¿Qué atributos posee la canciller alemana para encabezar la lista de las 100 mujeres más poderosas del planeta de la revista “Forbes”? ¿Y sus 99 colegas? Descubrimos la clave de su éxito.

¿Por qué sólo dos reinas merecen el honor de estar entre las mujeres más influyentes de la tierra? ¿Qué tienen en común la reina Isabel II y la presentadora de televisión Oprah Winfrey? ¿Puede una arquitecta, como es el caso de Zaha Hadid, batirse en la misma arena que la jefa de la poderosa minera Anglo American, Cynthia Carroll?

La respuesta a estas preguntas se encuentra en los criterios de selección de la revista “Forbes”: “Una combinación de visibilidad, medida por apariciones en medios de comunicación, e impacto económico”. El uno sirve para computar la notoriedad, el liderazgo, la fama. El otro para calibrar resultados contantes y sonantes.

La revista da alguna pista más sobre la mecánica de su ranking: el impacto económico es resultado de sumar el currículum, esto es, los logros y títulos de una mujer a lo largo de su carrera (según este indicador, una primera ministra puntúa más que una senadora), al “tamaño de la esfera económica en la que la líder se apoya” y a “un multiplicador que hace comparables diferentes criterios financieros”. Pone un ejemplo muy revelador: “A una jefa ejecutiva se le asigna el valor de las ventas de su empresa para el cálculo de impacto económico, y a la jefa ejecutiva de una fundación, el valor de sus activos, cuyo índice multiplicador es más alto que el de las ventas”.

EL PERFIL DE LA TRIUNFADORA

Todas son carismáticas, inteligentes, ricas o famosas. Una cosa, la otra o todas a la vez. Lo cierto es que se han ganado su puesto en la lista de las 100 mujeres más poderosas del mundo que publica “Forbes”, por cuarto año consecutivo. Para la revista americana, no basta con tener capacidad de liderazgo, ni mano izquierda, además de derecha; ni amasar una gran fortuna y ni siquiera contar con buenos e influyentes amigos. Para hacerse merecedora de un lugar en este ranking, que da vueltas por todos los despachos, “parqués”, pasillos y salas de reuniones donde se cuece la alta política, hay que sumar muchos y diferentes aspectos de los que puntúan.

UNA POSICIÓN RELEVANTE

Nadie le ha regalado a Angela Merkel el número uno en esta selección, máxime cuando ha desbancado –y van ya dos años– a la todopoderosa Condoleezza Rice. La canciller alemana se lo ha ganado a pulso. La revista ha visto en ella, además de “su atractivo liderazgo”, un papel clave en dos cumbres, en las que se mantuvo “fiel a sus principios, logrando que los dirigentes del G-8 aceptaran recortes significativos de las emisiones de dióxido de carbono, entre otras cosas”.

Si bien la posición de Merkel sorprende en una lista claramente dominada por mujeres estadounidenses, más todavía lo hace el de la viceprimera ministra china, Wu Yi, que también ha adelantado a la secretaria de Estado norteamericana, hasta situarse en segundo lugar. Y todo por su contribución a una economía “que puede eclipsar a Alemania y convertirse en la tercera más grande del mundo”.

De la lista se pueden extraer, además de muchos nombres, no pocas conclusiones. A las mujeres todopoderosas hay que buscarlas en el mundo de los negocios. Esto que, desde luego, no es nuevo, se convierte en una verdad aplastante en el ranking americano. De las 100 féminas elegidas, 66 son ejecutivas. Al resto, que suman 34, se las encuentra en la política. Como dice la propia publicación, “la mayoría de ellas dirige compañías, gobiernos u organizaciones benéficas y si no, están muy cerca de la cúspide”.

