El gineceo en el que vivo tiene forma de tridente: suegra, madre y titas (¡tres!). Están omnipresentes en todos los frentes y se hacen notar muchísimo, bastante más que mi padre o mi suegro, por ejemplo. El tito Feli está en un discretísimo segundo plano y mi padre también se dosifica bastante. No sé explicarlo, pero es como si los hombres de la familia estuviésemos todos por allí, pero casi no se notase nuestra presencia (yo soy la excepción porque soy el padre de los retoños). En cambio, las mujeres de la familia, cuando nacen los bebitos, es como si se multiplicasen y creciesen en todos los sentidos. Los amigos me dicen que vaya chollo estar rodeado de mujeres: “Te van a cuidar y a mimar muchísimo”. No sé, yo creo que no las tengo todas conmigo, soy desconfiado por naturaleza y veo que mi casa se parece cada vez más a una especie de matriarcado. Estaré atento a los acontecimientos.