Cumbre España-Francia resumida en un instante: plano corto de dos nobles posaderas trepando con brío los escalones del Palacio del Pardo. Encuentro bilateral condensado en una suma de ñoñerías: los besitos, arrumacos y entre Madame y Monsieur Sarkozy. Días antes, otra imagen sintomática: ellos poniendo parches al mundo mientras ellas se ponían monas y tomaban el té. La cumbre del G-20 versus la cumbre de los bolsos. (Por cierto, ¿dónde estaban los dos únicos primeros caballeros, los esposos de Angela Merkel y Cristina Kirchner? Quizá el físico cuántico alemán y el expresidente argentino tenían cosas más importantes que hacer). ¿Todo cambia para seguir igual? ¿Son esos instantes una foto fija del papel de cada sexo? Para hablar de ello sentamos a la mesa a seis tertulianos de lujo: las escritoras Carmen Posadas y Espido Freire, los actores Verónica Sánchez y Antonio Zabálburu, el periodista y escritor David Cantero, y el cocinero Darío Barrio.

MH. Ellos manejando el mundo, y ellas siendo criticadas por el color de su falda, el excesivo tacón o la generosidad de sus caderas.

ESPIDO FREIRE. Seguimos igual. Cada vez que una mujer ocupa una posición de visibilidad social, a cualquiera de los méritos que tenga se le antepone una crítica física: de elegancia, de carisma, de belleza.

CARMEN POSADAS. No hay más que ver los comentarios chuscos que levanta la indumentaria de las ministras.

DAVID CANTERO. Lo que os perjudica es ese tipo de mujer que parece que debéis ser: extraordinaria, erótica, sexy. Y además, estar megaestupenda todo el día.

E. F. No es que tengamos que estar estupendas, tenemos que ser estupendas. Y eso los hombres todavía nolo padecéis. La intimidad con la que nosotras sufrimos la exigencia física todavía es insospechada para los varones.

C. P. Pero sí que es cierto que hay una feminización del rol masculino. En mi generación, un hombre bello tenía pelo. Ahora se depila, se pone cremas, se opera…

VERÓNICA SÁNCHEZ. Pero que los hombres usen productos de belleza sólo significa que hay un negocio detrás. La igualdad no empieza por ahí.

ANTONIO ZABÁLBURU. Vivimos en una sociedad facilmente manipulable con la imagen que nos quieren vender, a menudo engañosa.

E. F. Si Obama hubiera sido bajito y gordito ya veríamos si ahora sería presidente de Estados Unidos. Los hombres empezáis a ser esclavos de vuestra imagen.

Dv. C. A mí se me tacha del George Clooney español y parece que me cuido muchísimo. Pero en realidad me trae sin cuidado. No soy nada sofisticado.

DARIO BARRIO. Pues, David, mi mujer se ha puesto nerviosa cuando te ha visto llegar.

Dv. C. Ja , ja, ja. ¡Que no, que no!

A. Z. Si estás trabajando en televisión tienes que estar bien. No podemos aparecer sin cuidarnos, o con mas peso. Tenemos una responsabilidad.

Dv. C. Antes no éramos así. Yo tenía complejo de bajito. Y cuando me gustaba una chica decía, ¡uff es que es altísima! Pero ahora el abanico de complejos es inmenso.

A. Z. Y ese ve clarísimo: mujeres que cuando nosotros éramos jóvenes se sentían un diez de mujer, ahora, con la presión social, están acomplejadas.

E. F. Es porque nos han enseñado que no hay parte del cuerpo que no se pueda mejorar.

Dv. C. Pero muchas chicas jóvenes también adoptan actitudes un tanto erróneas por acercarse al estatus del hombre. Por ejemplo, el mirarle el culo a un tío. Mis amigas pueden fijarse en eso si es un culo magnífico, pero en general no es una preocupación femenina. Los hombres somos muy de: ¡has visto qué culo!, ¡has visto qué tetas!

D. B. ¿Sí, somos así? ¡Ja, ja, ja!

Dv. C. Todos los hombres tenemos un instinto atávico,vamos mirando, vamos calibrando; intentamos evitarlo pero no podemos. Las mujeres estáis adoptando ese rol masculino pero de forma un poco forzada. Muchas chicas jóvenes intentan imitar al macho: tú juegas al futbol yo juego al futbol, tu bebes tres copas yo bebo tres copas, tú miras culos yo miro culos.

M.H. Quizá porque muchas mujeres creen que para triunfar tienen que masculinizarase. Por ejemplo, en los últimos cincuenta años, la voz media de las mujeres occidentales se ha agravado una octava.

