El homenaje que la CRUE (Conferencia de Rectores de Universidades Españolas) organizó a Elisa Pérez Vera, la primera mujer que ostentó el cargo de rectora en nuestro país, nos sirve de excusa para charlar con seis de las 10 rectoras que sobreviven en los despachos de esta institución.

Por motivos de agenda faltaron a la cita Ana Ripoll Aracil, de la Universidad Autónoma de Barcelona; Inma Tubella, de la Universidad Oberta de Cataluña; Anna María Geli de Ciurana de la Universidad de Girona y Assumpta Fargas i Riera, de la Universidad de Vic. Pero una charla con sus compañeras nos ayuda a comprender mejor el panorama femenino en la Universidad española fuera y dentro de las altas jerarquías.

Un panorama compuesto por 74 universidades. 51 públicas y 23 privadas. En las que hay 64 rectores y sólo 10 rectoras. Cifras que hablan por sí solas. Y es que la historia de la mujer en esta entidad no ha sido, ni mucho menos, un camino de rosas. Hasta mediados del siglo XIX no se permitió su entrada en las clases y se hizo siempre y cuando ocuparan un lugar separado, no intervinieran en las clases y renunciaran al derecho a los exámenes y los títulos. Pero hay más.

A principios del siglo XX, el 70 % de las españolas eran analfabetas. El esfuerzo de la II República permitió que 30 años después esa cifra se redujese hasta el 48%. Sin embargo, la Guerra Civil paralizó este avance y no fue hasta 1978, con la Constitución democrática, cuando se estableció la igualdad en el acceso a la formación superior para hombres y mujeres. No obstante, ya en los años 50 y 60 muchas mujeres excepcionales decidieron afrontar obstáculos familiares y sociales y entraron en la universidad.

Lo que queda

“Todavía nos queda un largo camino por recorrer para alcanzar la igualdad en los puestos de máxima responsabilidad”, afirma la investigadora María Yolanda Paz Báñez, autora del estudio “La situación de la mujer en las universidades españolas. Estudio de su segregación” por el que la Diputación de Huelva le ha concedido el Premio de Investigación en Igualdad de Género. “Todavía hay tendencias discriminatorias en la promoción profesional y el acceso a los puestos de decisión y representación. En la universidad existe segregación horizontal: se coloca a las mujeres en los sectores de actividades de carácter secundario, con menor prestigio laboral y peor pagados. Un ejemplo es el puesto de administración y servicios. De esta manera, ellas tienden a concentrarse en determinados sectores, puestos o categorías”, explica esta experta.

Pero lo más negativo es la segregación vertical: la escasa representatividad de las mujeres en los órganos de decisión. Con el objetivo de romper ese “techo de cristal” Paz Bañez propone: “Promover la eliminación de barreras en los mercados de trabajo promocionando la participación de la mujer en ocupaciones tradicionalmente masculinas, incentivar con reducciones en las cotizaciones sociales los “programas de acción positiva”, flexibilizar los horarios laborales y mejorar el proceso de formación de las mujeres potenciando las carreras científico-técnicas y profesionales entre ellas”.

La investigadora parece tener claro el camino a seguir, pero ¿comparten las rectoras su visión del mundo universitario? ¿Son el futuro o una especie protegida?

Adelaida de la Calle, rectora de la Universidad de Málaga.

Lleva en el cargo cinco años. “Establecer cuotas es una medida eficaz para lograr que las mujeres asciendan. Aunque también debería llevarse a cabo un plan para que vida familiar y profesional fueran compatibles. Yo no he sido discriminada, pero me ha tocado demostrar que podía ejecutar mi trabajo tan bien o mejor que un hombre. Para romper con esta actitud machista es necesario apostar por la educación en la igualdad desde la infancia”.

Águeda Benito, Universidad Europea de Madrid.

Rectora desde hace ocho meses. “La universidad es un reflejo de la sociedad española y esto explica la feminización de las aulas. En el futuro, el número de rectoras se igualará de forma natural al de rectores. Las mujeres han aportado a esta institución un trato más dialogante y el sentido de la responsabilidad a la hora de asumir retos importantes. Aunque hoy, conciliar mi cargo como rectora con mi faceta como madre es misión imposible”.

