Hace un año, desde su despacho en un rascacielos de Barcelona, Patricia dominaba la ciudad con la mirada de los triunfadores. Hoy, tras un expediente de regulación de empleo que decapitó la cúpula directiva de su empresa de servicios financieros, ha puesto los pies en la tierra: He pasado de liderar un equipo de 50 personas a hacer cola en el Inem; de las reuniones frenéticas a la terrible monotonía; y a ver que mi círculo de amistades me mira de otra manera porque ya no muevo los hilos del poder. Patricia no quiere dar su nombre real, ni ninguna pista que sirva para que la identifiquen. Piensa que puede ser contraproducente en su lucha por lograr un puesto similar al que tenía. No quiero ofrecer una imagen de debilidad. Éste es aún un mundo masculino y cualquier paso en falso te resta puntos. Ya me costó sangre, sudor y lágrimas llegar arriba en la empresa; ahora es terrible tener que volver a competir desde cero.

La ley de la jungla

La competencia es feroz. Eva Levy, cazatalentos y jefe de la División de Mujeres en Consejos de Administración y Alta Dirección de la empresa Excellent Search, señala que "hasta hace un par de años, el desempleo no había llegado a los altos ejecutivos. Ahora manejamos unos currículos impresionantes". ¿Hombres o mujeres? No hay estudios, pero, parece que los damnificados son más bien hombres: "Pero, claro -precisa- es que hay tan pocas mujeres en puestos de responsabilidad..." Otra cuestión que puede haber protegido a las directivas es la brecha salarial. Ellas ganan menos y muchas veces hacen más funciones que los cargos que ostentan en sus tarjetas de visita, por lo que se ha despedido antes a los hombres.

El estudio realizado por el Grupo ICSA de Recursos Humanos, revela que la diferencia en la retribución de hombres y mujeres directivos es del 17%. Su presidente, Ernesto Poveda, apunta que esta diferencia era del 12% en 2007. "Al mismo tiempo, la presencia de mujeres directivas en 2007 era del 19%; en 2009, había descendido al 13%. Algo está pasando".

Porque aquí se da una paradoja: las ejecutivas ganan menos, sí, y eso les protege del despido. Pero tambíen es más barato negociarles una indemnización. Es lo que le ha ocurrido a Mª Jesús, hasta hace cuatro meses directora comercial: "Hubo una fusión y empezó la pelea por los puestos. Había presiones sindicales para que el recorte de plantilla afectara a la gente de arriba y yo era la más barata". Ésa fue la explicación oficial; ella sospecha que hubo otros motivos, relacionados con la idea de que, para una mujer, el despido es menos traumático: "Tuve que escuchar comentarios como así puedes dedicarte más a tu familia, tómate un tiempo, que jamás se le harían a un hombre".

La psicóloga Mª Jesús Álava lo corrobora: "Se cree que, si un directivo se queda en paro, estará deprimidísimo; y que una mujer no tendrá tanta prisa por encontrar trabajo, que tendrá más recursos y un marido que sustentará a la familia". A su consulta cada vez llegan más altas ejecutivas desempleadas. "Para ellas es un parón muy brusco -dice-. "Pasan de una agenda febril y de dirigir equipos a ocuparse del hogar. A veces deben prescindir de la asistenta, y sienten que han bajado de categoría. Muchas dicen que, cuando dejan de estar en un alto cargo, sienten que los demás las encaminan a que vuelvan al sitio que les corresponde, como si su éxito hubiera sido un espejismo".

El desempleo es duro para todos, pero para las directivas es un reajuste brutal consigo mismas y con su apuesta vital. Una apuesta que, casi siempre, ha ido acompañada de renuncias personales. Pero Nuria Chinchilla, directora del Centro Internacional Trabajo y Familia del IESE Business School, es muy crítica con el famoso "yo, que lo he dado todo por mi empresa..." Afirma: "Se están autoengañando. No lo han hecho por la empresa, sino por su carrera profesional. Han antepuesto su trabajo a su vida personal y el drama surge cuando se dan cuenta de lo que han perdido. A veces están a tiempo de cambiar y apostar por las cosas importantes; otras, ya es tarde".

Ese parón las obliga a enfrentarse a la realidad de su vida familiar. "No siempre les gusta lo que ven, señala Álava, no han tenido hijos por culpa del trabajo, o los tienen pero no los han podido atender. Y, como están acostumbradas a mandar, intentan seguir haciéndolo en su familia". Los hijos adolescentes se ponen en guardia ante el hecho de servir de terapia a sus madres y la pareja también se resiente, porque vuelcan en ellos su nivel de exigencia. "Muchas acuden a consulta porque quieren separarse -dice Álava-, pero, al analizarlo, ves que hay más insatisfacción personal que una mala relación".

