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Marisa Jara

Modelo

En la moda sigue mandando la extrema delgadez

Marisa Jara posa para nosotros y nos presenta su libro.
Marisa Jara posa para nosotros y nos presenta su libro. alberto bernárdez.

Durante muchos años sucumbió a la tiranía de las tallas que, dice, aun impera en el territorio 'fashion', hasta el punto de padecer bulimia. Ahora, cuenta su experiencia, para poder ayudar a otras personas, en su primer libro.

Se siente realizada en su nueva faceta como modelo curvy. Marisa Jara (37) ha encontrado la seguridad necesaria para enfrentarse, en su primer libro –La talla o la vida, Ed. Planeta–, a sus trastornos alimentarios y desnudar algunos capítulos de una vida de modelo en la que no todo era tan maravilloso como aparentaba. De sus miedos y angustias, de la tiranía de la estética de la moda y de sus problemas con la comida habla en un testimonio sincero y motivador.

Corazón En su libro se respira mucho sufrimiento. Luchar contra su peso en un mundo donde la línea roja la marcaba la talla 36 era más que una agonía. ¿Por qué ha querido narrar estas vivencias en un libro? ¿Era su forma de hacer terapia?

Marisa Jara Lo cierto es que nunca había tenido el pensamiento de escribir un libro. La editorial Planeta me hizo la sugerencia, porque habían seguido mi blog. Querían que escribiera el cambio que había experimentado como modelo al pasarme a la talla grande. Después de meditarlo, pensé que podía ser una buena idea contar mi experiencia y abrir los ojos a muchas personas que puedan estar en esa situación.

C. Supongo que tener que revivir algunos momentos especialmente dolorosos de su pasado le habrá revuelto muchas cosas.

M.J. Dependía del día y el tema que me tocara escribir. Es verdad que cuando he tenido que recordar mis problemas de trastornos alimentarios, no me resultaba muy agradable, pero tampoco me ha supuesto un drama, ya que no soy mujer de recrearme en el dolor. Asumo las cosas que me pasan en la vida y soy de las que miro hacia adelante. He querido reflejar fielmente lo que viví, sin abusar del dramatismo.

C. El mundo de la moda es conocido por su tiranía con las tallas. En estas páginas recuerda cómo algunas de sus compañeras podían pasar el día con una manzana y mucha agua. Estará conmigo en que eso es una auténtica burrada.

M.J. Evidentemente. Hablo de mi caso, pero es verdad que he convivido con muchísimas modelos, sobre todo los primeros años, cuando compartía apartamentos con compañeras de todo el mundo, y he visto de todo. Algunas eran delgadas por naturaleza, pero también había muchas que se mataban a dietas. La constitución de cada persona es diferente. Yo me metí en esta profesión y puede que no fuera muy consciente de dónde lo hacía. Es más, nunca creí que iba a vivir esas presiones ni los problemas de peso que he padecido.

C. En el libro explica muy bien cómo, cada vez que entraba en crisis, optaba por viajar hasta su Sevilla natal y refugiarse con los suyos. La labor de su madre ha sido fundamental. Era a quien recurría cada vez que tenía un problema con los casting donde la echaban por haber engordado.

M.J. En casa de mi madre es donde me ponía bien y me recuperaba. Mi familia es lo más importante de mi vida. Tanto cuando me va bien, como cuando las cosas van mal, siempre puedo contar con ellos. Si encima era por un problema como el que yo he padecido, era muy importante tenerlos a mi lado.

C. En su libro no todo es sufrimiento, ya que viene salpicado de anécdotas curiosas. Por ejemplo, esa en la que cuenta el día en el que la eligieron para una campaña cuando la vieron en la cola del casting con una bolsa con la barra de pan colgada en el hombro.

M.J. La primera vez fue casual. Me llamó la atención que el cliente se parara conmigo solo por la curiosidad de saber qué hacía una modelo con una barra de pan. Me funcionó y luego recurrí a ese truco en otros  muchos 'casting'.

No me voy a perder la experiencia de tener hijos"

C. O el día que Naomi Campbell la encerró en una habitación de su casa en una fiesta.

M.J. Ocurrió en su casa de Saint Tropez. Fue porque había un piloto que estuvo hablando mucho tiempo conmigo y eso no le gustó nada. Se cogió un buen enfado y me encerró en un cuarto del que tuve que escaparme por la ventana. En el fondo entendí que, a pesar de ser una de las 'top models' más famosas del mundo, también estaba llena de inseguridades

C. ¿Ha tenido usted también esa sensación de inseguridad?

M.J. Muchas veces. Date cuenta que, en el mundo de la moda, todo gira en torno a la perfección, la delgadez… Yo nunca pensaba que estaba al cien por cien, porque siempre había otra modelo más joven o más delgada y las comparaciones eran inevitables. Te metes en una especie de bucle hasta que, un día, entiendes que no puedes soportarlo más.

C. ¿Cuántas veces le dijeron que con diez kilos menos sería la mujer perfecta?

M.J. Esa frase la he escuchado muchas veces. Hoy lo recuerdo con distancia y me dan pena las chicas que lo están viviendo ahora, porque es una injusticia tremenda que cada dos por tres te estén recriminando tu peso.

C. En su caso esa presión derivó en una bulimia. ¿Cuándo fue consciente de su enfermedad?

M.J. Al principio no lo entendía como tal, ya que era ocasional. Como jugar con mi cuerpo alguna vez, pero en ocasiones contadas. A los 30 y pico años estaba muy presionada y ya me ocurría a diario (ir al baño a vomitar la comida que acababa de ingerir) y entendí que se había convertido en un problema. Tenía que buscar una solución, porque no podía continuar así más tiempo, ya que me estaba jugando cosas muy serias. Mi vida, sin ir más lejos...

