Ha pasado seis años lejos de los focos, aparcando a un personaje al que no podía seguir el ritmo y buscando sólo una cosa: vivir como cualquier chica de su edad. Tras recuperar las riendas de su vida, esta semana vuelve a los escenarios.

Va peinada con una cola de caballo y un maquillaje casi inexistente. Habla con voz dulce, charla de todo y se ríe mucho. Lo ha conseguido. Ha vendido más de ocho millones de discos y lo que sume su álbum “Tarántula”, con el que inicia esta semana una gira por toda España. Ha sido la reina de las televisiones, el alarido más imitado en los karaokes, la del “sobreviviré”. Por fin lo ha logrado: Mónica se ha convertido en una chica de su edad.

MUJER HOY. ¿Por qué se llama “Tarántula” su último disco?

Mónica Naranjo. Es un resumen de estos años, de haber canalizado los malos sentimientos para hacer cosas bonitas, y también de todo ese veneno.

M.H. ¿Dónde ha estado todos estos años?

En casa, disfrutando de la familia, alejada de todo lo que significara trabajo, industria, artistas, y viviendo los años más felices de mi vida.

M.H. ¿También se alejó de todo lo que significaba Mónica Naranjo?

No quería saber nada.

M.H. Ha creado un personaje, permítame.

Sí, sí; lo es, es un personaje.

M.H. Bien, pues no sé si usted o la industria pero han creado un personaje. ¿Era un producto…

[Interrumpe] Mira, por llamarme producto recuerdo que dejé a uno de una discográfica sentado en Copacabana.

M.H. Le aseguro que no pretendía…

No, no; por Dios, lo sé, te entiendo perfectamente; pero los artistas no somos productos, somos personas. Y Mónica Naranjo es un personaje, pero como un actor que se caracteriza. Cuando tienes el guión de una canción tienes que caracterizarlo. Eso es Mónica Naranjo. Esos vestidos, ese drama, o esa ironía, o esa fortaleza… Eso forma parte del personaje, pero si fuera así por la vida me moriría.

M.H. ¿No es agotador estar a su propia altura?

No, no; es que yo no podría seguir el ritmo de Mónica Naranjo, noooo, olvídalo. Hacemos que la gente viva un mundo de fantasía, de plenitud, de ficción, y está muy bonito, pero después… La realidad es otra, para mí también.

M.H. ¿Le consumió su propio personaje?

Es que enfermas de éxito, que es distinto. Yo llegué a sentirme desubicada y fue cuando la industria sufrió grandes cambios. Acabábamos de sacar “Chicas malas” y ya me estaban pidiendo otro disco. Eso para una intérprete es fácil, porque pides canciones, las interpretas y te vas. Pero en mi caso somos tres o cuatro personas. Claro que se pueden hacer discos en tres meses, pero desde mi exigencia y mi responsabilidad, no.

M.H. ¿Fue esa voracidad del mercado lo que la metió en el bache?

Sí, quedé muy marcada con “Chicas malas”. Me dieron una oportunidad grandiosa, pero hice un disco que no debía, porque no era yo. Quise hacer éste, no me dejaron y dije: “Tiempo, porque no entiendo nada, es mejor quedarse en casa y vivir otra vida”.

M.H. ¿En qué vida pensaba?

Cuando lo dejé, lo hice sin más pensamiento que vivir la vida.

M.H. ¿Y qué vida ha vivido?

La que quería: mi familia, mis perros, mis gatos, mi casa que no tenía muebles… He construido mi vida, que no la tenía. Yo tenía trabajo, pero no vida. Me fui de casa a los 17 años y hasta los 27 estuve trabajando sin parar. Dije: “No, no, la vida me está dando toques, y si sigo así voy a enfermar. Ya lo he hecho, son ocho millones de discos; ahora, a descansar, y cuando se tengan ganas, si se tienen, volvemos”.

M.H. ¿Y qué ha encontrado estos años?

A mí misma, que andaba muy perdida. Todo giraba en torno a Mónica Naranjo, y llegaba un momento que decía: “No sé qué hacer el fin de semana, estoy con los compañeros y no sé de qué hablar, porque tengo en todo momento el trabajo en la cabeza. ¡Pues chica, tienes un grave problema!”. Y lo tenía.

M.H. ¿No sabía hacer las cosas de las chicas de tu edad?

