Ultraconservadora, populista y directa, la que ha sido candidata republicana a la vicepresidencia de Estados Unidos y mano derecha del senador McCain despierta por igual el odio y la adoración de las mujeres. ¿Por qué?

Tiene todas las papeletas para ser detestada por las defensoras de la igualdad de género. La única educación sexual que admite es el fomento de la abstinencia y rechaza el aborto, incluso en casos de violación o incesto. También se opone al matrimonio homosexual, apoya la intervención militar en Irak –“Es una tarea que viene de Dios”, ha dicho–, es profundamente religiosa, pertenece a la Asociación del Rifle y quiere construir un gasoducto a través de una reserva natural de Alaska, estado del que es gobernadora. Todo esto hace que las feministas, por lo general de talante progresista, se lleven las manos a la cabeza.

Pero muchas mujeres se sienten identificadas con ella. Palin se vende como una “hockey mom” (madre de clase media que lleva a sus hijos al entrenamiento) con los mismos problemas que sus votantes; que intenta, como ellas, transmitir valores a sus hijos, aunque ellos no siempre respondan. Y esta maniobra ha permitido que el inoportuno embarazo de su hija adolescente le haya traído más simpatías que críticas.

Mujer de principios

Además, Sarah es consecuente y esa honestidad gusta a las votantes. No oculta su fe y, cuando supo que Trig, el menor de sus cinco hijos, nacería con síndrome de Down, no se planteó otra opción que no fuera tenerlo. Sus amigos de infancia dicen de ella que es “dura, pero honesta” y siempre ha puesto el acento en la ética a lo largo de su gestión política. Además, ha logrado una imagen de corredora independiente, ajena al “establishment” y sus chanchullos, algo que atrae las simpatías de las mujeres. Y, no lo olvidemos, es la segunda fémina que opta a la vicepresidencia en la historia de EE UU. La primera fue la demócrata Geraldine Ferraro, en 1984.

El caso es que muchas mujeres han decidido votar republicano para aupar a Palin a la Casa Blanca. Y entre ellas hay muchas votantes habituales del Partido Demócrata, dispuestas a olvidar sus principios políticos a cambio de visibilidad, ruptura del techo de cristal y mayor atención a los problemas de la mujer.

Voto protesta

Las demócratas expresan así su descontento por la falta de apoyo de su partido a Hillary Clinton, derrotada en las primarias por Barack Obama. Y, aunque la periodista Gloria Steinem afirma que eso es como decir: “Me han robado los zapatos, así que voy a amputarme las piernas”, a los republicanos esta lógica les funciona. Palin no tiene experiencia federal o internacional (su primer viaje fuera de EE. UU ha sido este mismo año, para visitar a las tropas en Irak) y lleva menos de dos años como gobernadora, pero su tirón es enorme. A sus mítines acuden multitudes de hasta 7.000 personas (su jefe, John McCain, se queda en 1.000) y uno de sus discursos fue seguido por 37,2 millones de americanos, sólo 800.000 menos que el “megamitin” de Obama. Según el analista Karl Rove, los vicepresidentes atraen menos del 1% de los votos, pero la popularidad de Palin podría incrementar esta cifra hasta un decisivo 3%.

Tal vez en Europa nos sorprenda este apoyo de las mujeres a una candidata tan conservadora; pero las estadounidenses defienden que la lucha por la igualdad no es patrimonio de un solo partido. Además, muchas de las votantes actuales no son herederas del movimiento feminista de los 60 y 70 y de sus puntales progresistas, por lo que las posturas conservadoras de Palin no les resultan tan extremadas. Incluso existe un grupo llamado “Feminists for life”, contrario al aborto, del que la candidata republicana es miembro. Las mujeres que confían en Sarah Palin opinan que aborto y educación sexual son sólo dos asuntos entre los muchos que preocupan a las féminas, y esperan que las apoye legislando a favor de las madres solteras, contra la pornografía infantil o contra los malos tratos. A la hora de votar, ellas tendrán la palabra.