V. S. Me dí cuenta cuando estudié canto. Mi tono era altísimo. Pero no podía cantar de soprano porque había viciado mis cuerdas vocales. Durante años las había forzado hacia un tono más grave: inconscientemente imitaba a mi padre porque era el que en mi casa tenía la autoridad. Y que quede claro que mi padre es hombre es maravilloso.

Dv. C. El cambio más brusco lo veo en los adolescentes. Yo tengo un hijo de 19 años, y él y sus amigos se preocupan en exceso por cómo se ven. El otro día estaba preocupadísimo porque había quedado con la novia y no se había podido depilar las piernas. Esa angustia de quedar con alguien y no haberse depilado, eso lo he visto siempre en amigas mías.

C. P. A mí me da un poco de pena, porque me gustan los hombres hombres, no los “femeninos”, en el mejor sentido de la palabra.

V. S. Que ahora un hombre pueda depilarse y no se le acuse de ser gay no significa que hayamos avanzado, sino que se ha montado un negocio. Y encima creemos que llegamos a la igualdad. Hay que ser iguales en las cosas que de verdad importan. Y en eso no lo estamos consiguiendo. Estamos asumiendo los errores del otro género.

A. Z. Posiblemente haya un ligero contagio a empatizar con esos errores. Convirtiendolos en el handicap de la mujer. No se puede caer en ello. Lo miremos por donde lo miremos, las mujeres todavía estamos lejos de alcanzar a los hombres en los lugares de decisión y poder, desde las Universidades a las empresas del Ibex 35.
 
E. F. Los derechos en España están garantizados, pero la percepción social no, y los perjuicios están ahí. Lo peor es que hay quien dice que no llegamos a la igualdad porque las mujeres no estamos preparadas. Pero nadie dice nada del coste psicológico y moral, ni de la reestructuración que tenemos que hacer a nivel de pareja y familia.

C. P. Para concilar sería fundamental racionalizar horarios. Es que aquí en España empezamos a trabajar a las 5 de la tarde, cuando en el resto del mundo termina la jornada laboral. Si a una mujer le hacen elegir entre su vida profesional y personal siempre va a elegir su vida personal.

V. S. Y si elige lo profesional lo hace con una culpa inmensa.Tienes la sensación de que tienes que elegir hasta dónde quieres escalar profesionalmente y dentro de eso dónde quieres ser madre. Porque parece que se va a estancar el ascenso profesional en el momento en que seas madre.

C. P. Yo también he tenido muchas veces ese sentimiento de culpabilidad. Es algo de los que somos víctimastodas las mujeres.

M.H. Pero… ¿No estábamos cambiando? ¿No estábamos repartiendo las tareas familiares?

A. Z. Bueno, es que eso de llegar a casa y poner los pies en el sofá, nunca lo he visto como un privilegio que yo deba tener.

E. F. Las mujeres seguimos cargando con el peso. Cuando yo he vivido en pareja no peleaba por las tareas de casa, porque lo gestionamos casi como una empresa. Pero la supervisora era yo.

V. S. En la inmensa mayoría de los hogares la gestora es la mujer. Él ayuda, ya no lo haces tú sola, pero eres tú la que lo organiza.

E. F. También porque las tareas del hogar nunca han sido prestigiosas, así que el varón no ha visto ningún tipo de prestigio en encargarse de ellas.

A. Z. Si el prestigio se pone en medio de una relación de pareja mal vamos. Mi padrastro, cirujano cardiovascular, llegaba a casa prácticamente con la sangre de las operaciones encima. Mi madre le tenía la cena preparada y no le dejaba mover un dedo. Eso es amor, decía.

C. P. Pero además, hay un machismo residual que tardará mucho tiempo en erradicarse.

V. S. Los hombres de mi generación están haciendo un gran esfuerzo. Pero los mensajes todavía son contradictorios. ¿Qué pasa con los adolescentes? Desde algunos sectores se lanza la idea que hay una generación de adolescentes delincuentes porque la mujer se ha incorporado al mundo laboral y ellos están desatendidos en casa.

Dv. C. El problema está en que la gente tiene hijos sin pararse a pensar la responsabilidad. ¡Cómo me gustaría tener un bebé!, dicen. Y luego se encuentran con que lo que les apetece es irse por ahí, o tirarse en el sofá, pero tienen que cuidar de un hijo. Y eso ha creado una generación de jóvenes tristes.