Yo nunca he hecho las cosas de las chicas de mi edad. No he tenido infancia, adolescencia…

M.H. ¿Y eso?

En casa hubo problemas, discrepancias entre los padres. Somos tres hermanos y crecimos en un ambiente hostil, de modo que hubo que madurar rápido.

M.H. ¿Aprendió a crearse un personaje fuerte?

Aprendí a llevar el dolor, la soledad… Vivíamos en Figueras, que entonces era un pueblo, y no tenía amigas, porque procedía de una familia muy humilde y no querían juntarse conmigo, era… un poco rechazada. Entonces aprendí a vivir muy bien con la soledad, me hice muy amiga de ella. Algo bueno tuvo todo aquello, porque me regalaron un magnetófono y yo iba loca todo el día escuchando música y cantando (risas).

M.H. ¿Cantaba ya?

Sí, desde pequeñita. Fue lo que me salvó la vida. Para mí, la música es la profesión más bonita del mundo y me ha salvado la vida en varias ocasiones, porque tengo mucha energía y necesito canalizarla. Si no, me muero.

M.H. ¿No le da miedo que tanta energía también puede ser negativa?

He aprendido cuáles son mis límites como persona y como artista.

M.H. ¿Ya sabe hacer cosas de su edad?

Estos cinco años ha sido lo que he estado aprendiendo, sí.

M.H. ¿Y qué ha aprendido?

Pues muchas cosas, por ejemplo a hacer una tortilla de patatas e irme a la playa a comérmela, con un chándal, a escuchar el mar, a disfrutar de mi sobrina y de mi marido…

M.H. ¿Está casada?

Sí, por segunda vez [risas]. ¿Te das cuenta de que no he hecho cosas de mi edad? Creo que lo más importante que he aprendido en estos cinco años es que las cosas más sencillas son las que más te llenan. Por eso me he dedicado a estudiar cocina.

M.H. ¿Y qué platos se le dan mejor?

A mí, todo. Lugar donde estoy, lugar donde pillo un máster. Estuve un año en Italia e hice un curso sobre pasta: cómo rellenarla, cómo hacer ñoquis… Cuando vienen mis amigos a casa, yo cocino, soy la “mamma”.. Todo hecho a mano, con la harina de maíz, su patatita… Hay que hacerlo a mano, tener contacto con las cosas, tocar.

M.H. Mónica Naranjo, amasando ñoquis. Perdone, pero no le pega nada.

Es que cuando entro en casa, dejo el trabajo fuera. Y si pudiera, sacaría todo los vestidos al jardín, porque yo en mi casa estoy en chándal. Soy una ama de casa y a mí ese título no me lo quita nadie. Como ama de casa, soy la top, la más grande.

UN NOMBRE QUE LA DEFINE

Mujer. “¿Qué importa el sexo? Soy una mujer que puede amar a una mujer o a un hombre; yo amo a la persona, no a su sexo”, dice.

Orgullosa. De sus orígenes humildes, de sus ventas, de la adoración de sus fans, de su arte, de sus ñoquis caseros…

Número 1. Cada disco que saca se convierte en un éxito de ventas. Su último trabajo, “Tarántula”, es número 1 en las listas.

Imagen. Es esencial en Mónica Naranjo. Su pelo, su maquillaje, sus vestidos... Ella domina estos recursos teatrales como pocos.

Callas. Adora a María Callas, de la que se sabe su vida al dedillo.

Ambiente. Es un icono gay por su fuerza, su histrionismo, su glamour, su teatralidad y por lo arrebatado de sus canciones.



EL DIARIO DE MÓNICA. “Eres grande”, “eres toda una diva”, “musa de la vida”, “gracias por volver”, son algunas de las perlas que las fans le dedican a Mónica en su Diario de a Bordo ( www.monicanaranjo.com). Allí, la cantante escribe en un libro virtual sus experiencias y anuncia sus próximas citas con los fans. También les agradece la acogida de “Tarántula”, en estos tiempos de “piratería” y “falta de amor hacia la música”. “Me resulta maravilloso comprobar que mi pequeña joya forma ya parte de vuestras vidas”, asegura.


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Además de una gran artista de fama internacional, Mónica Naranjo tiene un corazón de oro y saca su faceta más solidaria siempre que puede.
Con un tema tan preocupante como lo es el del abandono de animales se muestra comprometida en una campaña a favor de la adopción de mascotas promovida por nuestro portal amigo acogelos.org

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