¿Una soprano en la lista de las 100 mujeres más sexys? Así es la nueva generación de intérpretes que ha revolucionado la escena. El exceso de kilos ya no se considera un requisito indispensable para cantar. Todo lo contrario, incluso puede ser un serio inconveniente. Te descubrimos a las grandes y bellas representantes de esta nueva élite de la ópera.

Algo ha cambiado dentro de la ópera. Las nuevas divas poco tienen que ver con la imagen de Montserrat Caballé o la Castafiore. El exceso de kilos ya no se considera un requisito indispensable para cantar. Todo lo contrario, incluso puede ser un serio inconveniente, como descubrió Deborah Voigt en 2004. Ella es una de las sopranos más importantes de la actualidad, pero en la Royal Opera House de Londres no se lo pensaron dos veces a la hora de rescindir su contrato. Se comentó entonces que, por culpa de su sobrepeso, no entraba en el vestido negro que le habían preparado o que no se movía con suficiente soltura sobre el escenario. La diva denunció lo sucedido y se armó un gran escándalo. Poco después Voigt se sometió a una operación de reducción de estómago. Dijo que lo hacía por problemas de salud y perdió 68 kilos. La gran pregunta es si ha cambiado su voz. Cuestión de matices: unos aseguran que sí y otros, que no, pero a ella se la sigue considerando una de las figuras de referencia.

Muy distinto es el caso de la rusa Anna Netrebko, de 36 años. La revista Time la ha incluido este año en su lista de las 100 personas más influyentes del mundo y hasta un prestigioso crítico de ópera de EE.UU. ha dicho: “Su voz es tan magnífica como el resto de ella”. ¿El resto de ella? Sí, unas piernas larguísimas que suele enseñar sobre el escenario o ante las cámaras, y una mirada y unos labios que al principio fueron comparados con los de Audrey Hepburn pero que, al pasar los años y ganar en sensualidad, se han ido pareciendo cada vez más a los de la actriz francesa Audrey Tautou. Quien dude, puede recurrir a youtube y teclear las palabras: “The woman, the voice”. Este es el título del vídeo que grabó con el director Vincent Paterson, el mismo que trabajó para Madonna y Britney Spears. Ahí está ella, espectacular, aunque muy “kitsch”, con un bañador blanco, sobre una colchoneta verde y... cantando ópera, por supuesto. Ésa es otra de sus características como nueva diva: su estilo de vida cada vez se parece más al de una estrella de rock. No le importa nada, por ejemplo, declararse una auténtica “fashion victim” y decir que se gastaría todo su dinero en comprar ropa. También tiene fama de que le gusta salir por la noche y divertirse, aunque nunca antes de una actuación. ¿Nunca? Bueno, ha contado que una vez cantó borracha. Pero sólo una y porque era su cumpleaños. Se le ha atribuido un romance con el cantante Justin Timberlake. Otros la han querido liar con Valery Gergiev, el hombre que, según cuenta la leyenda, la descubrió a los 16 años, cuando Anna fregaba los suelos del teatro Mariinski de San Petersburgo. Ella ha negado estas dos relaciones y la romántica historia de la Cenicienta. La realidad, dice, es menos literaria: ella estudiaba ya en el teatro y sí trabajaba como limpiadora, pero lo hacía para sacarse unos rublos. Desde hace años tiene un novio italiano, un barítono llamado Simone Alberghini. Lástima que por problemas de su complicada agenda casi nunca puedan verse.

GUAPAS... Y CON CARÁCTER

La otra gran representante de esta nueva élite de la ópera es Angela Gheorghiu. Tiene 41 años y Georg Solti, el gran director de orquesta y su descubridor, lloró de emoción al escucharla por primera vez. Esta nueva diva es rumana y también ha aparecido en una lista. En su caso, la de las 100 mujeres más deseadas del planeta, publicada por la revista FHM. Aunque el público del Teatro Real seguro que la recuerda por otro motivo. Iba a cantar “La Traviata” en el 2003, pero llegó a Madrid, vio el montaje de la obra, no le gustó nada y se volvió a su casa. Todo un carácter. Ya lo dijo ella en su día: “Las divas siempre han existido. Somos algo fuera de lo común. ¿Cómo puedes ser una persona normal cuando tienes tantos ojos pendientes de ti?”. Entre las anécdotas que se la atribuyen y que tienen que ver con su coquetería, está la de salir a cantar con una barrita de vaselina escondida en el escote para retocarse los labios a mitad de representación o, la mejor, exigir un maquillador y un peluquero para una entrevista en la radio. No sirvió de nada explicarle lo que ya sabía: que nadie la iba a ver, que el público sólo escucharía su voz.

