Por la mañana estudian, ayudan en el negocio familiar o trabajan en grandes almacenes, pero a partir de las doce se transforman y empieza el baile. Son Estefanía Jimeno, Wendy Chao y Sara Aquino. Te desvelamos su doble vida.

ESTEFANÍA JIMENO (22 años)

• De lunes a viernes acude a la universidad, donde cursa 4º de Derecho, y los sábados baila como gogó en diferentes locales de Valencia para la agencia de animación Ismael Lozano. 

"Ser gogó me fascina, porque me encanta bailar, me da dinero y es un trabajo que puedo compaginar fácilmente con la universidad. Esta aventura comenzó hace cuatro años. Estaba en una discoteca cuando una persona de este mundillo se fijó en mí y me propuso trabajar como gogó. Desde entonces, mi jornada empieza a la una y termina a las seis de la madrugada. Por tres pases de 20 minutos cobro 120 €. Mi estilo como gogó es sutil y elegante. En la pasarela no soy de bailar y prefiero posar. Mi punto fuerte es la mirada. En alguna ocasión he dado con un pesado que no para de decirme chorradas y de mirarme sin parar. Pero yo paso. La clave es centrarte en tu trabajo y animar la fiesta. Punto. Para mí, una buena gogó debe tener carisma y personalidad bailando. Por la mañana regreso a mi vida cotidiana. Desde que empecé a trabajar como gogó, mis padres siempre me han apoyado, porque saben que soy responsable y saco buenas notas en Derecho. A veces, mis compañeros de facultad vienen a verme y alucinan. En clase siempre me dicen: ’Es increíble, no pareces la misma’. Yo sé que este trabajo sólo me durará un par de años más hasta que acabe mi carrera o hasta que yo ya no aguante más. De momento lo disfruto".


WENDY CHAO (24 años)

• Es de origen chino y comparte piso con compañeras de facultad. Estudia Ingeniería Industrial y los fines de semana baila en los locales más punteros de Valencia.

"Soy estudiante de día y gogó de noche. De lunes a viernes voy a la universidad y estudio el ciclo superior de Ingeniería Industrial. Además, de vez en cuando, echo una mano en el restaurante chino de mi familia y hago algún trabajo como modelo. Cuando le conté a mi madre que iba a trabajar como gogó no le hizo mucha gracia, sobre todo por el tema de la noche, pero ahora lo acepta como si fuera cualquier otro trabajo. Mis compañeras de piso también se sorprendieron cuando les di la noticia, pero la primera vez que me vieron bailar me animaron a continuar. Normalmente prefiero trabajar en escenarios que en los podios, porque la altura me da vértigo y lo paso fatal. Te encuentras con gente de todo tipo. Una noche me quedé flipada. Mientras bailaba, un grupo de chicas empezó a decirme piropos y al final una de ellas me lanzó un papel con su número de teléfono. Yo seguí como si nada, claro. Este trabajo quema mucho porque, al ser de madrugada, te cambia el horario de sueño y de las comidas. Desgasta bastante, pero como me lo paso genial bailando, el ambiente entre las chicas es estupendo y te pagan bastante bien, creo que aguantaré un par de años más".


SARA AQUINO (22 años)

• Vive con sus padres. Por las tardes trabaja como dependienta de El Corte Inglés y el fin de semana baila como gogó en la discoteca Bananas.

"Para mucha gente, todavía hoy gogó es sinónimo de chica vulgar, pero no tiene nada que ver. Somos bailarinas, y punto. A mi familia le costó un poco entenderlo, pero mi novio es mi primer admirador. Él también trabaja en el mundo de la noche y lo acepta sin problemas. A mis compañeros de El Corte Inglés les llama mucho la atención que sea gogó y cada semana me preguntan de qué iré disfrazada en la próxima fiesta. Ahora está de moda entre las gogós operarse el pecho, pero creo que no es imprescindible. Para ser gogó es importante saber bailar, tener un bonito cuerpo, desprender sensualidad desde el escenario y no tener vergüenza, porque vas a ser el centro de atención. Yo me he disfrazado de todo: de marinera, bruja, pin up, con encajes negros y hasta de Mamá Noel en Navidades. Es un trabajo divertido, porque cada noche me transformo. Me olvido de quién soy e interpreto a otra persona. A veces hay chicos que van muy pasados de alcohol y no paran de decirte un montón de burradas. En esos casos, lo mejor es la indiferencia. Luego, entre semana vuelvo a ser Sara, la dependienta de la sección de zapatería de El Corte Inglés".

 


RETRATO DE UNA PROFESIÓN

Cualidades. Entre 18 y 33 años. Altura, a partir de 1,70, delgada y con pecho. Guapa o exótica. Sin miedo a las alturas, equilibrista de los tacones y exhibicionista. Más que bailar bien, lo fundamental es tener actitud: es decir, mostrarse indolente y divina.

Sueldo. Entre 70 y 150 €la noche, según el caché de la gogó y, sobre todo, la categoría de la discoteca. Trabajan en sesiones de 20 minutos desde las doce de la noche hasta las seis de la mañana.

El otro género. El podio de los gogós diferencia entre “machos”, “fashion” y “chicas”. Los “machos” de gimnasio deben ser muy masculinos; los “fashion” están delgados, son ambiguos o abiertamente gays, y crean espectáculo con su indumentaria de marca y aires carnavalescos. El modelo de las chicas es Paris Hilton o “princesa sexy”.

Vestuario. El vestuario tiene que ver con las fantasías sexuales. Ellas pueden ir de colegialas, militares, vigilantes de la playa o macarras... Siempre oscilando entre la ingenua y la “dominatrix”. Ellos imitan a los obreros de la construcción y llevan pantalones militares o monos de trabajo con el torso desnudo. Sin un pelo.

Casting. Lo habitual es ser “cazado” en la pista por tener la imagen adecuada y llamar la atención.