¿El hábito hace al monje? En pleno siglo XXI parece que sigue siendo así. O al menos eso nos explican seis profesionales que viven uniformadas.

Desde hace unas cuantas décadas los anuncios nos lo repiten incasablemente: ser único es fundamental. Tanto que cuanto más se personalice uno mismo, mejor. De ahí que customicemos nuestra ropa, compremos fundas para personalizar el móvil... Lo individual, entendido como diferencia de la mayoría, es la última de las tendencias.

Sin embargo, en pleno auge de esa sociedad del yo hay un elemento que resiste las reglas del juego: el uniforme. Tanto que continúa estando de moda por más que simbolice la esencia de todo lo contrario a lo personal. ¿La razón? Muchas y variadas, afirman los sociólogos. Entre ellas que, aunque nos encante destacar, tenemos otra necesidad más imperiosa que cubrir. Por ejemplo, la de pertenecer a un grupo, algo que se facilita cuando el atuendo laboral es el mismo que el de nuestros compañeros de trabajo.

Pero sobre todo los especialistas creen que el éxito perenne del vestuario uniformado se debe a que el hombre es el animal más práctico que existe. "Para una empresa, usar uniforme tiene una función práctica y simbólica -explica el doctor en Sociología y profesor de la UNED Juan José Villalón-  la parte práctica es que muchos uniformes se hacen pensando en los peligros y movimientos que tiene que hacer el trabajador, mientras que la parte simbólica está relacionada con la necesidad de crear identidad colectiva entre los trabajadores y ante la sociedad: la empresa necesita ser reconocida por el usuario y el trabajador es el canal de comunicación por excelencia".

Aunque las virtudes del uniforme no quedan ahí. Según los estudios realizados, también confiere una especie de poder que hace cierto aquello de que el hábito hace el monje. O al menos, ayuda. Eso creen los estudiosos de la materia, que afirman que, con él, el empleado se inviste de cierto poder, sea cual sea su profesión. "Cuando el sacerdote se pone el alba o el juez se reviste para entrar a la Sala, viven una transformación", continúa Villalón. Se saben investidos de una autoridad que no poseen cuando no van así vestidos. Y eso ocurre a todos los niveles. Algo así como cuando Superman se enfundaba su capa, sólo que sin la cabina de teléfonos por medio. Seis profesionales uniformadas nos desvelan los pros y los contras de su particular capa de super héroe... laboral.