron a ser mi familia. Hasta le regalaba las manualidades del Día de la Madre a la educadora. A los 13 años, cuando se vio que lo de mi madre no tenía solución, mi tutela pasó a la Administración y me trasladaron a un piso con siete chicos y dos educadores de Mensajeros de la Paz, a los que considero mis segundos padres. De los 13 a los 16 años tuve todas las papeletas para acabar siendo un “pieza”. Las 500 pesetas de la paga no me daban para nada y me dediqué a abrir coches y a robar carteras. Pero, cuando acabé en la Guardia Civil y el educador fue a buscarme, se me cayó la cara de vergüenza. Quise que volvieran a confiar en mí y me metí en el programa Junco, donde me ayudaron a buscar trabajo y empecé un curso de cocina. Trabajé dos años, muy a gusto, en un restaurante y ahora llevo seis meses en el Casino de Torrelodones, como operador de máquinas. Comparto piso desde hace dos años con otro chaval del centro (los educadores nos ayudaron a pagar el aval) y, aunque sigo en contacto con mi abuela y mis tíos, tengo esta otra familia. Ellos me han enseñado que, pase lo que pase, eres el responsable de tu vida”.