Hace justo un siglo se permitió el acceso de las españolas a la Universidad. Hoy, son más de la mitad de los estudiantes y ocupan más del 40% de los puestos de investigación. El camino ha sido largo, pero queda mucho por recorrer. Cinco grandes mujeres nos demuestran que estar en la vanguardia de la ciencia no es una misión imposible.

Cuenta el prefacio de “Ni tontas ni locas”, editado por la Fundación Española para la Ciencia y la Tecnología (FECYT), que cuando María Teresa León y Carmen Baroja invitaron a Jacinto Benavente a dar una conferencia en el Lyceum Club de Madrid, el autor respondió que no hablaba “a tontas y a locas”.

¿La razón?
Que se trataba de una institución creada por mujeres. Sobra decir que no tenían ni un pelo de tontas, pero puede que sí algo de locas: que ellas –excluidas del acceso a la universidad hasta 1910, hace ahora justo un siglo–, se plantearan el reto de modernizar España desde la ciencia y la cultura no era tarea sencilla.

El adjetivo de “inusual” y “extravagantes” seguía acompañando a las osadas mujeres que querían avanzar en el conocimiento. De hecho, la primera que entró en una Real Academia – la de Historia– no lo hizo hasta 1937, pero tuvieron que pasar 50 años más hasta que lo hiciera la segunda, María Cascales, esta vez en la de Farmacia. Aunque los obstáculos de la época de Hipatia, recuperada por Alejandro Amenábar, hubieran quedado atrás, aún faltaba mucho por recorrer.

Y no sólo en España. Mileva Maric, casada con Einstein y, para muchos, la verdadera mente detrás de la Teoría de la Relatividad, anunciaba a principios del siglo XX que ambos habían terminado un trabajo que “hará mundialmente famoso a mi marido”. Tenía razón: los méritos fueron acaparados por él, dejando en el olvido a la mujer que, según sus colegas, resolvía muchos de los problemas del matemático.

Un siglo después, el escenario ha cambiado. Accedemos a la universidad en un porcentaje superior (54,2% de matrículas). Y la presencia de científicas supera la barrera del 40%, según el informe “Mujeres investigadoras 2009”, del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC). Pero cuado se trata de dirigir grupos de investigación y avanzar en la carrera de la ciencia, los datos muestran el dominio masculino: los cargos directivos siguen acaparados por hombres. De hecho, el estudio “Mujer y Ciencia”, de la Fundación Española para la Ciencia y la Tecnología, desvela que en las últimas tres décadas apenas se aprecian cambios. Casi el 70% de las investigadoras se encuentran en la categoría más baja y sólo el 15% pertenece a la más alta, la de profesoras de investigación.

Sin embargo, se empieza a ver luz al final del túnel. Las “culpables” son internacionalmente reconocidas por sus colegas. Apasionadas, rigurosas, inquisitivas, curiosas y creativas, consideran la ciencia el trabajo más estimulante. Por eso, y por divertirse con lo que hacen, se consideran afortunadas, pero no excepcionales: creen que todo el que se deja seducir por la ciencia será incapaz de dejarla. Casadas o en pareja, muchas de ellas madres, dejan atrás el estereotipo del científico solitario y ajeno a asambleas de vecinos, reuniones de padres y otros asuntos cotidianos. Y animan a todas las amantes de los retos a experimentar una sensación indescriptible: la que llega cuando, tras años detrás de una respuesta, dan con ella.