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La belleza en los tiempos del selfie

Se dispara el número de jóvenes que acude a inyectarse rellenos, impulsados por la compulsión narcisista del síndrome selfie. Su objetivo: hacer realidad una belleza sexy, e imposible, sin los filtros de Instagram. ¿Está la naturalidad en peligro de extinción?

Modelo de Victoria's Secret posando en un selfie.
Modelo de Victoria's Secret posando en un selfie. getty

El pasado abril, Gina Shkeda, una de las vloggers de belleza más populares de Instagram, colgó en su cuenta (de casi un millón de seguidoras) un selfie sin gota de maquillaje y realizado, supuestamente, nada más despertarse. La foto en cuestión recibió 25 millones de likes [me gusta] y 200 comentarios dejaron constancia de lo guapísima que estaba con la cara lavada. Paige Matthews, de 19 años, escribió: "Si pudiera levantarme cada mañana estando tan preciosa como Gina Shkeda, sería la chica más feliz del mundo". Shkeda, en un arranque de sinceridad, le contestó sin dudar: "Chica, llevo cejas pigmentadas, extensiones de pestañas y botox en los labios. En realidad, yo no tengo esta pinta. Tú eres perfecta".

La honestidad de esta vlogger, cada vez menos rara entre las mujeres que han convertido su presencia digital en un medio de vida, tiene importancia no tanto por revelar las modificaciones faciales a las que estas chicas se someten, sino por confirmar que, en realidad, la persona que sale en las fotos no existe. Que es imposible, sean cuantos fueren los tratamientos y retoques que se ponga cualquiera, obtener una belleza así. En el mundo real de tres dimensiones en constante movimiento no se aplican los filtros ni es posible mostrarse permanentemente desde el ángulo "bueno".

Facciones al detalle

Aún así, la afluencia de mujeres jóvenes a las consultas de estética en busca de cierto ideal digital de la belleza no para de crecer. Según la Academia Americana de Cirugía Plástica Facial y Reconstructiva, entre 2011 y 2015 se ha incrementado un 41% el uso del botox en clientes entre 19 y 34 años. Desde 2000 a 2015, la Sociedad Estadounidense de Cirujanos Plásticos ha registrado un incremento del 48% en los implantes de labios, esto es, 27.400 casos más. David Song, su presidente, achaca esta creciente demanda en la cultura del selfie: "Dado que vemos imágenes de nosotros mismos casi constantemente en los medios sociales, somos mucho más conscientes de la apariencia de nuestros labios".

La demanda de retoques faciales no quirúrgicos ha crecido en nuestro país en un 10% en 2016.

En España, la tendencia despega lenta pero segura: la demanda de tratamientos faciales no quirúrgicos se ha incrementado un 10% en el último año, según datos de la Sociedad Española de Cirugía Plástica Reparadora y Estética (Secpre). Las inyecciones de toxina botulínica y ácido hialurónico suponen un 65% del total de los procedimientos y son demandados por "personas acostumbradas a cuidar su imagen desde muy jóvenes", según explica la doctora Eva Guisantes, miembro de Secpre. La doctora Ana Jiménez, cirujana estética del Hospital Ramón y Cajal, sitúa en un 10% el aumento de clientes jóvenes que desean procedimientos de relleno.

"Cada vez hay más gente joven que se hace relleno del labio o de los surcos nasogenianos, normalmente de ácido hialurónico, reabsorbible en todas sus densidades, o que bloquean con un poco de toxina botulínica un entrecejo que arrugan demasiado", explica la doctora Jiménez, secretaria de la Secpre. "Son mujeres que se hacen muchas fotos y muy de cerca y quieren mejorar al detalle sus facciones, aunque no lo suelen expresar así en consulta. Solo nos dicen lo que quieren modificar".

Jiménez insiste en una recomendación central a la hora de inyectarse productos en la cara: acudir a un médico especialista. "Tenemos que huir de peluquerías o centros que no tienen médicos especialistas -confirma la doctora-. En realidad, un médico estético puede ser un médico general que simplemente ha hecho un máster o un curso, pero que no tiene la única especialidad reconocida por el Ministerio de Sanidad que es la de cirugía plástica reparadora y estética. Tampoco conviene fiarse mucho del precio como síntoma de calidad: una cantidad muy baja puede hacer sospechar, pero una alta no asegura que el profesional esté usando el compuesto de relleno adecuado. Por eso aconsejo recurrir siempre a los especialistas".

