Es una de esas actrices que está constantemente buscando cosas, siempre en permanente formación”. Carmelo Gómez, compañero y amigo con el que lleva coincidiendo desde 1988, parece conocerla bien. Pero hay rasgos en algunas personas inherentes a ellas, algo que no se provoca, ni se busca, simplemente está. Y Aitana tiene misterio escrito en la cara. Además de ser una excelente actriz, hay algo en su mirada que provoca saber sólo en contadas ocasiones lo que se le está pasando por la cabeza, si se encuentra de lo más a gusto sentada en este sillón o, sin embargo, está loca por irse.

Ese misterio es una virtud cuando se está rodeado de evidencias, una virtud que ha provocado que esté a punto de celebrar 25 años de carrera en el cine como figura de primer nivel, a pesar de que sus éxitos de taquilla se puedan contar con los dedos de una mano. Pero, como dice Carmelo, Aitana siempre está buscando, otro de los motivos fundamentales de su estatus. Y durante los últimos tiempos, ha encontrado en el teatro –donde lleva casi un año de función con “Un dios salvaje” junto a su amiga Maribel Verdú– y en el cine europeo hecho fuera de España, donde no deja de rodar. Pendiente del estreno “The Frost”, prevista para septiembre, ahora acaba de estrenar una coproducción italiana, “Háblame de amor”, uno de los 20 estrenos más taquilleros del año en aquel país. Teniendo en cuenta que Aitana nació en Roma hace 40 años, para ella esta película puede suponer un nuevo viaje en busca de sí misma.

MUJER HOY. Nació en Roma y vivió allí sólo durante el primer año de su vida. ¿Volver para rodar una película debe provocarle todo tipo de sentimientos?

AITANA SÁNCHEZ-GIJÓN
. Nací allí porque mi madre es italiana, pero sí, toda la familia nos vinimos a España cuando yo tenía sólo un año. Pero no creas, en este tiempo he viajado mucho, y no sólo por trabajo: allí viven mis abuelos y todavía tengo bastante familia. En esta película, además, la ciudad de Roma es una protagonista más. Pero sí, creo que me ha ayudado a afianzar un sentimiento en mí: que esa ciudad es también mía. Además, mi madre no hablaba español, así que cuando éramos pequeños se comunicaba con nosotros en italiano, y para mí es mi segunda lengua. A veces, incluso, pienso en italiano.

MH. La réplica como actor se la da Silvio Muccino, también director, un chico de 25 años. ¿No es para volverse loca?

AS-G. Silvio escribió la novela, el guión, dirigió la película y actúa en ella. En mi caso es una situación que sólo me ha pasado con Fernando Fernán Gómez, pero es cierto que estaba todo tan preparado que el rodaje fue todo menos caótico.

MH. ¿Cómo da un director novel como él con una actriz consagrada como Aitana para que haga su primera película?

AS-G. Más que consagrada, yo diría que soy conocida en mi país. El productor le propuso mi nombre porque me había visto en un par de películas y, al parecer, admiró mi determinación en cómo quería ese personaje. Me grabó, me hizo una entrevista en vídeo y ahí lo visualizó.

MH. O sea, que Aitana hace pruebas y cásting si es necesario…

AS-G. Cuando fui a Roma ya era casi mío, pero a veces sigo haciendo pruebas, y no pasa nada. No siempre, claro, ya están ahí mis trabajos para quien necesite valorarlos, teniendo en cuenta que en noviembre cumplo 25 años en esta profesión. Pero a veces es necesario ver ciertas cosas y hay que tener humildad en ese sentido. Es más, en Italia no noté ese respeto a veces excesivo que siento aquí para no decirme algunas cosas por ser Aitana Sánchez-Gijón. Silvio no tenía ningún tipo de pudor en presionarme como veía conveniente, hasta el punto de dejarme descolocada. Y me he dado cuenta que es algo que está muy bien, porque llegó a ponerme en crisis, no tenía piedad.

MH. ¿Embarcarse en escenas sexuales, a estas alturas, está superado?

AS-G. Siempre es un poco incómodo, una mezcla entre pereza y ganas de pedir socorro. Pero cuando sabes que la escena estará bien iluminada, tranquiliza. A pesar de que vas ganando inseguridades con los años. No estoy mal, pero da rollo [risas]. Si cuentas algo con ese desnudo, no suelo tener problemas ni pudores.

MH. En este caso, es cierto que ese momento es básico por la relación que el protagonista tiene con su personaje y con la otra chica de la película, pero seguro que recuerda fácilmente desnudos gratuitos que haya tenido que hacer en el cine…

AS-G. ¿Desnudos innecesarios? Mira, el último lo hice para Gonzalo Suárez en “Oviedo Express”. A aquella historia no le iba a pasar nada si dejaba mis pechos a cubierto. “A ver, Gonzalo, ¿de verdad que me vas a hacer enseñar las tetas?”, le dije. Y al final, mira, lo hice porque a él le apetecía y porque su mundo estético a veces es así, pero que la película hubiera sido la misma.

MH. Decía antes que cumple este año su 25 aniversario en el cine… ¿Cómo ve todos estos años ahora, desde la distancia?