Por su parte, su marido, el gran tenor Roberto Alagna, la defiende: “Tiene una personalidad muy fuerte, pero también un gran corazón y mucha dulzura”. Ambos se conocieron en el escenario y lo suyo fue un flechazo, algo casi eléctrico. Están casados desde 1996. Él tiene una hija de su anterior matrimonio y ella, tras la muerte de su hermana Elena, adoptó a su sobrina. Lo último que hemos sabido de la Gheorghiu es que la habían despedido de la Lyric Opera de Chicago, por faltar a seis de los 10 ensayos de la obra que iba a representar.

Y si entre las sopranos están la Netrebko y la Gheorghiu, entre las mezzosoprano nos encontramos con Denyce Graves, de raza negra, una cantante muy popular en EE.UU. Graves sufrió una grave crisis personal al entrar en el nuevo siglo. Perdió la voz y 20 kilos de peso, pero hoy ya está recuperada y sigue con su exitosa carrera. O Joyce DiDonato, también americana, y que se caracteriza por un estilo más clásico y maduro. Aunque a la hora de casarse el año pasado en la romántica ciudad italiana de Venecia, con el director de orquesta Leonardo Vordoni, se permitió la licencia de hacerlo ataviada con un llamativo corsé de color rojo.

Pero no todo es frivolidad. La austriaca Angelika Kirchschlager, a pesar de que ha sido comparada con Nicole Kidman, por su larga melena pelirroja, se desmarca del nuevo cliché. Por ejemplo, a diferencia de muchas otras cantantes, Kirchschlager no ha querido renunciar a la maternidad. Tiene un hijo, Felix, de 11 años. Y no le interesa la moda ni otras excentricidades. Asegura que prefiere buscar el equilibrio interior.

Otra de las bellezas que pueblan la escena de los teatros de la ópera mundiales y que se resiste a darle importancia a su atractivo es la letona Elina Garanca. Esta joven intérprete de 31 años, rubia y con unos impresionantes ojos azules, asegura que no se preocupa demasiado por su aspecto físico. Parece que no se ha equivocado al primar su talento por encima de su belleza, ya que el público alemán la ha escogido como la mejor voz del 2007.

En España
, la primera en romper con el tópico de la voluminosa cantante de ópera fue Ainhoa Arteta. Su imagen, durante los años 90, vino a sorprender a todos los apasionados del “bel canto”: alta, guapa y rubia, aunque ya entonces se preocupaba por dejar muy claro que el aspecto físico era lo que menos debía importar. “Espero que lo que el público vea sea mi interior”, decía entonces. Y lo ha conseguido. Lo que se le ha resistido ha sido el Real, donde aún no ha conseguido actuar, y el Liceo, donde no lo hará hasta 2009. Los melómanos hablan también de otro nombre: Ángeles Blancas, soprano, nacida en Alemania, de padres españoles y que cumple con todos los requisitos. Dicen que le sobra talento y por el peso, no parece que tenga que preocuparse demasiado.

EL CAMBIO DE LA CALLAS

Cuando Maria Callas debutó en la Scala de Milán en 1951 pesaba 84 kilos, tres años después estaba en 58. En la época se dijo que había utilizado para adelgazar una tenia, pero la versión de su marido, Giovanni Battista Meneghini, fue justo la contraria: la Callas empezó a adelgazar cuando los médicos descubrieron que tenía una solitaria y acabaron con ella. También confesó sus hábitos alimenticios: "María se sometió a las dietas más severas. Jamás comía pasta y vivía de carne asada y verduras crudas, comidas sin aderezo ni aceite. No bebía licores y sólo consumía un mínimo de vino. Jamás ingería postres".