Primerísimo plano

Lo que las jóvenes buscan al recurrir a los inyectables, pero también procedimientos como el láser (para despigmentar o iluminar la tez), la micropigmentación de cejas o los implantes de pestañas, es acomodar el rostro a los primerísimos primeros planos que ordena el canon del selfie: el lugar donde la microimperfección se hace un mundo. Pasó el tiempo en el que el contouring y demás técnicas del maquillaje "hipercubriente" bastaban para imitar piel y facciones dignas del mejor filtro. Hoy, el ideal de belleza que marcan las hermanas Jenner, las Hadid y demás reinas de Instagram, requiere mucha más inversión: pómulos altos, cejas tupidas, pestañas abundantes, párpados tersos y mínimos, y labios carnosos. Otra cara.

El doctor selfie

El doctor Tijion Esho, conocido en el Reino Unido como "doctor selfie", tiene solo 35 años y una clientela que no supera los 30, reclutada en su red social favorita: Instagram. Su perfil acumula más de 11.700 seguidores gracias a fotos de los antes y los después de labios engrosados y narices remodeladas: es más rápido y barato, y menos doloroso rectificar un apéndice nasal con inyectables que con cirugía. Ninguna otra consulta británica cuenta con tanto aplauso en la red social, probablemente, porque muchas de sus clientes son modelos, actrices e influencers que se ganan la vida en las redes sociales. Para ellas, cada inyección del doctor Esho es un inversión.

En nuestro entorno, solo encontramos este nivel de influencia social en algunos centros de estética a los que acuden celebrities. A la hora de valorar dónde someterse a las inyecciones de toxina o hialurónico, ¿hay mucha diferencia de precio entre una clínica estética de buena reputación y un cirujano plástico? "No, porque en una consulta de un cirujano plástico la retribución principal la suponen las cirugías -explica la doctora Jiménez-. Cobramos precios muy similares a los de las clínicas, pero con una calidad y un resultado que no es el mismo".

El llamado "doctor selfie" británico tiene 35 años; sus clientas no pasan de 31.

"Es cierto que muchos médicos especialistas en cirugía estética y reparadora tenemos webs personales, pero no solemos utilizar técnicas de publicidad agresiva ni difundir precios que terminan en 999 -continúa la doctora del Hospital Ramón y Cajal de Madrid-. Tampoco consideramos las redes sociales como un espacio para publicitarnos. Hay que tener mucho cuidado con esos centros de estética que exhiben cierto espíritu mercantil, porque pueden estar dirigidas por empresarios que, a veces, no disponen de los mejores productos. Además, lo habitual es que acaben subcontratando a los médicos".

No es este el caso del británico doctor Tijion Esho, pues además de médico especialista en plástica, posee dos súper solicitadas clínicas en Londres, cada una con hasta seis meses de lista de espera. Su procedimiento estrella es el relleno de labios, al que dedica un 70% de su jornada. En los últimos tres años, la demanda de este retoque ha aumentado un 45% entre unas clientas que tienen 25 y 29 años. También le piden el realce de pómulos que permita "acentuarlos sin maquillaje" y rellenos en la barbilla para "evitar las formas cuadradas y feminizarlas".

Sus precios comienzan en las 465 ¬ de un trabajo de labios y sus clientas adoran compartir los resultados. "Para nuestra generación, hablar de ello forma parte de la experiencia de sentirse bien -explica Esho-. Es lo mismo que cuando fotografías tu plato en un buen restaurante: no puedes evitar la tentación de mostrárselo a los demás".

El culto a la metamorfosis

  • Las jóvenes instagrammers no ocultan la transformación a la que se somenten para triunfar en las redes. Al contrario. Es motivo de orgullo poder y saber "convertirse" en alguien bello. Es el caso de Claudia Wright, una microinfluencer de 24 años con algo más de 3.000 seguidores en Instagram. Bajo una foto de su antes y después, relataba hace unas semanas todos los procedimientos estéticos que había culminado para lograr su cambio: relleno de labios (4ml), blanqueamiento dental, cirugía de nariz, microbladding de cejas, pestañas semipermanentes, dieta y teñido rubio de pelo, además de "toneladas de maquillaje". Wright deja bien claro su generacional punto de vista: "Este no es el típico post que predica "ámate tal y como eres", "no cambies, eres única". Si algo no te gusta, honestamente te digo: ¡cámbialo!".

