Es física, investigadora y directora del Instituto de Óptica del CSIC. Tiene 39 años Desde hace tres años, es miembro distinguido de la Sociedad Óptica Europea, fue la más joven en ser elegida y la primera española. Su carrera, plagada de reconocimientos internacionales, comenzó cuando su grupo describió los efectos secundarios de la cirugía refractiva y propuso métodos para mejorarla. Hoy sigue siendo referente mundial. Sus investigaciones la han llevado por todo el mundo. Cuando puede, viaja con su marido, también investigador, y su hija de cinco años. El equilibrio entre lo profesional y lo personal no le ha costado mucho: es cuestión de logística, reparto de tareas y sincronización de agendas.



Los inicios
“En mi familia todos son fi lólogos, pero la Física me gustó desde el principio, despertaba curiosidad. Quizá por una profesora del colegio. En la carrera, la asignatura que más me gustaba era Óptica porque comprendía muchas disciplinas y tenía aplicaciones muy prácticas, con las que podías ayudar a la gente. El tema de la tesis, la óptica visual, que es usar la óptica como herramienta para entender el ojo, me apasionó. Estuve en Harvard y gracias a la repercusión de mi tesis me concedieron una beca Fulbright y luego otra europea. Luego regresé a España, al CSIC, dirigiendo mi grupo”.

Su mayor satisfacción
“Cuando un experimento que llevas desarrollando bastante tiempo sale y lo entiendes. Pero también el reconocimiento, darte cuenta de que eso transciende y llega a la gente, que tiene una aplicación y se está llevando a la industria o a la clínica, porque el paciente puede tener un mejor tratamiento. Que la gente te felicite porque con tus investigaciones pueden mejorar su vida es más que satisfactorio”.

El papel de la mujer
“Yo en el día a día no he visto discriminación, pero te das cuenta de que en muchos foros hay pocas mujeres. Creo que se irá superando. Cada vez hay más mujeres en la ciencia y espero que eso se transmita a los puestos más altos de la carrera investigadora”.