Madagascar es la cuarta isla más grande del mundo con 9,4 millones de niños que sonríen. Pero existe otra realidad paralela y es que, en todo el país, uno de cada tres menores de cinco años vivie en condiciones de extrema probreza. 60.000 mueren cada año por causas que se pueden evitar, como la violencia o el abandono de los padres.

Madagascar podría ser una postal del paraíso. La cuarta isla más grande del mundo descansa frente a la costa africana con su olor a canela, vainilla y leña quemada al atardecer. Posee montañas verde esmeralda, arrozales, playas de arena blanca... E hijos hermosos de ojos rasgados, 9,4 millones de niños que sonríen y desean los buenos días si te los cruzas camino del colegio. Pero hay otro tipo de sonrisas, las de los pequeños que pasean solos bajo de la lluvia, aunque aún no levantan dos palmos del suelo, los que nunca saldrán en las cifras oficiales porque ni tan siquiera poseen un certificado de nacimiento...

En Antananarivo, la capital, es donde más se aprecia su vulnerabilidad. En sus calles los coches de lujo paran en semáforos en los que los niños piden limosna. Uno de cada tres vive en condiciones de extrema pobreza. También es en "Tana" donde el 10% de los niños muere por culpa de la violencia o el abandono de sus padres. "No hay datos cualitativos de los malos tratos en Madagascar, pero todas sus manifestaciones están presentes: en el trabajo, en el hogar... Aunque no hay arsenal legislativo ni respuesta social", explica Bruno Maes representante de Unicef en la isla. "Nuestro objetivo es formar a los actores que intervienen en el proceso de luchar contra esta violencia hacia la infancia y sensibilizar a la población de que existe", concluye.

Ése es el espíritu que impregna muchas de las iniciativas del Gobierno malgache: sensibilizar a todos para rescatar la infancia y ofrecerle seguridad, salud y un futuro. Reforzar la educación, organizar campañas de vacunación y, sobre todo, formar a las madres para que puedan proteger a sus hijos son los tres pilares que permitirán a los más pequeños escapar de su destino.