Desde 2004, se ocupa de los problemas de los jueces y juezas de Barcelona. Ha vivido la irrupción de la mujer en la justicia. “Quiero pensar que estoy en el grupo de las que se ocupan de las pequeñas cosas, que saben ver esos detalles que permiten, a la larga, obtener mejores resultados y ser más eficaces. La gran revolución silenciosa de las mujeres ha sido decidir retrasar la maternidad 10 años, el tiempo que necesitas para ocupar tu espacio profesional. Aun así, en la judicatura tenemos un problema pendiente con las madres. Los juzgados están saturados, no se contemplan reducciones de jornada y, tras la baja maternal, nos encontramos con más trabajo. Hay compañeras agotadas. Yo estoy divorciada y tengo dos hijas. Sin la custodia compartida, no habría podido asumir la responsabilidad de este cargo”.

UN RETO

La implantación de un nuevo modelo de organización de la justicia.