La mujer del presidente turco Abdulá Gül es una fiel partidaria del pañuelo islámico. Le denegaron el ingreso en la Universidad de Ankara por llevarlo (en Turquía los símbolos religiosos están prohibidos en ámbitos públicos) y llevó el caso al Tribunal Europeo de Derechos Humanos. Se mantiene alejada de la política (no asistió a la toma de posesión de su marido) y asegura que su empleo del hiyab es una decisión personal. Eso no convence a la oposición, que opina que la primera dama de Turquía no debería ser una mujer velada, que dejó sus estudios tras casarse a los 15 años con un hombre que le doblaba la edad.