Entre las altas ejecutivas, se puede citar a Ho Ching, directora de la firma de inversiones estatal Temasek Holdings, en el número tres; a Indra K. Nooyi, presidenta de la estadounidense PepsiCo, en el cinco; a Cynthia Carroll, al frente de la británica Anglo American, en el siete; a Patricia A. Woertz, que capitanea Archer Daniels Midland, en el ocho; a Irene Rosenfeld, que está a cargo de Kraft Foods, en el nueve, y a Patricia Russo, presidenta de Alcatel-Lucent, en el 10. Aunque pudiera parecerlo, ser presidenta de un país no es una garantía para colocarse entre las primeras. De hecho, a Michele Bachelet, de Chile (en el puesto 27) le han adelantado dos ministras francesas, Michèle Alliot-Marie (la undécima en la lista) y Christine Lagarde (la duodécima), de Interior y Economía, respectivamente. Como tampoco lo es ser reina. Sólo dos han superado las duras pruebas de “Forbes”: Isabel II, que ha bajado 23 escalones en un año, hasta situarse en el 46, y Rania de Jordania, en el 82.

MONOPOLIO NORTEAMERICANO

Ahora bien, ser norteamericana sí puede ser un pasaporte hacia el éxito. Nada menos que la mitad de la lista lo es, frente a las dos que aporta, por ejemplo, un país como Italia. Dos apellidos, por cierto, previsibles: Marina Berlusconi, presidenta de Finivest Group, y Giuliana Benetton, directora del grupo del mismo nombre, en los puestos 33 y 91. Y entre tanta ejecutiva, sorprende encontrar a una arquitecta (la iraquí Zaha Hadid), a una juez (la norteamericana Ruth Bader) o a una periodista (la también norteamericana Katie Couric).

Hay, además, en el ranking dos “primeras damas”: Laura Bush (Estados Unidos) y Sheikha Mozah Bint Nasser Al-Misned (Qatar); y dos cofundadoras: Melinda Gates –el apellido la delata– y Rosalía Mera, ex mujer de Amancio Ortega, el fundador del imperio Inditex. Mera y Ana Patricia Botín (presidenta de Banesto) son las dos representantes españolas de la lista. Llevan los dorsales 76 y 40, por este orden. Y la carrera a la que se han apuntado es, sin duda, de fondo. Donde sólo resisten las fuertes.

LAS CHINAS GANAN TERRENO

Ningún país puede competir, ni de lejos, con Estados Unidos como cantera de mujeres poderosas. Mientras el gigante americano aporta a la lista medio centenar de ejecutivas y políticas de alto standing, Reino Unido ha de conformarse con siete y Francia, con cuatro. En la otra mitad, puede decirse que el poder está repartido: tres mujeres muy poderosas en Holanda, una en Suecia, dos en Turquía, una en Jamaica, una en Liberia y una en Mozambique. Sin embargo, hay un país que no hace sino crecer en términos económicos: China. Este hecho ha tenido su reflejo en el ranking “Forbes”.

De las 100 mujeres más poderosas del mundo, siete son chinas. Empezando por la viceprimera ministra, Wu Yi (en la imagen), que ocupa el flamante puesto número dos, y siguiendo con Wu Xiaoling, presidenta del Banco Popular de China (18); Margaret Chan, directora general de la OMS (37); Yang Mianmian, presidenta de la empresa de electrodomésticos Haier (43); Chu Lam Yiu, presidenta de Huabao International Holdings (90); Yan Cheung (75), presidenta de Nine Dragons Paper, la empresa reina del reciclaje de papel en el país asiático, y Dong Mingzhu (93), al frente de Gree Electric Appliances.

Las siete no son sino la constatación de que China se coronará pronto como la tercera economía más boyante del planeta. Esto, unido al hecho de que “las mujeres están haciendo avances importantes y muy visibles en los negocios” –como ha puesto de manifiesto la revista “Forbes”–, ha contribuido a que hoy veamos a tantas mujeres chinas en la cima del poder mundial. Y según todas las previsiones, esto no ha hecho más que empezar. La pelota está en su campo.