Va de su despacho oficial a la piscina, para preparar las paralimpiadas. Teresa Perales lleva sentada en una silla de ruedas desde muy joven, pero su gran autoestima y autoconfianza le han llevado a triunfar en la vida. Campeona paralímpica de natación, ha ejercido además como política y ha escrito un libro. Su próximo objetivo: Pekín 2008 y tener un hijo.

Lleva 22 años sentada en una silla de ruedas, pero eso no le ha impedido cumplir todos sus sueños. Teresa Perales ha sido diputada en las Cortes de Aragón y directora general de Atención a la Dependencia en el Gobierno regional, para el que ahora trabaja como asesora del Departamento de Servicios Sociales y de Familia; ha triunfado como campeona paralímpica de natación y ha escrito un libro “Mi vida sobre ruedas” (La Esfera). Sus sueños pendientes son revalidar su triunfo deportivo en las Paralimpiadas de Pekín el año que viene y tener un hijo: “Me encantaría y le enseñaría a nadar desde el principio”. Así es el día a día de esta imparable sirena.

7:00 EMPIEZA LA JORNADA

“Mis días son todo menos tranquilos, porque paso del despacho a la piscina casi sin darme cuenta. Tan pronto voy en traje de chaqueta como en bañador, pero me encanta compaginar mi faceta política con la deportiva”. Así que, con esa perspectiva, no es extraño que la jornada de Teresa, que es diplomada en fisioterapia y ha cursado tres años de Ciencias de la Educación, comience a las siete de la mañana. Lo primero, un buen desayuno para cargar las pilas y afrontar el entrenamiento, y un paseo con su perro, Golfo. En la calle, Teresa se enfrenta a los primeros problemas: “Uno de mis objetivos como directora general de Atención a la Dependencia fue trabajar para que las personas con alguna minusvalía no tuvieran dificultades para acceder a los edificios. Quitar las barreras arquitectónicas es el primer paso para que se sientan independientes. La gente ha confiado en mí, porque tanto ellos como yo tenemos los mismos dificultades al salir de casa”.

9:00 EN LA OFICINA

La agenda que hay sobre la mesa está repleta de anotaciones. Comienza el maratón de reuniones. “La primera, con la consejera para abordar los asuntos del día y tratar los temas más urgentes. Después, revisar los asuntos que tengamos pendientes, redactar algún informe y atender las peticiones de los ciudadanos”, asegura. Y, mientras tanto, el teléfono de su recién estrenado despacho no para de sonar ni un momento. “Me voy a encargar, junto con la consejera de Asuntos Sociales, de presentar nuevos proyectos sociales orientados a la familia, a los menores, a los mayores y a la gente con menos recursos, pero espero seguir atendiendo cara a cara las peticiones de los ciudadanos. Me gustaría devolver de alguna manera el apoyo que tanta gente me dio cuando me quedé en una silla de ruedas”.

12:30 SESIÓN DE ENTRENAMIENTO

A mediodía, Teresa parte veloz en su coche al club Olivar, donde entrena. Tras enfundarse su bañador y realizar unos ejercicios de calentamiento de brazos, se lanza al agua para practicar los cuatro estilos en los que compite. “Suelo pasar dos horas todos los días con mi entrenador. Trabajo mucho la fuerza y la amplitud de brazada, las respiraciones y la caída al agua. Es un entrenamiento centrado en la potencia de los brazos, a diferencia de los nadadores que no tienen discapacidad en las piernas. Eso sí, cuando me preparo para una competición, suelo pasar cinco horas en el agua”.

Dentro de la piscina, Teresa es feliz: “Cuando nado me siento libre, se me olvidan los problemas y la tensión desaparece. Sin duda, lo que más me gusta es competir, porque me entra un subidón de adrenalina que me encanta. La verdad es que en el agua me siento como una auténtica sirena”.

A los 19 años, esta zaragozana perdió la movilidad desde la cintura a causa de una neuropatía. Y ahí comenzó lo difícil. “Era muy joven y tenía muchos sueños, como estudiar medicina para irme ayudar a las misiones. Y, de repente, mi vida se paró y cambió de la noche a la mañana. Aquellos meses fueron duros. Tuve que asimilar que había perdido la capacidad de andar y adaptarme a mi nueva situación. Recuerdo que el primer día que bajé a la calle en silla de ruedas sentí vergüenza. Pero gracias al apoyo y al cariño de mi familia y de mis amigos, y al deporte tiré hacia delante. Y aquí estoy”, recuerda.

