Mercedes Salisachs nació en Barcelona en 1916, en una familia de la alta burguesía catalana. Se casó muy joven, tuvo cinco hijos y se hizo escritora ante la mirada reprobatoria de la alta sociedad a la que pertenecía. Tiene 31 libros publicados y millones de ejemplares vendidos. Su obra más conocida (aunque no la mejor, según ella), es “La gangrena”, que ganó el Planeta en 1975 y ya va por su 55ª edición. Acaba de celebrar su 91 cumpleaños alumbrando un nuevo “hijo” literario, “Entre la sombra y la luz” (Ediciones B). Y no piensa detenerse aquí.

MUJER HOY. ¿Es “Entre la sombra y la luz” una novela de amor?

MERCEDES SALISACHS. Bueno, tiene un poco de todo. Trata del enamoramiento, que la gente confunde con el amor y que dura muy poco; el amor es lo contrario: viene despacito, porque conoces a la persona. También es la historia de un hombre muerto que quiere conquistar a su mujer, aún viva, a la que en vida trataba a patadas. Y tiene algo de historia de fantasmas. Muchos de los fenómenos que narro son reales, me han pasado a mí y a gente que conozco.

MH. ¿Tiene algo de autobiográfico el personaje de Juana, la protagonista?

M.S. No, está basado un poco en una amiga mía. Cuando murió su marido, se destapó como una escultora estupenda, a la que nadie había hecho caso antes.

MH. Pero usted también sufrió esa incomprensión cuando empezaba a escribir.

MS. Sí, fue algo similar. Esa cosa horrible que llaman “alta sociedad” no concibe salir de sus pequeños criterios. Que yo escribiera les parecía espantoso; y más porque eran libros duros, ajenos a la novela rosa. Los intelectuales tampoco aceptaban que una señora “bien” escribiera. Y, aunque ABC siempre se portó bien conmigo, a la prensa tampoco le gustó lo de la “señora que escribe”. ¡Si a mí ser señora me importa un pepino! Pero al final logré estar a bien con todos. Y es que yo quería escribir desde pequeñita.

MH. Pero siempre hablamuymal de sus inicios.

MS. ¡Uy! ¡Un desastre! Empecé mi carrera con un fracaso sonadísimo. Pero dos personas me apoyaron: Eugenio D’Ors, que dijo cosas muy bonitas de mis escritos y me animó, y Enrique Jardiel Poncela, que me escribió una carta preciosa. Yo fui a verle a un café en el que escribía y nos hicimos muy amigos. Murió poco después. Conservo algunas cartas suyas y creo que incluso escribió una poesía para mí. Pero “Primera mañana, última mañana” fue la única novela seria de esa época. Descubrí cómo tenía que escribir y ya no paré.

MH. ¿Le resultó todo más difícil por ser mujer?

MS. No mucho. Ya había muchas mujeres que escribían: Ana María Matute, Carmen Martín Gaite, Carmen Laforet... Martín Gaite era simpatiquísima, buenísima. Cuando la conocí estaba empezando a escribir. Su marido, Rafael Sánchez Ferlosio, ya era premio Nadal. Ana María Matute y yo también nos conocimos de jovencitas. Yo le tenía una gran admiración, la quiero mucho y creo que ella también me quiere. Lo pasó mal en su matrimonio. Su marido era muy buen escritor, pero un ser alocado y rarísimo. Ella merece ser académica. porque conoce el castellano de maravilla.

MH. A usted le han criticado, como catalana, que escriba sólo en castellano.

MS. Es que en Cataluña no hay nadie que hable bien el castellano. Yo me he pasado años aprendiéndolo y creo que hoy puedo competir con un vallisoletano. Es una barbaridad esto del bilingüismo. Pero no me siento poco considerada en Cataluña, siempre me invitan a los eventos literarios.

MH. También tuvo problemas con la censura, durante el franquismo.

MS. Sí, y eso que me han tachado muchas veces de franquista. ¡Qué va! Al principio sí, porque pensaba que Franco daría paso a la monarquía, pero cuando vi que aquello era una dictadura... En “Una mujer llega al pueblo” hablaba, ridiculizándolo, de lo que pasaba en el país. La censura no lo pasó, pero ya estaba aceptado en Francia y al final me dejaron publicarlo, cortándolo muchísimo.

MH. Y ahora tiene un nuevo libro en mente.

MS. Sí, quiero hacer una biografía novelada de la reina Victoria Eugenia, la mujer de Alfonso XIII. Mi idea es presentarla cuando ya es vieja y viaja a España, tras 37 años de exilio, para asistir al bautizo del príncipe Felipe. Se aloja en el palacio de Liria y empieza a recordar su vida, todas sus desgracias y felicidades y todas las traiciones que sufrió, que fueron muchas.

