Susanna Tamaro no responde al prototipo de escritora de best-sellers. Vive lejos de las multitudes, en una finca de la Umbría italiana, escribiendo en los meses fríos y cuidando del huerto y de los animales en los cálidos. Pero la suya no es una vida solitaria: la acompañan Roberta, su amiga inseparable, y una familia peruana de guardeses, que ocupa su propia casa dentro de la finca. La escritora nos recibe con la sonrisa tímida que luce casi siempre y con unas tijeras de podar en la mano. La entrevista (en el salón, junto al fuego que crepita en una pequeña alamandra) se desarrolla entre pequeñas interrupciones: Roberta quiere leerle un mail de una lectora española de “Luisito”; Alexia, la hija mayor de los guardeses, pide ayuda con sus deberes de latín; los perros entran y salen a su antojo y suena el timbre que anuncia que la alumna de karate de Susanna ya está aquí. Y Tamaro, en el centro de este bullicio hogareño, sigue sonriendo mientras habla y bebe té.

MUJER HOY. “Luisito” es un libro muy intenso, muy emocional. ¿Cómo se le ocurrió?

SUSANNA TAMARO. Me interesa mucho la vejez. Anselma, la protagonista, vive en una gran soledad hasta que encuentra un papagayo en la basura. Y, al abrirse a su afecto, recupera todo lo que disfrutaba antes: la música, los amigos... Los ancianos están muy solos, prisioneros de su memoria y sus enfermedades, y muchos se salvan gracias a sus mascotas: pasean al perro o salen a comprar comida al gato y así hablan con otras personas. El Ayuntamiento de Milán ha lanzado una terapia contra la soledad de los mayores, dándoles un perro y algo de dinero para cuidarlo.

MH. Sus libros siempre describen familias disfuncionales. ¿Por qué?

ST. No tuve una familia normal. Nací en 1957 y mis padres fueron de los primeros en separarse. Mi padre era muy hippy y tanto mi madre como él tuvieron nuevas parejas. Todo aquello me creó mucha inseguridad. Creo que la familia es algo muy importante y que los niños necesitan una mamá y un papá. Pero hace falta ser muy maduro y profundo para mantener una familia y conseguir que no se convierta en un infierno.

MH. Usted vive con una familia “elegida”. ¿Cómo llegó a hacerlo?

ST. En cierto momento, comprendí que no deseaba hijos ni una familia tradicional. El matrimonio es muy difícil. Y para mi trabajo era mejor no tener niños. ¡Pobres! Paso meses escribiendo y habría sido una mala madre. Conocí por casualidad a Roberta, que ya vivía en esta zona, y nos pusimos de acuerdo para vivir juntas. Un día, encontramos a Alexia. Me dio la mano por la calle y pensé que nos necesitaba. La trajimos a casa, y a su familia también. ¡Hay tanto sitio en esta casa! Hemos llegado a ser 12. Me gusta tener gente alrededor. El hombre es un ser social y el matrimonio no es la única opción. Hay muchas maneras de vivir en un entorno afectuoso.

MH. ¿Cree que hay que reinventar la familia?

ST. Sí. Hay que quitarle el autoritarismo que tenía la familia patriarcal, sin eliminar la autoridad que necesitan los niños. Muchos tienen hijos por narcisismo y no quieren reñirles ni verlos llorar. Y para educar es necesario decir “no”.

MH. De hecho, la protagonista de “Luisito” es maestra y parte del libro es una reflexión sobre la educación. ¿Le interesa el tema?

ST. Sí. Estudié Magisterio, aunque no llegué a ejercer, y creo que estamos presionando a nuestros maestros hasta el límite. Los niños tienen todo el poder en la escuela y sus padres se sitúan con ellos y contra el enseñante, que vive aterrorizado. Eso no está bien. Por eso introduje en “Luisito” una escena en la que Anselma abofetea a un alumno. Muchos amigos la alabaron. Es necesario volver a dar la autoridad a los maestros. ¿Cómo se apañarán los niños en el futuro, si no aprenden a vivir en sociedad?

MH. A pesar de todo, “Luisito” es un libro mucho más optimista que los anteriores. ¿Ahora tiene más fe en la vida?

ST. Así es. Será que he pasado ya de los 50 años, y en la segunda mitad de mi vida voy a ser optimista [ríe]. Esas cosas suceden. De joven era muy pesimista y solitaria. Estaba enfadada con todo el mundo. Llegaron los años de la protesta política, en la que estaban todos mis compañeros, y yo no participé. Tenía pocos amigos.

MH. ¿Quería entonces ser escritora?