Este reajuste vital también puede vivirse en positivo, especialmente si la situación familiar no se ha ido de las manos. Pilar, una alta ejecutiva de 46 años, se quedó en paro hace nueve meses. "Tras la desesperación inicial, veo que es lo mejor que me podía pasar. Sólo así podía darme cuenta de que la vida no es sólo el trabajo, que hay mil cosas: las reuniones del colegio, mis padres, las amigas... Quiero volver a trabajar, por supuesto, pero con mis condiciones".
 
La clave puede ser la flexibilidad. Ana Bujaldón, presidenta de la Federación de Mujeres Directivas, Ejecutivas, Profesionales y Empresarias, explica que "tras un ERE, la posición de un directivo en el mercado es muy difícil, hay que estar dispuestos a hacer renuncias. La mujer es un poco más flexible: se ha adaptado, a lo largo de su carrera, a tiempos mejores y peores, y será más capaz de considerar y aceptar otras opciones".

Un cambio a mejor.

Marta no vivió esas otras opciones como una renuncia, al contrario: directiva de una multinacional de publicidad, hacía tiempo que no encontraba sentido a su vida. "Trabajaba siete días a la semana bajo una presión terrible -dice-. Tras negociar mi despido, me di cuatro meses de descanso. Un antiguo compañero me ofreció un puesto en su empresa, mucho más pequeña. Y lo acepté, pero tras mi periodo de ocio y con unos horarios racionales. Ahora vivo mucho más feliz".

La flexibilidad, indica Eva Levy, "hace que estas mujeres puedan encajar en distintos puestos, lo que es básico para resituarse. La manera realista (o escéptica) con la que la mujer enfoca el trabajo hace que no se rompa con tanta facilidad, emocionalmente hablando, si éste le falla. Necesita el dinero y desarrollar su actividad, pero suele tener otros muchos intereses y lazos que le permiten mantener el equilibrio".

Con ella coincide Celia de Anca, directora del Centro de Diversidad y miembro del comité ejecutivo de IE Bussines School: "La mujer suele estar acostumbrada a cambios de trayectoria, y tiende más al autoempleo. Ahora vemos a muchas que, tras salir de un puesto importante, optan por ser jefas de sí mismas, con una gestoría o una consultora de servicios". Y Nuria Chinchilla recalca que a partir del paro se vuelven "menos máquinas de trabajar". De esta transformación le hablaba precisamente una paciente a Mª Jesús Álava: "Me había deshumanizado, me dejaba llevar por un mundo de cosas insensibles e impersonales. Pero en el trabajo te despiden y eres un número más. Comprendí que tenía en un segundo plano todo lo que era humano y cercano; ahora me he dado cuenta. No merece la pena dejarlo por una carrera que te puede volver a dejar tirada mañana".n

Ainhoa Barrondo {36 años. Directora de marketing} "Necesito tener una vida profesional"

"Mi vida profesional ha estado ligada a una empresa del sector de la bebida y la alimentación. Llegué a ser brand manager. En enero de 2009 me quedé en paro. Sospechaba que me podía tocar, pero a nadie le gusta salir de una compañía por una situación de crisis y tras 12 años de plena dedicación. Mi vida cambió desde el primer momento: todo va a otra velocidad. La parte buena es que, de pronto, tengo tiempo. Pero yo necesito tener una vida profesional más allá de la personal. Lo que ocurre, es que está muy complicado encontrar trabajo, algo que se ajuste a mi perfil y a mi experiencia. En lo económico mi vida no ha cambiado pero, al estar en una posición algo incierta, tu mente te hace ser más racional en todos tus gastos. De alguna manera, lo tienes ahí, en el subconsciente. Piensas en el futuro y eres mucho más conservadora".

Chus Domínguez {45 años. Service manager}: "Nunca ganaré lo que antes, pero no me importa"

"El pasado 13 de octubre me quedé en el paro. Desde hacía tres años y medio trabajaba en un proyecto como service manager. Cuando el proyecto terminó, me dijeron que mi sueldo era alto y no era fácil recolocarme. Así que estaba hecha a la idea de lo que iba a pasar. El despido se hizo sin traumas; lo cierto es que, para mí, aquél era el mejor escenario posible, porque llevaba tiempo dándole vueltas a cambiar de actividad y ésta era mi oportunidad. Capitalicé el paro y lo invertí en lo que me apetecía: diseñar bisutería. Tengo un taller con tienda y preparo ferias. Esto va despacito, estoy trabajando e investigando mucho, y los resultados económicos no son muy allá. Yo sé que nunca voy a volver a ganar el dinero que ganaba antes, pero no me importa. Lo que hago es que lo compagino dando formación o haciendo colaboraciones puntuales. Lo bueno es que estoy más tranquila: me levanto, trabajo y a las cuatro voy a por mis hijos. La parte negativa es la soledad: tú te lo guisas y tú te lo comes."