Isa, la atracadora ácida y generosa de “El patio de mi cárcel”, se ha llevado por delante a “La Juani”. Echegui vuelve a comerse la pantalla con esta historia de mujeres presidiarias hundidas por la vida y redimidas por el teatro.

Esta madrileña de 25 años ya tiene un Goya a la mejor actriz revelación. Su papel en “Yo soy la Juani” (2006), del director Bigas Luna, la catapultó a las primeras páginas del cine nacional. Ahora vuelve a la primera plana con su último trabajo, el de una chica de armas tomar en “El patio de mi cárcel”. Quien vea la película entenderá que, dentro de unos años, Verónica Echegui puede convertirse en una de las llaves maestras del cine español. Tendrá que pelear mucho, eso sí, porque pertenece a una generación de actrices que viene pisando fuerte.

Mujer hoy. Me ha comentado, unos minutos antes de empezar la entrevista, que “El patio de mi cárcel” gusta más a las mujeres. ¿Por qué cree que es así?

Verónica Echegui. Creo que es porque podemos imaginar lo que sienten estas mujeres privadas de libertad, pero también sus familias: nos ponemos en el lugar de una mujer a la que separan de su hijo. Dicen que siempre que hay una “peli” de chicas es porque la directora es una mujer, ¡pues claro, y los hombres han hecho siempre historias de hombres! Hacen falta relatos que cuenten el universo femenino. Nosotras hemos visto miles de películas masculinas, ¿por qué no hacen ellos lo mismo?

¿Qué ambiente se creó entre las actrices?

Fue brutal, pero sin ponerlo en plan sueño americano: cada una como es, con nuestros días mejores y peores y con nuestras cosas. Pero, en conjunto, hicimos muy buena piña. Había una energía muy potente.

Padre abogado y madre funcionaria. ¿Cómo le dio por la interpretación?

Lo mío fue muy típico: desde que era pequeñita deseaba ser actriz. Mis padres no querían que me dedicara a la interpretación y acabé haciendo un curso por mi cuenta, pagándomelo yo.

¿Y al final lo hizo al margen de sus padres o logró convencerles?

No, lo hice pasando de ellos, presentándome a las pruebas sin decirles nada... Hasta que logré un papel y llegué a casa y les dije: “Oye, que es una carrera”. Y bueno, ya sabes cómo es empezar en esto.

¿Cómo es empezar en esto?
 
Uy, el primer año se te pasa haciéndote el “book” de fotos y el de vídeo, presentándote a todo... Vas a ver si te eligen para un anuncio y no te cogen ni para publicitar galletas.

¿No la seleccionaron para ningún anuncio?
 
Qué va. Llegaba allí y me encontraba rodeada de chicas espectaculares, modelos tremendas. Y pensaba: “Bueno, a ver si echándole un poco de gracia me lo llevo”.

Después de algunos cortos y series, se presentó a las pruebas que convocaba el director Bigas Luna para seleccionar a la protagonista de su película “Yo soy la Juani”.

Él no buscaba actrices, sino “Juanis”. A Bigas Luna le vi en un reportaje, buscando a la protagonista, y empecé a maquinar. ¡Incluso preparé un CD! Me inventé una canción y me grabó una amiga [risas]. Luego no se lo llegué a entregar. Los de la agencia me dijeron: “¡No le des esto, que es muy triste!” [se parte de la risa]. Yo salía hasta con carteles que ponían: “¡Vótame, vótame!”.

¿Qué cree que vio en usted?

Yo soy payasa, tengo energía, estoy suficientemente loca como para hacer el tonto y no tener vergüenza. Pero él dice que lo que vio fue desparpajo, que me chiflaba por todo, y gracia.

¿Qué importancia da al físico en su carrera?

