Aunque sus carreras están separadas por miles de kilómetros (Marisa ha sido rectora de la Universidad de La Laguna y Rosa de la Pompeu Fabra) estas dos mujeres siempre estarán unidas por el fuerte vínculo que crea el hecho de ser pioneras en un mundo secularmente reservado a los hombres como lo es el académico.

En 800 años de recorrido de la enseñanza universitaria española, tan sólo diez mujeres han conseguido ser rectoras. Dos de ellas son las Doctoras Marisa Tejedor y Rosa Virós que, con este logro personal, han escrito su nombre con letras de oro en la historia de la Universidad Pública española.

P: ¿Ha sido más duro el camino hasta llegar a ser Rectoras por el mero hecho de ser mujeres?

Marisa: Hombre, es un hecho objetivo e innegable que sólo seamos diez mujeres y cientos de hombres y que haya que celebrar este acto ya es un síntoma… Pero en mi caso particular la verdad es que no tuve grandes problemas. También es cierto que los tiempos están cambiando, y no hay más que mirar las aulas, donde hay muchas más mujeres que hombres, sin embargo cuando subimos de nivel… Pero no es más que un reflejo de la sociedad.

Rosa: Durante muchos años, las mujeres lo hemos tenido mucho más difícil por el mero hecho de serlo. No es algo que ocurra sólo la universidad, también ocurre en los consejos de administración y en las altas esferas empresariales. Lo que me asombra es que en la academia, que debería de ser ejemplarizante, tampoco podemos echar las campanas al vuelo. Me resulta curioso, por ejemplo, que de las diez rectoras que asistimos hoy a este acto, todas hemos tenido tan sólo un mandato… El tiempo suficiente para reorganizar todo.

P: Siempre se ha dicho que las mujeres solemos ser mejores gestoras que los hombres, y los datos de sus mandatos no lo contradicen. Sin embargo, ¿un problema puede ser que sigamos teniendo un cierto "complejo femenino"?

R: Sí que es cierto que muchas veces nosotras mismas nos imponemos el famoso “techo de cristal” del que tanto se habla. Pero ten en cuenta que una condición imprescindible para ser rectora es ser catedrático, y a esos niveles, somos minorías a diferencia de las aulas de diplomaturas y licenciaturas, por lo que nuestras posibilidades se reducen. Es una cuestión de paciencia, de tiempo, y de que las mujeres estemos vigilantes.

M: Es cierto, sólo un 14% de los catedráticos somos mujeres y muchas veces somos nosotras mismas las que nos ponemos trabas. Pero como dice Rosa, es cuestión de tiempo. A principios del siglo pasado, antesdeayer, las mujeres en España no podíamos acudir a la Universidad y hoy mira, somos más del 60% en los niveles intermedios universitarios.

P: Os hacen un homenaje por ser pioneras en un mundo tan masculino como ha sido siempre el de la Universidad. ¿Estáis nerviosas? ¿Qué se os pasó por la cabeza cuando os propusieron participar?

R: No, nerviosa no. Me sorprendió cuando me llamaron, sinceramente. Nosotras, yo por lo menos, en mi cabeza, veo como la cosa más normal del mundo el hecho de que haya mujeres y hombres en este puesto,

M: Yo tampoco tengo nervios, lo único que me hubiera gustado es que en vez de ser diez, hoy fuéramos 500. Es un acto simpático, muy divertido y por supuesto es un honor, pero no te voy a negar que me hubiera gustado más que fuera en otras condiciones.

P: Por un lado tiene que ser un orgullo formar parte de este selecto grupo, pero ¿no deja un cierto sabor agridulce?

R: Yo creo que nosotras representamos aquí a las que dentro de poco vendrán, y a las que hubieran podido ser y no han sido.

M: El camino por fin está iniciado y podemos ver la luz al final del túnel pero, como te decía antes, ojala fuésemos 500 aquí y no fuera necesario conmemorar esto, de puro habitual que fuera.

P: El hecho de que se hagan actos de homenaje a las mujeres como este, que se creen leyes de protección de la igualdad, un Ministerio específico… nos ayuda pero, ¿también nos da una imagen más débil?

M: No podemos olvidar que la discriminación positiva es discriminación también y yo, personalmente, he sufrido más ésta que la otra. Entiendo que gracias a cupos, a cuotas y a todas estas medidas de protección y promoción de la mujer hemos podido avanzar más rápido, pero particularmente soy contraria a este tipo de medidas. Somos perfectamente capaces por nosotras mismas y eso es lo que tenemos que potenciar.

R: Nos ha tocado abrir camino y lo hacemos. Pero para nada estoy de acuerdo con la discriminación positiva. La mujer cada vez está más presente por sus propios medios, algo estaremos haciendo bien nosotras... Lo que no podemos negar es que las mujeres partimos, a priori, de unas condiciones más duras.

P: ¿La maternidad sigue siendo hoy un hándicap para las mujeres?

R: Sin duda alguna. La maternidad es un claro ejemplo y en el fondo es un obstáculo aunque, por fortuna, cada vez pesa menos. El problema es que como tenemos que ir abriéndonos camino a codazos, resulta estresante, porque trabajamos lo que toca y mucho más.

M: Nos lo han inculcado durante tantos años, que nos lo hemos llegado a creer nosotras mismas. Cuando trabajaba en el Gobierno de Canarias fui a buscar a una chica que quería que trabajara conmigo. Ella estaba entusiasmada pero me dijo que estaba embarazada… ¡cómo si por eso no pudiera formar parte de mi equipo! Resultó ser una de las más competentes, a pesar de tener esa “supuesta carga”. Somos nosotras mismas las que lo convertimos en un problema, cuando lo único que es es cuestión de organización. Los grandes profesionales da igual que sean hombres, mujeres, estén embarazadas, tengan hijos…Son profesionales y pueden compaginar eso y mucho más.

P: ¿Se han sentido alguna vez “bichos raros” en un mundo tan de hombres?

R: Tengo que decir que durante mi mandato, siempre tuve un trato igualitario, daba igual que fuera mujer. Los mismos rectores hombres están muy concienciados y ellos están encantados de tener colegas mujeres. Al fin y al cabo somos más de la mitad de la población…

M: Para nada, yo era una más en el grupo, no había distinción por mi condición femenina. Nunca tuve ningún problema ni ninguna sensación de discriminación. De todas formas, la primera reunión que tuve, iba diciéndome “a ver por dónde me salen éstos…”.