Es una veterana. Lleva seis años viniendo a Huelva para trabajar como temporera en los invernaderos. Tiene 35 años, es polaca, divorciada y con un hijo en su país.

"Cuando vine, mi primer objetivo era escapar de mi marido. No me dejaba trabajar y pensé que era una buena oportunidad para empezar una nueva vida. Cuando llegué la primera vez, en 2002, no me gustó el sitio, el ambiente ni el trabajo. Sin embargo, me fui adaptando al campo y a la convivencia con otras mujeres. Es un trabajo duro, porque hay que estar en una postura incómoda siete horas, haga frío o calor, pero te acostumbras. Los primeros días te duele mucho la espalda, pero se pasa. Por la tarde, un día a la semana, vamos al pueblo a comprar y a dar una vuelta.Por la noche, me quedo charlando con mis compañeras, jugamos a las cartas o vemos la tele. En junio regresaré a Polonia para ver a mi hijo, al que cuida mi madre. Quizá vuelva el año que viene, depende de si encuentro trabajo en mi país".