Monserrat Casas, Universidad de las Islas Baleares
 
Rectora desde hace dos años. “Considero primordial aplicar medidas de discriminación positiva con el fin de que en igualdad de condiciones ante un cargo se dé la oportunidad a la mujer y no siempre al hombre. Es terrible, pero todavía nos toca pelear y demostrar que valemos, mientras que a ellos se les supone su profesionalidad. Debemos acabar con este prejuicio, ya que no se trata de una cuestión de género, sino de preparación profesional”.

Rosario Sáez, Universidad Católica de Ávila

Es rectora desde hace tres años. “Es necesario facilitar el acceso a las mujeres a los puestos de responsabilidad aplicando flexibilidad en los horarios, la posibilidad de trabajar desde casa y creando más guarderías, porque ahora conciliar es imposible. Además, para ser rectora no creo que sea necesario ser catedrática, porque es un puesto de gestión, y cambiar este requisito también facilitaría que hubiera más rectoras en nuestro país”.

Josefina García, Universidad Católica de Murcia

Se estrenó en el cargo hace un año. “Hay mayoría femenina en las aulas porque ellas son conscientes de que tienen que ser autosufi cientes y de que son tan válidas como los hombres para estudiar. No debe producirse una lucha de géneros para progresar, sino que deben ser las capacidades y las habilidades las que marquen las diferencias a la hora de elegir a alguien para un cargo. En breve veremos cómo el número de rectoras se equipara al de los hombres”.

Esther Giménez, Universidad Ramón Llull de Barcelona

Lleva siete años como rectora. “No hay más mujeres en puestos directivos porque no nos gusta el poder tanto como a los hombres y porque resulta imposible compaginar la vida familiar con la profesional. Tengo claro que si tuviera hijos pequeños no podría ser rectora, porque este cargo me exige 12 horas diarias y continuos viajes. A las mujeres nos queda mucho por luchar hasta lograr el equilibrio en estos puestos de máxima responsabilidad”.

SÓLO REINAN EN LAS AULAS

Casi el 55% de los universitarios de primer y segundo ciclo (diplomaturas y licenciaturas) son mujeres, y entre los graduados las féminas alcanzan el 61%. Entre los másteres oficiales, ellas representan casi el 54% y en los doctorados cifran el 52%. Así se desprende del último informe de datos y cifras del curso 2008-2009 del Sistema Universitario Español de donde también se extrae que sólo el 36% del personal docente e investigador es femenino.

Cuanto más se asciende en la escala docente, menos mujeres hay, hasta llegar al colectivo de los catedráticos en el que la representación femenina es sólo del 14,3%. En cuanto a las carreras, sólo en las Enseñanzas Técnicas (con un 27,4% de féminas frente a un 72% de hombres) subsiste la diferencia, aunque se va acortando.

LA PIONERA Y SUS ALUMNAS

Elisa Pérez Vera fue, entre 1982 y 1987, la primera española en asumir la responsabilidad de ser la rectora de una universidad. Una posición privilegiada para opinar sobre qué se necesita para llegar a lo más alto: “Cuando eres catedrática, las dificultades de hombres y mujeres son las mismas. La clave para ambos es convencer al electorado de que es la mejor opción posible. Pero lo fundamental es desarrollar en las mujeres vocación de liderazgo”. El camino que abrió Elisa ha tenido pocas, pero muy valiosas seguidoras.

En la propia UNED, la universidad en la que desarrolló su actividad como rectora, Araceli Macía Antón asumió el mismo reto entre 2001 y 2005. Además de ellas, han ostentando la vara de mando Josefina Gómez Mendoza, de la Autónoma de Madrid (1984/85); María Luisa Tejedor Salguero, de la de La Laguna (1990/95); Rosario Valpuesta Fernández, de la Pablo de Olavide de Sevilla (2001/03); Carmen Ortiz Lallana, de la de la Rioja (2001/04) y Rosa María Virós Galtier, de la Pompeu Fabra de Barcelona (2001/05).