Se siente integrada con las temporeras extranjeras y reconoce que realizan una labor que a las españolas no desean. Tiene 24 años, vive en Moguer, está casada y tiene una niña.

"Me parece bien que vengan. Son educadas, responsables y trabajadoras, y se han integrado perfectamente. Al principio, cuando coincidía con ellas en el mercado, me sorprendía verlas, porque visten de forma diferente, pero ahora son unas vecinas más. Algunas hablan español. Vienen porque necesitan dinero para ayudar a sus familias. Si a mí me hiciera falta, también lo haría. Es cierto que, desde que vienen, se han roto algunos matrimonios, pero ellas no tienen la culpa. Las mujeres mayores del pueblo las responsabilizan de estas rupturas, pero cuando un hombre deja a su mujer por una española más joven no pasa nada. Este año han venido por primera vez las senegalesas, que llaman la atención".