D. B. Yo tengo un oficio que exige muchas horas, pero mi trabajo no es lo más importante en mi vida. Yo me baño con mis hijos todos los días. ¿De qué me sirve un negocio si no es para vivir con mi familia?

Dv. C. Mi prioridad también son mis hijos, pero por encima absolutamente de todo. Yo es que soy muy madre. Si hubiera podido engendrar, parir, tener pechos y darles de mamar lo hubiera hecho.

M.H. Los papás de esta mesa parece que habéis asumido ese plus de paternidad. Pero, ¿qué pasa en el plano laboral? ¿Creéis que ellas mandan de manera diferente?

Dv. C. Cuantas más mujeres haya en cargos de responsabilidad mejor irá el mundo. ¿Quién genera las guerras? Los hombres.

C. P. Las mujeres somos más dialogantes, negociamos más.

E. F. Esa idea de ser malas entre nosotras nunca la he entendido. Yo prefiero trabajar con mujeres.

A. Z. Mis jefas son mujeres. Ellas llevan el barco, viento en popa a toda vela. Tienen una sensibilidad especial.

E. F. Aunque en algunos ámbitos la mujer ejecutiva es vista como una secretaria subidita de tono.

V. S. En nuestra profesión pesa el talento. La diferencia está en si eres autora. Si creas, como mujer tienes otros temas y otra sensibilidad.

M.H. Pero, ¿sigue habiendo ese estigma de que si eres mujer y llegas muy alto es porque, quizá, te has acostado con el jefe?

V. S. Es la única manera que tienen algunos de desvalorizar a alguien.

C. P. Es una afirmación bestia y machista. El machismo está por todos lados, y el mundo de la cultura no es una excepción.

E. F. Hace diez años, cuando gané el Planeta, me alquilaron una suite en un lujoso hotel de Madrid. Un día, el conserje me detuvo convencido de que yo me había infiltrado en el hotel vendiendo mis, a la vista, encantos…

Dv. C. Tenías que haberle dicho ¡yo soy carísima, así que no me toque las narices!, ja, ja, ja.

E. F. Me di cuenta de lo extraño que era una chica sola en ese hotel de lujo, con 25 años. Poco después me ocurrió otra similar: una noche de verano estaba esperando un taxi para a una entrevista. Llevaba un vestido de tirantes. Se acercó un policía a preguntarme dónde iba, y, cuando se lo conté, le chilló a su compañero “ves, te dije que no era puta”.

M.H. Por cierto, lo que sí que parece haber cambiado es la manera de ligar. Antes las mujeres éramos más pasivas, nos limitábamos a aceptar o descartar. Pero ahora, ¿creéis que nos lanzamos más?

A. Z.
Ahora tomáis la iniciativa. Si un chico os gusta no esperáis a que él vaya a vosotras. A mí me gusta que una chica se acerque a mí, pero que lo haga con humor, de manera sutil, elegante, encantadora.

Dv. C. Pero hay mujeres que acosan, que se atreven a dar el paso masculino casi de preguntarte si te quieres acostar con ellas. Que una mujer te diga por la calle “estás buenísimo” o “qué culo tienes” me parece igual de grosero que cuando lo dice un hombre.

E. F. Una cosa es desear a un chico, y ligártelo, o intentarlo. Y otra soltarle “hola me llamo Espido y me quiero acostar contigo”. Eso es torpe lo haga quien lo haga.

D. B. Pero es que las mujeres sois más reacias a la negativa. Un hombre está acostumbrado a que le digan catorce veces que no en una noche. Se acostumbra y se va a casa borracho con los amigotes. Si el día es bueno sólo le rechazan trece y la décimocuarta funciona. Pero hay mujeres que, como nunca les han dicho que no, no aceptan una negativa. Es una cuestión de autoestima.

M.H. ¿También es cuestión de autoestima la inteligencia? Porque otro de los tópicos es que al hombre no le gusta sentirse menos inteligente que la mujer.

C. P. Yo me he pasado la vida haciéndome la tonta. Pertenezco a una generación en la que las mujeres teníamos una actitud pasiva, nunca nos insinuábamos. A los hombres lo que les gustaba era enseñarme cosas. Así que yo escuchaba, con una sonrisa encantadora, todo lo que ya sabía, y hacía las preguntas adecuadas.

A. Z. Pero eso es hacerse la tonta porque viene alguien que quiere presentarte su inteligencia. Sentirse superior.

C. P. Pero es que a ellos les hacía ilusión. Y a mí me daba igual. Así que me hacía la tonta y ellos se quedaban encantados. A los hombres siempre les ha gustado mucho eso de que las mujeres les escuchen embelesadas.

