Son cinco de las escritoras más leídas de nuestro país y, por tanto, cinco de las autoras que más ejemplares firmarán en la próxima Feria del Libro de Madrid. Las hemos reunido para que nos hablen sobre literatura, mujeres y emociones.

Confieso mi miedo: sé que ellas van a leer este reportaje. Y son algunas de las mejores escritoras contemporáneas en castellano. Entre las cinco reúnen una ingente cantidad de premios literarios, millones de libros vendidos y legiones de fans. Comprenderán que yo, a su lado, me sienta una simple juntaletras. No se te ocurra ir a firmar a ese centro comercial -aconseja Julia Navarro a Clara Sánchez-. Te sentirás como un pasmarote. No se acerca nadie. Y no hablan sólo de literatura o de la próxima Feria del Libro de Madrid que da comienzo el 28 de mayo. ¿Que tienes una hija de 30 años? -le gritan todas a Ángela Becerra-. ¡Imposible!.

Las han llamado románticas, sensibleras, emocionales... Algunos dicen que escriben literatura femenina, así, con retintín. O que sólo las leen mujeres. Si "El amor en los tiempos del cólera" lo hubiera escrito una mujer, ¿la crítica diría que es un libro sensiblero y romántico? ¡Claro! -contesta Care Santos-. Cuando a García Márquez le dieron el Nobel, dijo que se iba a dar el lujo de escribir una novela rosa. Pero nadie la llamó así. No. La llamaron obra maestra.

Ángela Becerra. Si el hombre escribe sobre sentimientos, aseguran que ha escrito una novela psicológica. A nosotras nos dicen que hemos escrito un libro romántico. Nos etiquetan de escritoras femeninas como para decir que es una literatura menor.

Julia Navarro. A mí nunca me han dicho eso de la mirada femenina. Hay libros buenos y libros malos. Que llegan al corazón o que no. Lo que vale es si cuentan una buena historia y si la cuentan bien.

Care Santos. Importa el resultado, el libro; que no nos mareen con otras cosas.

Mujer hoy. ¿Pero se han autocensurado? ¿Alguna vez han rebajado el nivel sentimental de sus libros por miedo a que las tacharan de demasiado blandas?

Ángela. Escribo libros con emociones a flor de piel y por eso dicen que hago novela femenina. ¡Si me leen hombres! Me resbala. Sin sentimientos no somos nada. Julia. A mí me preguntan por qué no hay escenas eróticas en mis novelas. Yo siempre dejo entrar a los personajes en la habitación y ahí cierro la puerta.

Elsa Punset. En la editorial no querían el título de mi último libro, Inocencia radical, ni de broma. Y me empeñé. Hay que perder la vergüenza a las cosas reales de la vida, que normalmente se han tildado de femeninas y cursis. Quiero hablar de la parte hermosa de la gente. Hay personas que la esconden.

Care. A mí me pasa todo lo contrario. Me han calificado de bruta. ¡Cuánta violencia, me dicen, cuánta violencia siendo mujer!

Clara Sánchez. Un libro gusta o no, da igual quién lo ha escrito. Pero la sociedad siempre está buscando diferencias entre sexos. Por ejemplo, dicen que el cerebro masculino está más preparado para las matemáticas.

Elsa. Pero eso es cierto, Clara. Si haces un promedio, ves que esas diferencias existen.

Clara. Eso son tonterías, es una mandanga sexista.

Elsa. Pero somos capaces de cambiar la mirada de la gente, porque nuestro cerebro es plástico. Las personas somos un coctel químico y eléctrico.

Ángela. Pues qué pena. ¿Dónde están las emociones?

Elsa. Antes decían que el cerebro era inmutable; ahora sabemos que puede modificarse. Los patrones emocionales se forman inconscientemente en los siete primeros años de vida. Luego puedes variarlos, pero con esfuerzo. Mucha gente cambia a los 40 años porque evalúa su vida y ve que no le lleva a nada.

Ángela. Cumplir 40 es maravilloso. Te despojas de los miedos, te da igual lo que piensen de ti. Te quitas lo que te sobra.

Julia y Clara asienten. No volvería nunca a tener 25, ni loca -dicen al unísono-. Es una época de inseguridades y miedos. A los 40 dejas la confusión, la imagen te acompleja menos.

