Piensa que la salud de su madre no fue un contratiempo, sino el destino, la suerte, el azar, ese azar en el que tanto cree Ángeles Mastretta, el que me llevó hasta México para hablar de su nuevo libro,“Maridos”, pero también del de carne y hueso, Héctor Aguilar Camín, de las mujeres, de la familia, de la vida, de su vida. Vive en una casa de estilo colonial con amplios espacios llenos de luz y orden, como su estudio, que utiliza como refugio y desde el que ve el cielo y las copas de los árboles de su jardín. Entre paredes blancas, sentada en un sofá blanco y vestida con un traje claro, se desdibuja para recordar a su padre, “A quien le gustaba escribir como quien sueña...”, dice.

MUJER HOY. ¿Y cómo escribe Ángeles Mastretta?

ÁNGELES MASTRETTA. También como quien sueña y, desde que tengo este lugar espléndido que nada más es mío, lo he convertido en el centro de mis sueños y sueño con lo que debía pasar, con lo que invento. También reelaboro el sueño que es la vida.

MH. Acaba de cumplir 58 años, la edad con la que murió su padre. ¿Cómo le recuerda?

Á.M. Ahora con alegría; me gusta que él aparezca, porque cuando murió yo era muy joven y lo padecí muchísimo.

MH. ¿Le ha echado muchas veces en cara que la abandonara tan pronto?

Á.M. Tenía un reproche para él y otro para mí, porque me quedé con asuntos pendientes y nunca le acabé de decir lo importante que era, cuánto le quería, lo fundamental que era para mí. Porque era muy joven y los niños de 19 años no dicen eso, dan por hecho que ya se lo dirán cuando sea viejo.

MH. ¿Cómo llevó esa niña-mujer su primer encuentro con la muerte?

Á.M. Me marcó para siempre y para muchas cosas, incluso para sobrevivir a otras muertes con bastante energía. El azar es caprichoso y muchas de las cosas que nos pasan, o todas, las hace el azar. No hay una voluntad divina que dice: ?Ahora tú te mueres, ahora tú sobrevives, ahora a ti te va muy bien, ahora a ti te va muy mal?. Esas cosas se distribuyen, van cayendo sobre uno. Aprendí a asumir que eso pasa.

MH. La mujer es el tema fundamental de sus libros. Siempre se ha definido como feminista. ¿Por qué da tanto miedo esta palabra?

Á.M. Porque se ha usado para todo. Se puede definir como feminismo la actitud de una mujer que es dueña de sí misma, de su cuerpo, de su voluntad, de sus amores, de su capacidad para decidir qué hace, cómo se relaciona y con quién... que es productiva. ??

MH. Sólo los besos son más placenteros que las palabras, tal vez porque una conversación es lo más parecido a una historia de amor. ¿Cuántas historias de amor ha tenido?

Á.M. Muchas; pero cruciales, sólo cuatro. Las no cruciales eran sólo conversaciones; las otras, conversaciones más largas; y una, para toda la vida.

MH. ¿Las mujeres somos más fieles?

Á.M. Yo tengo esa duda. Normalmente, cuando los hombres son infieles, lo son con otra mujer. Ahí hay una cosa que se complica. Pero sí, creo que las mujeres somos más leales y que es diferente, ¿vale? Esa sensación de que te fuiste a otra parte no se te quita con un baño.

MH. ¿Quién es su marido?

Á.M. Es Héctor Aguilar Camín, clarísimamente.

MH. ¿Y cómo es él?

Á.M. Un hombre excepcional en todos los sentidos: historiador, novelista... Un hombre de una gran lucidez. Además, tiene una cosa preciosa, y es que él ha ido creciendo por dentro. Cuando yo lo conocí no tenía estos matices que tiene ahorita, esos actos de ternura, esta generosidad, esta destreza para ver a los demás, este interés por los otros. Héctor lo tenía adentro y lo fue sacando. Entonces quedó claro que yo tuve buen ojo.

MH. ¿Cómo se desarrolla la vida entre dos escritores?

Á.M. Él escribe cinco libros mientras yo escribo uno y he aprendido a convivir con eso. Al principio era mortal. Yo decía: ?Este hombre es avasallador porque yo voy siempre despacio y me dice cosas como: ?Es que el tiempo a ti se te vuelve poroso?. He aprendido a defenderme diciendo: ?Yo estoy contenta con el tiempo poroso, voy a hacer menos libros, pero voy a hacer también otras cosas, como conversar con una amiga?.