Meses después, y por casualidad, Teresa aprendió a nadar. Y en cuestión de un año comenzó a competir. Desde entonces no ha parado de cosechar triunfos. “Las pruebas las gano y las pierdo con la cabeza. La autoestima y la confianza en mí misma son mis dos principales bazas, porque me dosifican la energía mientras nado”. Su lema es “querer es poder”. Y dicho y hecho: “Lo único que tengo es una silla pegada a mi trasero, nada más. Las barreras sólo nos las ponemos nosotros. El deporte me ha enseñado a luchar, a establecer metas a corto plazo y a vivir cada minuto de la vida”.

Y un recuerdo de Atenas: “Uno de los días, después del entrenamiento en la piscina, recibí una inesperada llamada en mi móvil. Cuando descolgué, escuché la voz de una mujer que me dijo: “Hola Teresa, soy Sofía, la Reina”. Tras saludarnos, me deseó suerte para la siguiente prueba y me dio muchos ánimos para lograr otro triunfo. Cuando esa tarde lo logré, le brindé la medalla a la Reina que estaba siguiendo la final desde las gradas. Me hizo mucha ilusión que se interesara por mi participación en los Juegos Paralímpicos”.

15:00 UNA PAUSA PARA COMER

A las tres, Teresa regresa a casa para preparar la comida. “Suelo comer con mi marido y luego descansar un rato. Varias tardes a la semana me acerco al despacho para preparar nuevos proyectos, buscar documentación necesaria o atender a algún ciudadano personalmente”. Si no tiene que acudir a la oficina, aprovecha para entrenar durante una hora más, pero esta vez en seco, realizando ejercicios de brazos y abdominales con un aparato de musculación. Y como parece que el día aún da mucho de sí, y Teresa no pierde las ganas, aún tiene tiempo para hacer la compra, realizar las tareas domésticas o relajarse mientras hace marquetería, escucha música clásica o lee una novela, sus grandes aficiones.

20:00 DE PASEO POR LA TARDE

“Bajo otra vez a la calle con mi perro Golfo y, mientras él juega, yo me entretengo charlando con los vecinos”. Los viajes son uno de sus temas de conversación. Y es que a Teresa le encanta escaparse y descubrir nuevos países y culturas. “Me fascina viajar y, gracias a las competiciones de natación, he recorrido medio mundo. He estado en Nueva Zelanda, en Sydney, en Sudáfrica y en la mayor parte de las capitales europeas”. De momento no hay ninguna aventura que se le resista: “He hecho submarinismo, he estado cinco veces en el Sahara y recientemente he participado como copiloto en el rally la Baja España Aragón. Ha sido una gran experiencia que espero repetir en la próxima edición. Mi próximo destino será China, el año que viene”.

22:00 CENA CON PELÍCULA

La jornada ha sido intensa. De vuelta en casa, Teresa y su pareja, Mariano, cenan juntos. Y luego, una película. “Me apasiona el cine, lo veo todo. Me gustan las pelis de acción, clásicas, comedias, de suspense... De hecho, tenemos una habitación con un buen equipo para ver cine, que está decorada con objetos y posters de grandes filmes”. A medianoche, la jornada acaba. “No me acuesto muy tarde para afrontar el día siguiente con energía y vitalidad”, concluye.

NUESTRA GRAN ESTRELLA

La reina de la piscina. Teresa Perales fue una de los estrellas de los últimos Juegos Paralímpicos (Atenas 2004), con tres medallas de oro, una plata y tres de bronce. En los de Sidney logró también cinco metales. Además, ha sido subcampeona del mundo, campeona de Europa, campeona de España en 66 ocasiones y ha batido siete récords mundiales.

Unos juegos de oro. Pero no fue la única. Los paralímpicos españoles acapararon 40 medallas, que contribuyeron a que nuestro país se colara entre los mejores del medallero y consiguiera el séptimo puesto con 71 triunfos. Además de la natación, el atletismo (11 podios), el ciclismo (7) y el judo (6) fueron las displicinas más laureadas. Nuestros deportistas han comenzado ya a preparar las Paralimpiadas de Pekin 2008.