Llegó a Médicos Sin Fronteras en 1999, después de ejercer como marinero–médico en Greenpeace. Desde entonces, catástrofes y conflictos de medio mundo han contado con la ayuda de esta trabajadora humanitaria que nunca pensó en dedicarse a otra cosa que intentar paliar el sufrimiento. Desde hace tres años lo intenta como presidenta de esta organización.

Balance de la última década

“Creo que hemos funcionado bien allá donde se nos necesitaba. Lo malo es que seguimos teniendo muchísimo trabajo, y eso significa que el mundo no funciona mejor”.

La mujer en mi mundo

En otros países la situación de la mujer es precaria: sufren discriminación, su acceso a la sanidad es reducido y la violencia sexual es utilizada como un arma de guerra. Tienen miedo”.

Una asignatura pendiente

Si hubiera voluntad política, se podría acabar con la desnutrición usando alimentos terapéuticos listos para usar”.

La noticia que querría ver publicada

Que todos los que formamos Médicos Sin Fronteras estamos en el paro. Si no hiciéramos falta, sería estupendo”.