Eso me creó bastantes conflictos a partir de la Juani porque sí, yo me vi muy mona, estaba muy guapa. Y muy sensual. Claro, ese punto fue... Yo soy sensual, claro que sí, pero no lo empleo como herramienta, ni forma parte de mi día a día; ser sexy no es un rasgo sustancial. Y eso me genera conflicto: en la promoción se utiliza mucho esa imagen de la Juani y, si no me identifico con eso, no puedo jugar a ser algo que no soy. Es como si a ti te presentan como una bomba sexual. Tú tienes tu vida tan tranquila, que no tiene nada que ver con eso, pero la gente funciona por la idea que tiene de ti, y se te acerca de una manera concreta. Al principio te choca, después te hace gracia y al final te da igual.

¿Qué es lo que le gusta de su profesión?

Me vuelve loca, me encanta el viaje de actuar y vivir dentro de la obra. Como público, siempre he buscado volar, trasladarme a otras vidas... Eso me da esperanza, la verdad. Y me gusta formar parte de la maquinaria que lo consigue.

Quería empezar este año Antropología. ¿Se ha matriculado?

No me he matriculado, pero quería hacerlo porque me interesa mucho el ser humano, quiero comprender de dónde venimos, las antiguas civilizaciones... Es simple curiosidad.

Como actriz, ¿prefiere hacer teatro, cine o televisión?
 
El teatro es lo que más me gusta, como espacio y porque es el lugar más bonito para ese viaje. Además, cada uno de esos viajes, cada día, es distinto. El cine me apetece mucho, considero que es más difícil que el teatro porque tienes que hilar muy fino y ser muy sutil. Me parece muy complicado encajar tu momento con lo técnico, al tiempo que la cámara esta lista y la luz coincide. Es tan difícil...

¿Y la televisión?

Me parece un buen entrenamiento. El ritmo es rápido, vas a matacaballo y es un estupendo calentamiento. Pero no me atrae porque, si funcionas, olvídate de tu intimidad. Te absorbe los días y te quedas sin vida.

“El patio de mi cárcel” es una película coral, en la que coinciden varias actrices muy jóvenes. ¿Se ve como parte de una generación de intérpretes?

No sé qué decirte. Natalia, Violeta, Adriana... Creo que sí, que formamos parte de una generación nueva.

¿Qué cree que tienen ustedes que aportar como tal generación?
 
Por un lado, creo que somos muy rigurosas en el trabajo. Y tal vez esta generación tiene un aspecto más moderno o vanguardista, experimentamos e investigamos mucho y creo que somos más conscientes del proceso de componer un personaje. Estamos en el camino y tenemos claro que somos un canal, un medio. Hay algunas chicas con mucho talento. Hay gente muy buena, gente alucinante, que, si desarrolla bien sus habilidades, con el tiempo puede ser tremenda. Y yo me cuento entre ellas. Soy consciente de mis limitaciones, pero también de mis capacidades, y sé lo que puedo hacer.

¿Cuáles son esas limitaciones a las que se acaba de referir?

La inseguridad, sobre todo; aún me falta confianza.

¿Y su punto fuerte?
 
El riesgo: esos momentos en los que no tengo miedo y me lanzo. Cuando me da igual el riesgo funciono muy bien, y ahí vuelo. Pero todavía tengo mucho vértigo para hacer eso. Aspiro a que un día me salga de manera natural.

¿Cuál es su actriz española preferida?

Me flipan el rostro y el fuego que tiene Victoria Abril; Maribel Verdú me ha gustado siempre; admiro enormemente a Penélope Cruz, la manera en que ha evolucionado a lo largo de los años; a Marisa Paredes la veo una gran dama, una mujer completa; Blanca Portillo me alucina; de Elena Anaya, me quedo con el ángel que tiene. Ah, y también me gusta mucho, mucho Charo López, como actriz y como persona.

¿Qué consejo te han dado las mayores?

Recuerdo uno que me dio otro actor, Juan Antonio Codina: “Mira, el trabajo lo tienes que hacer al final y hay dos opciones: vivirlo sufriendo o aprovechar y disfrutarlo”. También me han recomendado que dosifique mis energías, que aprenda a desconectar del personaje.

Finalmente, ¿sus padres han aceptado su profesión?

Sí, ya sí la han aceptado.

Analizamos el estilo de Verónica Echegui