Elsa. Pero me encantaría que la mirada de los demás fuera más cariñosa con las mujeres de 40. Nos dicen que envejecemos peor que ellos. ¡Envejecemos como podemos!


Literatura para chicas

Mujer hoy. Pero la chick-lit, la literatura para chicas, sigue insistiendo en esa misma imagen de la mujer, que tenemos que ser todas bellas, estar delgadas y tener pareja. Como en El diario de Bridget Jones.

Care. Es el síndrome de Bovary: la mujer necesita dos cosas, un príncipe azul y perder peso.

Julia. Pero Bridget Jones es un buen libro.Care. Es divertido, pero las secuelas e imitaciones son bazofia.

Clara. Son el reflejo de que las mujeres nos estamos liberando económicamente, pero que sentimentalmente todavía estamos en el siglo XIX, somos dependientes afectivas. Pero ¡cuidado! La independencia de sentimientos no es que no te enamores, es que tu existencia no tiene que ser una ruina si no encuentras al hombre de tu vida.

Elsa. Todavía hoy muchas mujeres creen que a los 30 años hay que casarse y tener hijos porque si no se les pasa el arroz.

Clara. En la vida he visto tanta mujer objeto como ahora.Julia. Y los pobrecitos metrosexuales, ¡qué pena me dan!

Care. Todos esos chicos depilados porque la novia se lo pide... Hay muchos ahora.

Julia. Pues mira, Care, se convierten en víctimas de lo que hemos pasado nosotras toda la vida.

Care. Yo lo veo genial. No es grave igualarse en la depilación.

Clara. Estoy en contra de la depilación. ¡Estoy harta! Pero claro, cómo no te vas a depilar si hacen bañadores estrechísimos y altísimos, en los que se ve todo.

Elsa. ¡Qué más da! Que la gente sea como quiera. El ser humano es único. Se reproduce para garantizar la unicidad. La mortalidad es el precio que pagamos por ser únicos.

Ángela.
Creo que no somos tan difrentes. Cuando espío conversaciones de hombres en la mesa de al lado, si cierro los ojos y me imagino un tono de voz más agudo, podrían ser mujeres. Hablan de lo mismo que nosotras: parejas, sentimientos, miedos.

Care. Pero nosotras hablamos más. A mí se me han quejado niños de ocho años de que las niñas no quieren jugar con ellos y que se van a hablar solas a un rincón. Las mujeres suelen analizar más el mundo.

Clara. Porque tenemos menos miedo al ridículo y a expresarnos. Una vez hice un reportaje en un banco de inversión, un lugar con muchísima presión donde todo el mundo era muy joven porque nadie aguantaba mucho tiempo allí. Les pregunté cómo canalizaban la presión. Ellas se iban al baño a llorar. Ellos salían a la calle, gritaban, daban golpes.

Ángela. Pero los hombres lloran, ¡que yo los he visto!

Clara. No en una reunión de alto voltaje en el trabajo. Llorarán en otro sitio y por otras cosas.

Elsa. Sienten igual que nosotras, pero lo expresan de manera distinta. Tienen la famosa cajita de la nada, un lugar en el cerebro que les permite desconectar. Se centran en una cosa y olvidan el resto. Nosotras siempre estamos dando vueltas a todo y necesitamos contarlo. Cuando un hombre está estresado lo peor que puedes decirle es: ¿Quieres hablar?.

El sexo en los libros

Mujer hoy. Dicen que ellos siempre tienen el sexo en la cabeza. Pero, ¿lo escriben de manera diferente? ¿Sus escenas eróticas son algo así como qué satisfecha la he dejado?

Clara.
Los hombres, incluidos los escritores, se alimentan más de fantasía. A mí me gusta más la sutileza.

Elsa. Las mujeres somos más afectivas. Muchos hombres no distinguen sexo y afectividad.

Ángela. La mujer hace el amor. El hombre, sexo. Ellos venden amor para obtener sexo y nosotras, al contrario.

Care. Percibimos el sexo de otra manera y lo escribimos de otra forma, también por las consecuencias que puede tener para nosotras. La maternidad nos hace tener esa mirada distinta.