Adictas a gustar

Los psicólogos hablan precisamente de un patrón generacional: los jóvenes de hoy no solo privilegian la experiencia de compartir, sino que buscan cierta satisfacción narcisista a través de ella. Jordi Granados, psicólogo clínico y experto en patología dual de la clínica especializada en adicciones Centre Can Rosselló (Barcelona), conoce bien los mecanismos que se cobijan tras la dependencia de las redes y el "síndrome selfie".

"Esta generación de jóvenes se vincula sobre todo a través de las redes y mediante un tipo de exposición social que no es directa -explica Granados-. Por eso es tan importante la imagen, porque en las experiencias medidas tu único valor viene dado por la foto. Tiene una dependencia brutal de la imagen: las chicas se comparan constantemente buscando todo el rato el refuerzo positivo y la aceptación que significan los likes. El narcisismo se favorece desde el momento en que estamos todo el rato constatando y comentando la cara de los demás".

Para estas mujeres, la cantidad de likes en las redes es el rasero por el que medirse

Un factor trascendental a la hora de entender porqué las jóvenes necesitan lucir este tipo de belleza fotogénica tiene que ver con la importancia que ha cobrado el factor popularidad. Medir la calidad de una marca o un producto por la cantidad de amigos y likes que tiene es algo ya tan automático que los jóvenes lo asumen como el rasero por el que medirse a sí mismos. "Está constantemente en televisión y se traslada en los vídeos que ven y en las canciones que escuchan. Los patrones y roles que se establecen para ellos tienen casi siempre como objetivo la popularidad y, gracias a ella, el éxito rápido", continúa Granados.

Pero para conseguir ser "popular" en las redes hay que jugar a su juego: el de una exagerada feminidad hipersexy y clónica que, no pocas veces, roza con el universo paródico de las drag queens."Las chicas persiguen modelos directamente estéticos que no transportan ningún otro valor que no sea el de la belleza", abunda el psiquiatra. Ellas entienden que es eso lo que les demanda la sociedad y lo que les demandan los chicos. De hecho, las que no entran en este juego son consideradas raritas y se arriesgan a ser desplazadas o acosadas. Paradójicamente, en este contexto son las chicas que tienen una autoestima más trabajada -que llenan su vida con elementos que les generan bienestar y no necesitan el constante refuerzo positivo de las redes- las que son vistas como extrañas.

Labios. Selena Gómez
d. r. Labios. Selena Gómez
Ojos. Kylie Jenner (y su enorme lift de párpados).
d. r. Ojos. Kylie Jenner (y su enorme lift de párpados).
Cejas. Cara Delevigne.
d. r. Cejas. Cara Delevigne.
Pómulos. Bella Hadid.
d. r. Pómulos. Bella Hadid.
Nariz. Kendall Jenner.
d. r. Nariz. Kendall Jenner.
Pestañas. Kim Kardashian.
d. r. Pestañas. Kim Kardashian.

¿Mujeres normales?

Existe aún otro coletazo de este fenómeno -que viaja del imperio del selfie al resto de las mortales-, que no corre esta carrera en pos de una belleza congelada en la pantalla. Lo explica en Perfect Me, su próximo libro, Heather Widdows, profesora de Ética en la Universidad de Birmingham (Reino Unido).

Widdows ha detectado cómo, a pesar de que existe una mayor visibilidad de las "mujeres normales", en realidad no se ha producido un ensanchamiento de los ideales de belleza. Al contrario: lo que ha sucedido es que, debido a que cada vez más personas acceden a estos procedimientos estéticos, ha cambiado la idea de lo que hasta este momento se ha considerado "normal". "Lo que ahora vemos es una presión cada vez mayor para tener un aspecto que está lejos de lo que hace nada considerábamos normal", asegura la experta. Es decir, la naturalidad en los rasgos se encuentra en peligro de extinción. Y para las jóvenes millennial, si no te has librado de ella no es porque no quieres, sino porque no puedes.


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