Está imparable. Desde hace dos años encadena rodajes, ensayos y premios, incluso el Goya que tanto se le resistió. Tras trabajar con Coppola, estrena “Los girasoles ciegos”. Y está dispuesta a que la buena racha no acabe.

Ha pasado cuatro meses en Argentina, dedicada en cuerpo y alma a “Tentro”, su primera aventura con uno de los grandes de Hollywood: Francis Ford Coppola. Prepara su regreso al teatro, en octubre, de la mano de Aitana Sánchez-Gijón, con la última obra de Yasmina Reza. Y mientras, Maribel recupera a Elena, su personaje en “Los girasoles ciegos”. Su director, José Luis Cuerda, ha contado con el último guión que firmó Rafael Azcona, basado en el libro del fallecido Alberto Méndez (Premio Nacional de Narrativa y de la Crítica 2005). Una historia en la que la actriz aparece “divina de posguerra”.

Mujer hoy. ¿Cómo se unió al proyecto de “Los girasoles ciegos”?

Maribel Verdú. Fue muy bonito, la verdad. Sonó el móvil y ¿quién era? ¡Mi gordo, que le digo yo con todo cariño! Le dije que sí inmediatamente y cogí mi ejemplar de “Los girasoles ciegos”. Mi cuñado, Luis Merlo, me lo había regalado y yo lo tenía lleno de anotaciones. Empecé a leerle fragmentos a José Luis por teléfono y me dijo: “Vale, vale, ya veo que lo tienes claro”. Desde ese momento, estuve involucrada en el proyecto, de esa forma que él consigue. Comidas, cenas, lecturas, vinos (tiene un blanco maravilloso), ensayos... Además, Raúl [Arévalo] y Javier [Cámara] son dos sueños de compañeros. El rodaje también fue estupendo. Trabajamos en Orense y en Madrid, ¡a cinco manzanas de casa! Cuerda es un director de actores soberbio, por lo que después de esto hemos firmado una exclusiva: vamos a hacer todas las películas juntos. Es un contrato verbal, pero vinculante [ríe].

MH. ¿Cómo preparó su personaje?

M.V. Lo que hago es estudiar mucho el texto y cuando tienes un guión como éste de Azcona te sale solo. Y hablar mucho con el director, dejarme llevar por él. Siempre me enfrento a un nuevo personaje con mucho miedo, pensando: “No sé cómo lo voy a sacar adelante”. Empiezo a ensayar y un día, por una tontería, un matiz, digo: “Ya está, ya lo tengo”. Y a jugar.

MH. Hacer una película basada en un libro tan querido debe dar un poco de miedo. ¿Y si no gusta?

M.V. Existe ese riesgo, claro, pero no me lo planteo porque entonces no lo hago. Y cuando te pones en manos de José Luis Cuerda y tienes a Azcona escribiendo el guión, y esa fotografía y esa ropa, todo tan cuidado...

MH. Repite con Raúl Arévalo y esta vez están cara a cara todo el metraje. Éste va a ser el año de Raulito, que es un genio y tiene algo maravilloso dentro. Cuerda le da la oportunidad de hacer algo que no tiene nada que ver con él. Además, es un personaje repugnante y de época...

M.V. Incluso comparten un beso. Sí, es un momento muy contradictorio. Mi personaje es una mujer que tiene un marido al que adora, que vive escondido en un “zulo”. Ella quiere acercarse, pero él no quiere involucrarla en su tristeza. Y cuando ella nota la atención del cura, se siente deseada. Y se deja querer un poco, aunque enseguida lo rechaza. Pero tienen ese momento. José Luis y yo nos reíamos porque él decía que iba hacer la segunda parte, en la que él va a buscarla, se casan... Le dije que si la hacía, no contara conmigo. ¡Después de lo que le hace! Prefiero el onanismo.

MH. Toda la película gira en torno a ese hombre escondido.

M.V. Sí, hay muchos detalles en la rutina de esa familia. Hablan siempre en susurros y, cuando llaman a la puerta, todos hacen lo que deben con naturalidad: el niño cierra las ventanas, la madre retira el plato, el padre vuelve al zulo...

MH. Y es otra película de posguerra, como “El laberinto”. Parece que se empeñen en sacarla malvestida.

M.V. Ay, hija, sí. En “Gente de mala calidad” salgo hecha unas pintas, por ejemplo. Pero es que en España no se hacen películas en plan glamour. Y la verdad es que a mí me gusta mucho cuidar mi imagen. Es una forma de sentirme bien. Me gusta arreglarme, “encoloniarme”... Pero cuando sales desaliñada en una película, te olvidas de los retoques. ¡Y cómo salgo en “Los girasoles” de elegante y guapa! Sonia Grande hizo un magnífico trabajo con el vestuario. Salgo divina de posguerra. ¡Tengo unas ganas de ver la película!

