Son pocas, no tienen muchas oportunidades de ejercitar sus aficiones y algunas, incluso, las mantienen en secreto. Pero las hay. Y además, pisan con fuerza. Son mujeres a las que les une su pasión por el 4 x 4, la aventura y la naturaleza. Para demostrarlo, hacen cualquier cosa por participar en los escasos raids femeninos que se organizan en España.

Uno de ellos es el que anualmente celebra Toyota, con ocho años de experiencia en el raid femenino. En esta ocasión, se trataba de recorrer más de 1.500 kilómetros en los Rav 4 que ponían a disposición de las participantes. Una aventura que transcurría entre Sevilla y San Sebastián por tierra, agua e incluso aire (si cuentan aquellas ocasiones, en las que el coche se queda suspendido en dos ruedas). Y allí se presentó Mujer hoy, dispuesta a vivir en primera persona lo que engancha a un grupo cada vez menos reducido de españolas: este raid reune a 20, de entre 23 y 43 años, que quieren demostrar que la conducción habilidosa también es cosa de mujeres.

DÍA CERO

Las finalistas de las pruebas se presentan en el hotel de Sevilla, inicio del raid, tranquilas y despreocupadas. No es mi caso. Para empezar, me he dejado en casa lo único que no podía olvidar: el carné de conducir. Las allí presentes no dan crédito. Pero “san Seur” soluciona el problema. Primer obstáculo salvado. Lo siguiente es familiarizarse con las dificultades de la aventura, que en mi caso son todas. Así que, durante la cena, las chicas me dan unas rápidas clases intensivas, tras las cuales pregunto si estoy a tiempo de abandonar. Por respuesta, recibo una mochila con el kit imprescindible: varias camisetas, sudadera, chubasquero y una linterna con una goma, que se coloca en la frente. La cosa se presenta complicada.

PREPARADAS, LISTA, ¡YA!

En el desayuno nos indican que iremos dos chicas en cada coche. Me apiado de mi compañera, la fotógrafa de este reportaje. Pero ella tampoco lo tiene fácil: su labor como copiloto consiste en leer el rutómetro, una palabra que allí se pronuncia con naturalidad y que a los profanos nos suena a chino. El objeto en sí resulta ser un cuaderno plagado de flechas, cifras y abreviaturas del tipo “SPP” o “DPP”. Por fin, subimos a los coches: unos 4 x 4 muy altos y anchos, con unas ruedas gigantes. Lo primero es sacarlo del garaje. No sé cómo, pero salimos dignamente. Confiada, le comento a Rosana, mi copiloto, que a lo mejor la cosa no es para tanto. Acto seguido, me “como” un bordillo. Tras el incidente, encontramos el primer control. Nos explican que, para seguir el rutómetro, hay que poner el cuentakilómetros a cero cada vez que superemos una indicación. Pero resulta que el coche tiene dos (Trip A y Trip B). Uno guardará la relación de kilómetros totales y el otro los parciales. Convencidas de que nos perderemos en el camino irremediablemente, emprendemos la marcha.

ATENCIÓN: HEMOS PINCHADO

Superados los primeros 150 kilómetros que discurren por todo tipo de terrenos, excepto carreteras asfaltadas, llegamos a la primera parada. Sólo hemos tardado cinco horas y nos hemos perdido ocho veces. Bajamos del coche orgullosas. Entonces nos avisan de que hemos pinchado. Algo que no habíamos notado. Como no encontramos las herramientas, Carlos, de la organización, se pone manos a la obra y en 10 minutos, todo está arreglado.

AL BORDE DE UN ATAQUE DE NERVIOS

Después de comer, volvemos a emprender la marcha. Y, tras dos de horas en las que todo va bien, acabamos encalladas en un montículo de piedras. Las chicas que venían detrás se bajan y estudian cómo sacarnos. Por lo visto, no va a ser nada fácil. Por fin, el coche escoba llega hasta donde estamos y Fernando y Josep, de la organización, optan por la “slinga” (una cinta), que enganchan a la parte trasera de nuestro coche y a la delantera del suyo. Después de tres cuartos de hora, lo consiguen. Me piden que trate de esquivar los obstáculos. No prometo nada. El resto de la ruta transcurre con toda la normalidad posible en nuestro caso: unas cuantas desviaciones de ruta y algún que otro obstáculo, que acabamos salvando. Cuando parece que el espíritu de Carlos Sainz empieza a imbuirnos, nos encontramos en una especie de desfiladero con enormes rocas, hoyos de más de 10 centímetros y árboles a los lados. Como no hay posibilidad de marcha atrás, le digo a mi copiloto que se baje del coche. Procuro seguir sus indicaciones y, contra todo pronóstico, logro pasar. Otro de esos milagros, de los que ya empiezo a abusar.

LEJOS DEL VOLANTE

Aunque la media diaria de horas de conducción supera las 10 horas, también hay tiempo para comer, dormir y divertirse. Es entonces, cuando hablamos con las participantes y descubrimos que no sólo son buenas conductoras. Hay opositoras a bombero, policías, la mujer de un corredor del Dakar, administrativas, empresarias… Incluso una Miss Simpatía (en Miss España 95) y una madre, Raquel, que tras cuatro intentos ha logrado ser finalista. Hoy tiene como compañera a Gema, una directora de banco que compitió en el campeonato de España de atletismo.

FIN DE AVENTURA

Después de cinco agotadores días, el raid llega a su meta en San Sebastián. El reparto de direcciones de correo electrónico y teléfonos entre las participantes, que ya tienen previsto repetir la experiencia, cierra una semana, en la que logramos sobrevivir gracias a Julia y Patricia, con cuya ayuda evitamos montar la tienda de campaña al revés; a Isabel, María Jesús o Auxi, que no dudaron en echarnos una mano, y a Teresa, Ana, Natascha... que animaron el ambiente con sus risas. Todas ellas dejaron claro que la aventura también lleva nombre de mujer.

CON LA ASOCIACIÓN ESPAÑOLA CONTRA EL CÁNCER

• Este año, el raid de Toyota se organizaba en colaboración con la Asociación Española Contra el Cáncer (AECC), en una campaña para la prevención del cáncer de mama. Por eso la llegada a algunos de los pueblos y ciudades por los que discurría el raid se convirtió en una auténtica caravana ambulante, en la que las participantes repartían folletos de la AECC y charlaban con las mujeres que se acercaban a ellas, explicándoles los beneficios de las revisiones rutinarias a las que conviene someterse anualmente. Bajo el lema “Mucho por vivir”, se pretendía con estas acciones que cada vez sean más las españolas que velen por su salud.

RESPETANDO EL MEDIO AMBIENTE

• El raid es una aventura que discurre en la naturaleza, en lugares sólo accesibles tras largas caminatas o en moto y todoterreno. En esta ocasión, se pretendía promover el cuidado del medio ambiente a través de distintas acciones. La liberación de especies amenazadas, como la gineta, la extracción sostenible del corcho o la limpieza de las orillas del río Tormes fueron algunas de las propuestas, en las que las finalistas de esta edición participaron asistiendo a charlas y poniendo en práctica los consejos de los expertos.