Almudena Cid ha sobrevivido a cuatro generaciones de gimnastas demostrando que con 28 años se puede competir al máximo nivel

-¿Su objetivo en Pekín? 
-En primer lugar, vivir la experiencia de unos Juegos Olímpicos por cuarta vez. Luego, intentar competir bien, ser regular, trasladar a la competición lo que entreno cada día, que es lo más difícil... y meterme en la final olímpica otra vez. 

- ¿De medallas, ni hablamos? 
- Sé cuál es mi sitio en la clasificación, el que ha sido durante todo este ciclo olímpico, y dudo mucho que las cosas cambien en este torneo.

 -¿Ser finalista es un buen puesto? 
- Lo he sido en los otros tres Juegos en los que he participado. Con todas las gimnastas del Este que hay, que son todas buenísimas, cada vez que meto la cabeza en una final es para mí, y así lo celebro, como si fuese una medalla. 

- ¿Y lo puede conseguir? 
- Vamos a ir paso a paso. Mi sueño era poder estar en Pekín y ahora que lo he conseguido mi objetivo es entrar en la final. Me veo en buena forma.
 
- ¿Es duro jugárselo todo en minuto y medio escaso? 
- Son cuatro años de trabajo. Pero esto funciona así. Siempre digo que mi ejercicio no dura un minuto y medio, dura cuatro años. 

- ¿Se entrena diferente para los Juegos? 
- Sí, pero no porque trabajes más, sino porque lo haces con otra mentalidad. 

- ¿Ha acabado usted con el tópico de que la gimnasia es cosa de niñas? 
- Sólo sé que a mis 28 años sigo compitiendo al más alto nivel. Son mis cuartos Juegos y quiero demostrar que a esta edad aún se puede estar entre las diez mejores, y que la gimnasia rítmica no es sólo un juego de niñas. Yo he pasado de niña a mujer en la selección nacional. 

- ¿Qué le da y qué le quita la edad? 
- Me da madurez y experiencia; me quita flexibilidad. 

- ¿Lo suyo ha sido más una carrera de fondo? 
- Sí, porque ha habido campeonas que surgen una vez y desaparecen. La gente valora más la continuidad, los entrenamientos, soportar las lesiones... 

- Y después de Pekín, el adiós. 
- Pero obligada por mí misma. Mi cuerpo se rebela, me duele al estirar y al calentar, y tengo que trabajar más la flexibilidad. Los dolores ya siempre me acompañarán, aunque me retire. Es la factura por haber llevado mi cuerpo a límites insospechados durante muchos años. Por ejemplo, tengo los pies destrozados y mi podóloga me dice que son los de una persona de 60 años. 

- ¿Aún así, le ha valido la pena? 
- Por supuesto. He seguido hasta ahora porque aún tenía fuerzas para seguir entrenándome y mucha ilusión. 

- ¿Qué aparato le gusta más? 
- Se me da bien el de pelota, con el que me identifico mucho. En él he aportado ejercicios personales y originales. Pero para este ciclo ha desaparecido del programa olímpico. En los Juegos presento un ejercicio de mazas en el que me ha ayudado Víctor Ullate en la coreografía. 
- ¿Y el peor? 
- La cinta es el más difícil porque hay que manejar seis metros. 
- ¿Tiene problemas con el nuevo código? 
- Con el de ahora ya me he adaptado a siete distintos. Muchas otras gimnastas se han perdido por el camino y el nivel se ha endurecido de forma muy brusca, pero yo he podido adaptarme a todos ellos. 
-¿Que usted dure tantos años se debe a que no hay base en España?
 -Hay un buen nivel en primera categoría y las júniors son muy fuertes. El código actual es muy complicado, por lo que los clubes bastante hacen para las condiciones con las que entrenan a sus gimnastas.