La esposa del nuevo primer ministro británico, Gordon Brown, es muy distinta de su predecesora, Cherie Blair. Experta en relaciones públicas, miembro de la Iglesia de Escocia y acostumbrada al sufrimiento (se le murió una hija y uno de sus hijos padece fibrosis quística), es una mujer sencilla que detesta el maquillaje. Adicta a las buenas causas, trabaja para tres ONG a favor de la infancia, contra el cáncer y contra la violencia doméstica. Evitará ser carnaza de tabloide y se dedicará a sus hijos y sus fundaciones.