“El 26 de mayo de 1999, a los 33 años, me convertí en la primera mujer que ascendió a la cima del Everest sin oxígeno“.

"Fue inolvidable. Tras abrazar a otro alpinista, me senté a contemplar el mundo y rompí a llorar. Durante el descenso hacia el campamento me puse el oxígeno. Fue una decisión arriesgada porque cuando llegué a mi tienda no podía más y la sensación de ahogo era tremenda. Pasé un noche terrible.

Entonces recordé lo que me dijo mi madre antes de partir: “Te prohíbo que te mueras en el Everest”. A lo largo de las 20 expediciones que he realizado, he vivido experiencias enriquecedoras y dramáticas, como la noche que pasé junto al cadáver de otro alpinista. Pero si amas la montaña aprendes a convivir con la vida y la muerte. Mi próximo objetivo es el Polo Sur".