Pasará a la historia como la primera mujer presidenta de un tribunal superior de justicia en España. Casada con un magistrado y con tres hijos, se convirtió en la máxima autoridad judicial de Cataluña tras 28 años como especialista en Derecho Civil. “La nuestra es una profesión muy vocacional, en la que se toman decisiones importantes sobre la vida, la libertad y los derechos de los ciudadanos. Las mujeres tenemos un sentido más pragmático de las cosas y es posible que tendamos a resolver problemas más que a quedarnos en abstracciones. Desde ese punto de vista, creo que tenemos una mayor sensibilidad para algunas cuestiones. Cuando entré como presidenta me propuse como prioridad mejorar el servicio público, que fuera más transparente, y defender la independencia de los jueces. Cuando era juez podía compaginar bastante bien la vida familiar; ahora, menos”.

UN RETO

Reducir el déficit de plazas de funcionarios y la sobrecarga de casos de algunos juzgados.