AS-G. Me sorprende haber hecho tantas cosas, cuando tengo la sensación de perder el tiempo. ¿De dónde he sacado días para todo esto? Pues que no he parado. A veces me siento muy mayor, pero automáticamente me consuelo pensando que empecé en esto siendo muy joven.

Aitana se puso por primera vez delante de una cámara con 16 años, el día que Pedro Masó la contrató para participar en la serie “Segunda enseñanza”. Cuando cuatro años después rodó “Bajarse al moro”, de Fernando Colomo, comenzó una carrera que no ha conocido parones gracias a su audacia: cuando no había un proyecto de cine o televisión que la cautivara, comenzó a generarse ella misma el trabajo, pero en teatro. La segunda mitad de la década de los 90 fue la etapa más prolífica, gracias al éxito de “Boca a boca”, la serie “La Regenta” o su experiencia americana junto a Keanu Reeves, en “Un paseo por las nubes”. Unos años de locura laboral que frenaron cuando se casó en septiembre de 2002 con el escultor Papin Luccadane, con quien tiene dos hijos, de ocho y cinco años. Un punto de inflexión porque Aitana cambió la perspectiva. Hasta ese momento su carrera era la prioridad, pero desde que es madre ha comenzado a elegir trabajos en función de “la intendencia familiar”, como ella misma reconoce: termina de leer un guión y lo primero que necesita saber es cuánto tiempo tendrá que estar fuera de su casa.

MH. En septiembre estrenará la película que presentó en el último Festival de Málaga, “The Frost”. Muy bueno tiene que ser entonces el guión para irse a rodar a Noruega…

AS-G. [Risas] Sí, es un trabajo del que estoy muy satisfecha. Rodar en otros idiomas, en otros países, es también otra posibilidad que personalmente estoy exprimiendo al máximo. Es de un valor enorme, sobre todo en el cine, porque siempre dependes de que te llamen. A este rodaje en Noruega, por ejemplo, me llevé unos días a mis hijos. Si tienen que perder algún día de colegio, tampoco pasa nada. Lo que se traen es otro tipo de riqueza.

MH. ¿Por qué aquella experiencia en Hollywood, con “Un paseo por las nubes”, se quedó en pura anécdota?

AS-G.
Por el sentido tan práctico que tengo de muchas cosas. Al poco de rodar la película ya tenía un agente en EE.UU., pero fue algo que se fue diluyendo en el tiempo y en el espacio, porque tampoco voy a estar cogiendo aviones a Los Ángeles para hacer cástings… Si hay que ir a trabajar se va, pero no estar allí de forma permanente condiciona mucho.

MH. A pesar de que sus éxitos de taquilla han sido pocos, su estatus de actriz de primera se ha mantenido a lo largo de todos estos años.

AS-G. Menos mal que aquí no se asocia el trabajo con la taquilla, porque estaría perdida [risas]. Sí, es verdad que no tenido mucha suerte y los taquillazos se pueden contar con los dedos de una mano. Ojalá pudiera decir eso que dice Carmen Maura: “Lo que más me pone es ser taquillera”. Pero bueno, a cambio soy una actriz de teatro taquillera. Yo pongo las opciones en una balanza y sí compensa. Muchas veces soy consciente de que lo que hago no es el proyecto de mi vida, pero están las circunstancias, y otras veces son grandes historias que, no sabes por qué, no ve nadie. Mi responsabilidad es hacer lo mejor que me llega.

MH. Lleva casi 25 años con el apodo de actriz fría. ¿Es para tanto?

AS-G. [Risas] He llegado a la conclusión de que hay una parte de mí que es así, mucha gente lo ve y creo sinceramente que está ahí. También es importante que no frivolizo nada en mi vida, siempre he tenido a raya a la prensa del corazón… y claro que soy fría con todo aquel que quiere frivolizar con este trabajo, algo que se potencia últimamente. Se frivoliza porque la gente piensa que los actores somos vividores y, aunque es cierto que no es algo durísimo, señores, es un trabajo.

MH. Hay algo en Aitana nada superficial: sus pómulos. ¿Cuántas veces le han dicho que en este terreno que no hay quien la supere?

AS-G. [Risas] Pues son naturales, heredados de mi madre. Y lo mejor es que se trata de una de las pocas partes del cuerpo que, con la edad, no se caen.

UNA COMEDIA SANADORA SOBRE EL ESCENARIO

Aitana ha sabido bien aprovechar su tirón para llevar a la gente al teatro: prácticamente todas las obras en las que ha intervenido han conocido el éxito. La última es “Un dios salvaje”con Maribel Verdú, Pere Ponce y Antonio Molero–, que se repone en Madrid desde el 10 de septiembre hasta finales de noviembre, tras estar casi un año en cartel. “Trabajar con Maribel me ha permitido descubrir a una persona generosa, siempre con actitud integradora, que no acepta un detalle de nadie si no es para todos”.

Aitana disfruta en esta obra de un género que no predomina en su carrera, la comedia. Y lo ha cogido con ganas. “Esta obra me ha hecho relajarme dentro de la comedia y me ha enseñado a no sufrir. Yo, lo vivía como una tragedia… pero ahora ha sido como algo sanador. Y eso que la función es como lidiar un vitorino, cada día un reto. Pero eso sí, como en casa. Y eso no tiene precio”, afirma.