MH. Sus libros están llenos de personajes imperfectos. No tiene mucha fe en el ser humano.

MS. Ninguna. No la tengo en mí, ¿cómo la voy a tener en otros? Claro que ahora soy más vieja y tengo criterio. Empecé a tenerlo cuando murió mi hijo Miguel, a los 20 años. Él era extraordinario, muy espiritual. Quería irse a vivir al campo y pintar. Pero tuvo un accidente de coche cuando iba con su maestro a ver a Picasso y murió. Yo pensé que la mejor manera de estar cerca de él era ser como él. Y cambié. Lo tengo presente todo el tiempo. A veces hasta me iba a su estudio, para ver si se me aparecía, pero no [ríe]. Y ya han pasado 50 años.

MH. Hablamucho del paso del tiempo en sus libros. ¿Cómo lo siente ahora, a sus 91 años?

MS. Soy vieja, sí, soy vieja. Siempre creí que iba a morir muy joven y ya ves. La vejez es la mejor época de la vida. No tengo pasiones ni ambiciones y me siento plácida, como si estuviera flotando y viéndolo todo desde lejos. Si no fuera porque el cuerpo no responde y porque casi todas las personas que he querido se han marchado ya... Me quedan dos o tres amigas de mi edad. Pero bueno, tengo otras más jóvenes, como Carmen Rigalt o Begoña Aranguren, a la que conocí cuando me llamó para “Epílogo”, esa entrevista de televisión que emiten después de que una muera.

MH. ¿Piensa usted en la muerte?

MS. Mucho. Es lo único infalible de la vida. No me asusta nada, estoy encantada de morirme. Sánchez Dragó, también amigo mío y un loco delicioso, me preguntó cómo me gustaría morir. Y le dije: “Sonriendo”.

MH. Y asegura que nadie la recordará.

MS. Claro, ¿quién se acuerda ya de D’Ors, que era como el Papa en mi época? Además, no me importa. Prefiero vivir el momento, que me dé un poco de alegría.

MH. Entonces, ¿no le queda nada por lograr?

MS. Me gustaría ver un libro mío en el cine. Cuando salió “La gangrena”, el productor Pepón Corominas se entusiasmó. Me decía que íbamos a hacer una película fantástica, que iba a buscar al mejor director, que yo haría el guión... Y un día, a punto ya de firmar el contrato, me llamó: “Mercedes, que no vamos a hacer “La gangrena” porque tengo un cáncer y me estoy muriendo”. Y falleció a los pocos días, pobrecito. Pero mis obras son muy cinematográficas. Puede que logre que me adapten alguna.

MH. ¿Qué opina del panorama literario español?

MS. ¡Que no existe! Todo lo que es motivo de escándalo se convierte en libro, y los textos malos se tratan igual que los buenos. Yo ya no puedo perder tiempo leyendo porquerías. Pero hay algunos bonitos, como el de Lucía Etxebarria, “Un milagro en equilibrio”, que está lleno de ternura.

MH. ¿Y de la llamada “literatura femenina”?

MS. No creo en eso. Y opino que las editoriales que la promocionan sólo logran que los hombres no lean esos libros.

UNA VIDA EN IMÁGENES

• En familia. “Siempre he querido mucho a los míos. Sufrí mucho cuando murió mi hijo Miguel, en 1958. Y al enfermar mi marido dejé de escribir durante 10 años. Ahora sólo lo paso mal cuando me cuentan cosas tristes de mi familia,” (en la foto, con sus nietos Ana y Miguel, en 1962).

• Entre escritores. “Carmen Martín Gaite y yo compartimos habitación en un congreso de escritores en Mallorca, en 1959. Nos hicimos amigas. Estaba preocupada por su hermana Anita –le acababa de dejar el novio–, y le dije que la mandara a nuestra finca de la Costa Brava, donde la animamos entre todos. En el mismo evento estaba Miguel Delibes, al que yo conocía a través de su mujer. Mi marido consiguió que nos prestaran el barco para la foto”.

• Planeta Lara. “Me presenté al Planeta en 1953, con seudónimo. En la cena del premio, que no gané, me hice presentar a José Manuel Lara. Él me dijo: “Había una novela mejor que la ganadora, pero la censura la habría prohibido”. Me empezó a contar la trama y cuando acabó, le dije: “Usted cree que le ha dado un premio al ganador. Pero me lo acaba de dar a mí. Yo soy la autora de ese libro”. Ganó el Planeta, finalmente, en 1975 (en la imagen).