MH. Lleva en esto desde los 15 años. ¿Alguna vez ha pensado que podría haber probado otro camino?

M.V. Qué va. No hay otra cosa que sepa hacer. Y tampoco es que sepa, pero es mi “modus vivendi”. Si tuviera que cambiar de profesión, pondría una perfumería. Y daría muchas muestras, ¡las dependientas son tan cutres a veces! Me encantan las cremas, son un vicio.

MH. Siempre dice que “Amantes” fue clave en su carrera.

M.V. Fue el primer papel que me dio reconocimiento, la primera vez que se fijaron en mí. También ha habido otras películas especiales. “Belle Epoque” fue la experiencia de rodaje más bella de toda mi vida. Éramos todos tan jóvenes y tan felices. Luego vino “La buena estrella”, que me permitió trabajar con mi amigo del alma, Ricardo Franco, y nos dio muchas satisfacciones. Bueno, y también muchas penas, porque la muerte de Ricardo fue un palo. “Y tu mamá también” es la que más me ha marcado personalmente. Y luego llegó “El laberinto del fauno”. Yo llevaba dos años desaparecida, no me ofrecían proyectos interesantes y Guillermo me puso de nuevo en primer plano.

MH. Esos dos años sin cine debieron de ser duros.

M.V. Sí y no. Mira, yo sé cuándo te da la vida momentos duros de verdad. Intentaba levantarme por las mañanas con mi sonrisa y mi energía. Que se han olvidado de mí, pues qué le vamos a hacer. Tenía mis proyectos, hice televisión y, sobre todo, la obra de teatro más maravillosa de mi vida, “Por amor al arte”. Y era feliz. Cuando me ofrecieron “El laberinto”, no me lo podía creer. Y después vinieron un proyecto detrás de otro.

MH. Y eso que esos proyectos han sido, sobre todo, dramones.

M.V. Es verdad, pero eso tiene un motivo: es muy difícil encontrar una comedia digna, inteligente, que no caiga en la chabacanería o en lo obvio. No lo digo yo, se lo leí a Juliette Binoche. Las comedias maravillosas que hacía Azcona son difíciles de encontrar. “Gente de mala calidad”, que se ha estrenado hace poco, es una comedia seria; y “Oviedo exprés” tiene el humor surrealista y absurdo, que sólo es capaz de hacer nuestro querido Gonzalo Suárez. Yo, en ésas, me meto de cabeza.

MH. ¿En qué otras cosas se fija para decidir si hace una película?

M.V. En el guión y en que el personaje sea algo a lo que puedas agarrarte. En general, prefiero dormirme con la conciencia tranquila, sabiendo que sólo he hecho las películas que a mí me parecen buenas, que ganar todo el dinero que podría ganar haciendo todo lo que me ofrecen. Aunque, si algún día me hace falta para comer, trabajaré en lo que sea, faltaría más.

MH. ¿Alguna vez se ha arrepentido de decir “no” a una película?

M.V. No, pero sí me ha pasado lo contrario. Ya ves qué buen ojo. Alguna vez he dicho “sí” a una película y el primer día de rodaje he pensado: “Qué horror, dónde me he metido”. También hice algunas sabiendo que iban a ser un espanto, en épocas en las que tenía que hacerlo. Al fin y al cabo, yo vivo de esto.

MH. En octubre, vuelve al teatro. Es su primera aparición en un escenario desde 2004.

M.V. Estoy encantada. Se trata de “El dios salvaje”. Mi marido y yo fuimos a verla a París y dijimos: “Ésta es”. Y Pedro se puso en marcha .

MH. Su marido es, entonces, su productor.

M.V. Es el mejor productor con el que se puede trabajar. Yo me enamoré de él porque me contrató para una función y flipé con su manera de producir, de hacer cosas de calidad, de tratar al equipo. No concibo hacer teatro sin él.

MH. En un gremio tan inestable como el suyo, debe ayudar tener un matrimonio duradero...

M.V. Me da la vida. Me aporta seguridad y lo hace sin quitarme mi energía ni mi entusiasmo por las cosas. Pase lo que pase, sabes que tienes tu rincón, tu parcela intocable que te da estabilidad, confianza, autoestima... Todo lo que necesitas.

La aventura de Coppola

Su encuentro con el director fue, como ella misma explica, muy natural: “Yo estaba de vacaciones en México y me llamó para decir que quería conocerme. Un mes después, me llegó el guión de “Tetro”. Es un director generoso, que te involucra. Es muy “pater”, una delicia”. Trabajar con Hollywood es diferente, “hay más dinero”, pero Maribel asegura que “mi vida está aquí, me iré a rodar donde estén los buenos proyectos. Pero no tengo ni ganas ni ambición de irme allí”. Además “Tetro” le ha permitido trabajar otra vez con Camen Maura: “Me encanta. Hay que aprender mucho de ella”.