Elsa. A lo largo de la Historia, la mujer se quedaba en el poblado cuidando de bebés que no sabían hablar. Tuvo que desarrollar empatía para entenderlos. Eso creó conexiones profundas en el sistema límbico del cerebro, nuestro centro de afectividad. El hombre, por su parte, se iba a cazar y no le importaban los sentimientos. Pero ahora sabemos que el cerebro es plástico y que podemos superar eso.

Escritores frente a escritoras

Mujer hoy. Podemos superarlo, pero ¿lo hemos hecho? Los números dicen que de momento no lo hemos conseguido: 10 mujeres tienen el Nobel de Literatura en 99 años y sólo hay tres entre 40 hombres en la Real Academia, donde, ahora mismo, tres sillones permanecen vacantes sin cubrir.

Clara. A veces te hacen sentir como esa chica que escribe, mientras que ellos son escritores con mayúsculas. Ahora está cambiando, pero cuando empecé a publicar, a finales de los años 80, el machismo en literatura estaba muy marcado.

Care. Y lo cierto es que, todavía hoy, el prestigio en la literatura sigue dominado por los hombres.

Ángela. Dicen: Ah, mira. ¡Es una mujer y es buena!. Cuesta conquistar el respeto de los demás, sobre todo de los críticos. Tenemos que esforzarnos el triple y que demostrar el triple. Y las críticas mujeres son las más duras. Se protegen del patriarcado. El miedo, otra vez el miedo. Pero no sigamos echando más leña, que siempre volvemos a lo mismo.

Julia. Además, para los lectores ese machismo está superado. Aunque no para los críticos. A veces, a las escritoras nos tratan como si fuéramos menores de edad.¿Quién las lee?

Mujer hoy. En España, ¿las escritoras son un mundo aparte? ¿Sienten que sólo les leen las demás mujeres?

Julia. Antes creía que sí, porque son las que más leen. Pero es un tópico. A mí se me acercan hombres, chicos jóvenes.

Ángela. Es que ellos se callan mucho en público, esconden la emoción. Luego, por e-mail, o en los foros de internet te lo sueltan todo. Quizá se sienten más protegidos por el anonimato.

Clara. En la web me escriben más hombres que mujeres. Pero ellas se acercan más en los actos públicos.

Care. Los adolescentes son muy lectores, y les da lo mismo que el autor sea hombre o mujer, famoso o desconocido. Les importa la historia. Y si les gusta, compran, leen y recomiendan.

¿Esclavas de la imagen?

Mujer hoy. En este mundo de palabras, parece que sigue importando la imagen, incluso la de las escritoras. En una reciente entrevista que le hicieron a Ángela, buena parte del texto se dedicaba a describir lo alta, joven y bella que es.

Ángela. No veas como me cabreó. ¡Y la escribió una mujer! Hay muchas machistas. Fijaos en cómo se ha dado la noticia de que Soledad Puértolas va a ser miembro de la RAE: destacando que es una mujer y no que es una genial escritora.

Care. Hay escritoras gigantes que no han podido entrar en la Academia, y lo han intentado, como Emilia Pardo Bazán. Las rechazaron con excusas como que no había lavabos femeninos.

Ángela. Me habría gustado firmar como hombre alguna vez, a ver qué pasaba. Antes de publicar trabajé 20 años en publicidad. Y acabé harta de las miradas lascivas de los clientes.
 
Julia. Pero tampoco soy partidaria de dejar de ser lo que somos. No me quiero convertir en señor, ni en un tercer sexo híbrido. Sólo que me valoren por mi capacidad y mi talento.

Elsa. A mí, la escritura me hace sentir poderosa; me da la capacidad de salir del tiempo y de lugar en el que está mi cuerpo.

Ángela. Al final tenemos que quedarnos con que somos seres humanos maravillosos y complejos. Tendríamos que dejar de clasificarnos, de marcar territorios. Me gustaría que una reunión de mujeres no se centrara más en marcar las diferencias.

Julia. Pues yo, en esta reunión de escritoras, me he divertido mucho. Estar con mujeres me divierte cada vez más. No soy de esas mujeres que presumen de no tener amigas. Las tengo y me encanta.

Clara. Y si son escritoras, mejor. Es un regalo y lo cultivamos poco. ¿Y si nos vemos una vez al mes? Poned fecha, chicas.