V. S. Más que la inteligencia, a algunos les molesta que tengas experiencias vitales, que hayas conocido mundo. Otros no llevan bien que nosotras tengamos un sueldo más elevado.

E. F. En mi caso, alguna pareja me ha llegado a decir: ¿Por qué no estás en casa escribiendo?

C. P. Es una cuestión de roles. Ahora están cambiando. Antes eran muy claros y era relativamente fácil seguir el papel.

Dv. C. Mi mujer, además de ser el amor de mi vida, impide que se me suba el éxito a la cabeza. Y eso las mujeres lo hacen mejor que los hombres. Nosotros somos más envidiosillos. A los hombres no les gusta que las mujeres destaquen más.

V. S. Porque os han enseñado lo que es ser un hombre: triunfador, no llora, tiene que mantener a la familia…

C. P. Los hombres de mi generación son así, son de la vieja escuela. Por mucho que quieran cambiar, les cuesta. Ya no pueden.

E. F. Quien diga que los hombres son fáciles de entender, que baje dios y lo vea.

M.H. Llevamos ya varias horas de sobremesa, y no acabaríamos nunca; así que os planteo una reflexión final, ¿en qué quedamos, hombres, mujeres, hemos cambiado o nos hemos acercado?

D. B. A la mujer se le sigue exigiendo mucho más que a los hombres, y nosotros seguimos teniendo privilegios en el sentido absoluto. Y da igual que seamos más o menos aseados, apuestos, altos o bajos.

Dv. C. El otro día, mi doctora me dijo que tengo el corazón como una mujer, con forma de pera. Y eso me dio que pensar en la parte femenina que hay en mí. La mayoría de mis cosas buenas están ahí. ¡Qué zoquete era yo cuando era tan macho!

E. F. Fíjate qué curioso, porque yo he notado que he mejorado muchísimo cuando he comenzado a potenciar mi lado masculino. Yo un día me senté a pensar qué admiraba de los hombres, por ejemplo, la asertividad. Y a mí nadie me ha enseñado a ser así, porque no era femenino.

C. P. Así como los hombres se están feminizando las mujeres se están masculinizando, se nota por ejemplo en los rituales del “cortejo”, las mujeres ahora suelen tomar la iniciativa y hablan de sus conquistas sexuales como antes lo hacian los hombres.

V. S. Pero cuidado con la trampa de masculinizar a la mujer. Tengo amigas que han decidido asexuarse para ser tomadas en serio en su trabajo: traje de chaqueta, que no se noten tus curvas, no lleves tacón demasiado alto.

A. Z. Es evidente que los tiempos cambian a mejor. Hay que tener coraje para romper moldes mentales heredados de formas de pensamientos muy estrechos y egoistas. Hay que tener voluntad para comprender al de enfrente. De otra manera siempre fracasaremos.

Dv. C. De adolescente me perdí muchas cosas porque no dejaba fluir en mí esa parte más femenina. Con el paso del tiempo te das cuenta de que hombres y mujeres no somos ni tan distintos ni tan iguales.

BIOGRAFÍAS

• Carmen Posadas, escritora: Sus libros han sido traducidos a 21 idiomas y se publican en más de 40 países. En 1998 ganó el Planeta, lo que la lanzó a las listas de los más vendidos. Prepara una novela que será publicada en 2010.

David Cantero, periodista y escritor: Conduce los telediarios de fin de semana de Televisión Española. Pero David es mucho más: fotógrafo, dibujante, esctritor... Ha publicado una novela, “Amantea”. La segunda está a punto de ver la luz.

Verónica Sánchez, actriz: Conocida por su papel de Eva en la serie “Los Serrano”, tiene una sólida carrera en el cine: interpretó a La Chispa en “Camarón” y bordó el papel de Julia en “Las trece rosas”. En breve estrenará “Gordos”.

Antonio Zabálburu, actor: Ha sido, durante 10 años, el doctor Sotomayor en la serie ‘Hospital Central”. Ahora se sube al escenario. Lo último: “Tantas voces”, de Pirandello.

• Espido Freire, escritora: La escritora más joven en ganar el Premio Planeta (25 años) es una de las voces más profundas de su generación. Ha publicado novelas, relatos y ensayos, y en su empresa, Emasefe, trabajan sólo mujeres.

Darío Barrio, cocinero: Propietario del restaurante madrileño Dassa Bassa, forma parte de la nueva generación de chefs españoles. Condujo el programa “Todos contra el chef”.