Es matemática, profesora del Departamento de Álgebra de la Universidad Complutense e investigadora en teoría algebraica de números. Tiene 53 años.

Hace 30 años que presentó su tesis en la Universidad de Michigan (EE.UU.) y ya apuntaba maneras. Su visión del mundo la ha llevado a espacios tan poco explorados como la relación de las matemáticas con el arte y la pintura. Apasionada y cercana, rompe con los tópicos del matemático recluido en su mundo. “Esa imagen no es real. La ciencia es un mundo accesible para las mujeres donde se disfruta con trabajos preciosos. Todo el que le dedique tiempo y pasión puede hacer ciencia”, afi rma.

Los inicios
 “Desde niña, las matemáticas me intrigaban y divertían. Dudé si estudiar Arquitectura, pero hubo razones que me decidieron. En mi familia había arquitectos, así que pensé que tendría más independencia. Y aprendí que Europa saqueaba África desde el siglo XIX y sufrí una “crisis existencial”. Suena cursi, pero pensé que el legado científi co –y las matemáticas como lenguaje de la ciencia– estaba entre lo poco producido por Europa que no era fruto de la codicia. Quería dedicarme a la enseñanza, pero conseguí una beca Fulbright y descubrí que investigando disfrutaba más”.

Su mayor satisfacción
“Cuando tras años intentando entender cómo funciona una estructura matemática, se enciende el interruptor y la veo con claridad. En 1988 un matemático húngaro me hizo una pregunta y tardé más de seis años en demostrar la respuesta. Hacerlo dio lugar a preguntas que han propiciado artículos de investigación y tesis doctorales en todo el mundo. Y me llevó a terrenos en los que sigo investigando”.

El papel de la mujer
“En el día a día, las relaciones de hombres y mujeres son naturales, pero en el reparto de poderes seguimos como hace 50 años: todo para ellos, salvo una mijita de vez en cuando para que ellas no se quejen. Hay situaciones heredadas que benefi cian a los varones”.