ST. ¡Era lo último que se podía esperar de mí! Iba fatal en la escuela, no me gustaba leer y quería estudiar zoología. Finalmente, me apunté a la escuela de cine de Roma, sólo para poder vivir allí. Después trabajé en el mundo del cine, pero no encontraba dinero para dirigir algo. Me puse a escribir porque no costaba nada; sólo hacía falta un papel, lápiz y energía.

MH. ¿Fue en esa época también cuando se convirtió al cristianismo?

ST. Sí. Yo nací en una familia muy particular. Mi madre procedía de una familia judía conversa y mi padre, que era taoísta, de socialistas ateos. No recibí ninguna educación religiosa. En los 70, cuando era joven, sólo había lucha política, ningún discurso sobre espiritualidad. Pero yo siempre me sentí muy inquieta en ese sentido. Empecé a buscar. Para comprender mi herencia judía, pasé unos meses en un kibbutz de Israel. Esa tierra tenía algo que me hacía vibrar por dentro. Conocí a muchas personas y los cristianos me parecieron los de mente más libre. Así que comencé a estudiar la fe y la Biblia. Pero la verdad es que soy cristiana gracias al taoísmo. Pensé: “Si en esta vida el karma quiere que sea cristiana, tendré que serlo”. Ser espiritual supone admitir que nuestra vida es un misterio y que no todo es materia. Y el cristianismo nos da una inmensa libertad. Abole casi todos los ritos y dice “ama y haz lo que quieras”. Curiosamente, mi padre se alegró. Admiraba mucho a Jesucristo. Sólo le preocupaba que me volviera clerical y por ahí no había peligro.

MH. Y después le llegó la fama.

ST. Sí, “Donde el corazón te lleve” se convirtió en un fenómeno. Fue un gran shock. No hubo marketing de por medio, todo sucedió de improviso y yo no estaba preparada. Pasé de una vida tranquila a estar bajo la luz pública, con la responsabilidad de un montón de lectores. Fue muy difícil.

MH. ¿No le trajo nada bueno?

ST. La relación con mis lectores fue algo maravilloso. Además, en Italia “Donde el corazón te lleve” es el libro más leído del siglo XX. Es muy emocionante haber escrito un libro importante para tu país. Pude comprar mi casa, tener animales... y poner en marcha la Fundación Tamaro, hace nueve años. Pensé que no necesitaba ganar tanto, que no quería ser esclava del dinero. Y creé esta entidad para poner en marcha, sobre todo, proyectos para la mujer. Soy muy feminista. Creo que, en todos los países del mundo, cuando se ayuda a las mujeres se ayuda al progreso. Tenemos proyectos en Sudamérica, Congo, Corea e India. En Italia contamos con becas universitarias para extranjeras, que así pueden volver a sus países y ayudar, cambiar allí la situación de las féminas. Eso me hace mucho más feliz que comprarme un Mercedes.

MH. Y, después de tanta búsqueda, ¿ha encontrado lo que quería?

ST. Sí. No creo que cambie más, aunque la vida siempre te sorprende. Estoy muy contenta de cómo he construido mi existencia. Creo que cada vez entiendo más cosas de mí misma, de los demás, del mundo, y que siempre me he ido convirtiendo en alguien mejor. Y en eso consiste la vida.

BREVE BIOGRAFÍA ANECDÓTICA

• Susanna Tamaro (Trieste, 1957) fue una niña tímida, que se aburría en el colegio. Empezó a escribir en 1978. Visitó Eslovenia e Israel en busca de sus raíces y logró acabar con sus migrañas gracias al karate.

• Su primer libro publicado fue “La cabeza entre las nubes” (1989). Poco después, tuvo que dejar Roma a causa del asma y se mudó a la Umbría. “Donde el corazón te lleve” (1994) fue un fenómeno de ventas y Tamaro publicó en 2007 su continuación, “Escucha mi voz”.

“Luisito” (Seix Barral) es su última obra, de momento. Ahora trabaja en un libro para niños y en la adaptación cinematográfica de “Luisito”.

UNA CASA CON VISTAS AL ZOO

“Cuando era pequeña, soñaba con tener muchísimos animales”, dice Tamaro. Y lo ha conseguido. Siete perros rescatados de destinos inciertos, un gato (los perros no han dejado más), un burro, dos ponies, un caballo, siete conejos, ocho gallinas, un estanque con peces y una gran pajarera en la que vive el verdadero Luisito. Susanna lo encontró junto a un cubo de basura en Roma y ha revivido ese episodio en su novela. “Los animales me hacen reír –asegura–, me ponen de buen humor. Por eso pensé que la protagonista de “Luisito” podría abrirse a la vida a través del afecto de un ser tan inocente”.