MH. ¿En qué momento dijo: ?Éste no se escapa, éste es mi hombre??

Á.M. Nunca nos hemos casado, por eso no hubo un momento preciso. Ahora es cuando digo: ?Es el hombre de mi vida?, ya que llevo 30 años viviendo con él. Aunque esto se acabara ahora, él fue el hombre de mi vida. Llevo demasiado tiempo con él y demasiado tiempo de tejer esta historia que ha tenido de todo y que ha acabado siendo muy generosa. ??

MH. Defíname ?marido?.

Á.M. Es tu cómplice, la persona con la que vives.

MH. ¿Hasta cuándo prevalecerán los maridos sobre las mujeres?

Á.M. En el libro hay muchos maridos que no prevalecen, pero es un hábito de siglos. Empezará a equilibrarse cuando logremos tener los mismos derechos y obligaciones e independencia económica. Si tú compras tus zapatos, caminas con ellos a donde quieres.

MH. ¿Usted es un marido?

Á.M. (Entre risas) No, no, aún no tengo semejante rango. Para bien o para mal, debo decir.

MH. ¿De dónde ha sacado la documentación para este libro ?

Á.M. En ?Maridos? hay historias de todo tipo: unas que inventé, otras que alguien me contó y otras que me pasaron. A veces se mezclan las tres cosas en un solo cuento; yo creo que me pasa mucho eso. ??

MH. ¿Un marido o un amante?

Á.M. Lo ideal serían los dos.

MH. Pero no se suelen dar.

Á.M. Sí, a veces se dan, sobre todo en cierta época de la vida, y ya lo ideal-ideal es que se pongan los dos en uno. Ésa es la maravilla.

MH. ¿Qué le parecen los matrimonios entre homosexuales?

A.M. Me encantan. Yo crecí en la época en la que no se usaban. Tenía 20 años y, en el medio intelectual, político y social en que el yo vivía, casarse estaba mal visto, era una estupidez. Tanto trabajo costó decir ?yo puedo vivir con alguien sin casarme?, que de pronto el logro contrario acaba siendo bueno también.

MH. ¿Nunca ha necesitado casarse?

Á.M. Creo que estoy empezando a necesitarlo después de 30 años de vivir con Héctor. Ya no me parecería rendirse a una batalla, ya me daría igual. Antes decía: ?No nos casamos aunque el mundo entero diga que tenemos que hacerlo?; ahora no llegaría a esos extremos, esa parte ya la arranqué. Ya no estoy casada de veras nada más que con muy pocas cosas; la bondad, por ejemplo.

MH. ¿Para vivir hay que transgredir?

Á.M. Yo creo que sí, si se te acaba la posibilidad de transgredir se te acaba la diversión. No tienes que avasallar a nadie, pero transgredir le da a la vida una parte muy atractiva, incluso cuando te enamoras, ¿no?

MH. ¿Qué transgresiones le esperan para el futuro?

Á.M. Depende de para dónde me voltee? (risas).

MH. ¿Qué es para usted la amistad?

Á.M. Una responsabilidad sagrada. Los amigos me hacen una parte esencial de la vida. Hay gente que ve a su familia nada más, yo necesito a mis amigos, que son mi familia, mi gente cercana. Hago amigos entrañables muy fácilmente, lo que es una maravilla.

MH. ¿ A su marido le gusta ?Maridos??

Á.M. Un día subió a darme un beso y me vio sentada en el suelo, rodeada de hojas. Se quedó mirándome y dijo: ?Lo que tienes que hacer es darles un orden a todos esos cuentos, el que sea, pero decide ya. En el momento en que lo tengas puedes cambiar el orden, así se te quitará la angustia. Dales un orden y dales un orden azaroso. Ponlos todos en hilera y júntalos?. Y eso hice y luego barajé todo lo que quise. Me ayudó porque sabía que yo vivo tan claramente que elegir es abandonar y que cada elección era un drama. Hoy aún pienso en el orden y a la larga da igual, o no lo sé, pero esto va así y ya. Y sí, le gustó, claro que le gustó.