Enviudó a los 26 años con un bebé de cinco meses. Tuvo que criar a su hijo sola y seguir trabajando como azafata para sobrevivir porque con una pensión de 400 € por viudedad y 150 por orfandad. Afirma que el Estado no se preocupa de ayudar a un sector poco influyente como el de las viudas.

"Hace 12 años los esquemas de vida de Inés cambiaron radicalmente. “Llevábamos tres años casados y toda mi vida giraba en torno a mi marido y, de pronto, nada tenía sentido. Era muy joven, tuve que empezar de cero con un bebé. Me parecía que la vida era un fraude, un engaño”, recuerda. El primer año fue muy trágico: tenía que hacerlo todo sola y seguir trabajando porque con una pensión de 400 € por viudedad y 150 por orfandad no podían sobrevivir. “Levantarme cada mañana, enfrentarme a lo más cotidiano y sencillo, a las Navidades, a la fecha de su cumpleaños… fue muy duro. Ahora, ya he aceptado que la vida es así. Además, el Estado no está para ayudar a los débiles y las viudas somos muy poco influyentes para que se preocupen de nosotras. Prefieren gastar el dinero en polideportivos”, cuenta. Los peores recuerdos de Inés están relacionados con la gran cantidad de cuidadoras que se encargaron de su hijo: “Yo soy azafata, tenia que volar, estaba en una ciudad a miles de kilómetros y él me llamaba porque la chica no había ido a trabajar. Menos mal que mi familia se ha volcado. No lo hubiera conseguido sin la ayuda de mis hermanas”. En cambio, la familia de su marido nunca les ha echado una mano. “Creo que no han querido encariñarse con el niño porque pensaban que reharía mi vida y se desligaron desde el principio. Sólo mi suegra me llama de vez en cuando”, dice con tristeza. Su hijo ha crecido con la sombra y la carencia de su padre: “Cuando era más pequeño preguntaba, pero como veía que yo lloraba, dejó de hacerlo. Ahora, con 12 años he comenzado a enseñarle vídeos, fotos, cosas suyas...”. A lo largo de estos años ha llevado una vida que no se deferencia mucho de la de una madre soltera. “Creía que las viudas eran más respetadas en la sociedad. No es así. Incluso, algunos hombres quieren aprovecharse de la situación; piensan que ya tienes un hogar montado, un hijo… y aparentan que quieren ayudarte pero lo que buscan es instalarse en casa. No me volveré a casar".