C. Cuenta que, estando en su casa de Sevilla, su madre la siguió al baño y se percató de lo que realmente estaba ocurriendo.

M.J. Es verdad. Todos los que pasamos por este trastorno intentamos esconderlo, porque en el fondo nos da vergüenza, ya que es antinatural. Incluso, lo quieres ocultar hasta el punto de querer comer siempre a solas, para que no te vean. Lo que pasa es que hubo un momento en que era imposible disimularlo.

C. ¿Es más fácil abordar este problema en un libro que verbalizarlo directamente?

M.J. No, porque piensa que, cuando escribí este libro, ya no estaba bajo esa presión ni angustia. Hoy vivo tranquila y si me como lo que me apetezca, no pasa nada.

C. En su caso, su trastorno estaba condicionado por su profesión. Cuando asumió que iba a dar el salto a las 'curvies' debió de ser toda una liberación.

M.J. Cuando hice ese cambio estaba ya en una fase en la que había aprendido a quererme con mis kilitos de más. Tener la talla 36 no es el fin del mundo ni lo mejor que te puede pasar en la vida. He aprendido que hay que tener la talla con la que te encuentres y sientas bien, no la que quieran otros.

C. ¿Es un trastorno totalmente superado?

M.J. Sigo acudiendo a mis médicos, porque, cuando tienes un problema de tantos años, no desaparece del todo. Siento que estoy recuperada, pero continúo en alerta. Intento tomar distancias con los catering, me controlo y procuro evitar tentaciones. Hay que andar con cuidado, porque el miedo de recaer siempre anda cerca. Con la comida hay que lidiar a diario, porque no puedes olvidarte de ella, pero he aprendido a administrarme bien. Por eso sigo una dieta sana y evito alimentos que sean adictivos. Si de vez en cuando quiero algo especial, pues me lo como, pero procuro no tenerlo en casa.

El amor ya llegará. No es algo que busque"

C. ¿Hasta qué punto puede haberle afectado esta enfermedad en su vida diaria?

M.J. Me he sentido más triste, me ha hecho no poder centrarme en otras cosas importantes, estar más deprimida... Por suerte hoy me siento bien y muy recuperada.

C. ¿Los hombres que han pasado por su vida, dos maridos, han sabido ayudarla con este problema o más bien piensa que le han perjudicado?

M.J. Por suerte, con mis parejas nunca he tenido problemas en ese sentido. No me han presionado ni con mi trabajo ni con la comida. Esa es la razón por la que no he creído necesario hablar de ellos en el libro.

C. ¿Y el hecho de estar bajo esa presión no le ha impedido disfrutar de su vida plenamente? ¿Cree que de no haber estado enferma sus matrimonios se hubieran salvado?

M.J. No, porque las parejas que he tenido siempre han sabido apoyarme. Incluso en mis peores momentos han intentado ayudarme. No puedo decir nada negativo.

C. Sin embargo, siempre se ha apoyado mucho en sus hermanos.

M.J. Ellos siempre están ahí. El apoyo de mis hermanos conmigo es brutal y, cada vez que los he necesitado, han acudido.

C. Dar el salto como modelo curvy es de las mejores cosas que le han pasado. ¿Cómo se encuentra en estos momentos?

M.J. De mi trastorno de alimentación, digamos, estoy recuperada al 95 %. Soy una persona que se cuida, pero no me privo de darme mis caprichos de vez en cuando y eso hace que me sienta contenta y en paz. Por suerte, no me falta el trabajo ni los amigos y por eso, desde hace dos años, pienso que estoy en mi mejor momento.

C. ¿No echa de menos tener un amor a su lado?

M.J. Ya llegará. No es algo que busque. Además, las parejas tampoco dan siempre la felicidad. Soy de las que opino que todo llega, pero sin tener ninguna prisa.

C. ¿Y hace algo por encontrarlo?

M.J. Pues nada especial. Soy muy casera, disfruto en mi casa con una serie o un libro. Si algún día llega esa persona que me enamore, pues adelante.

C. ¿Tiene claro que quiere tener hijos?

M.J. Por supuesto. Esa experiencia no me la voy a perder.

C. ¿Estaría dispuesta a recurrir a una técnica de fertilidad si no llega el hombre adecuado con el que formar una familia?

M.J. Sin dudarlo. Pienso que es una maravilla que cualquier persona tenga el derecho a ser padre. Y, por suerte, hoy hay maneras de cumplir ese deseo, aunque sea en solitario.

C. Imagino que muchas mujeres o madres de adolescentes estarán contactando con usted tras conocer su experiencia con el peso.

M.J. Muchísimas. No te imaginas cómo. Y reconozco que soy la mujer más feliz del mundo si puedo ayudar a alguien. En el libro doy muchos consejos de las cosas que me han ayudado a salir adelante con el fin de poder colaborar con quien lo necesite.

C. ¿Cree que en el mundo de la moda estos testimonios han cambiado algo?

M.J. Para nada. Todo sigue funcionando igual. Aunque está el boom curvy, que espero no sea solo una moda, ya que nos beneficia a todas las mujeres. Aun a día de hoy en este mundo, sigue mandando la delgadez extrema.

C. ¿Qué podemos hacer para evitar que otras mujeres pasen por lo que ha vivido usted?

M.J. Cambiar los mensajes que ensalzan la delgadez y menosprecian a quienes no están así. Aprender a no ser tan severas con nosotras mismas y querernos más. Hay que concienciar a la gente de que también es maravilloso tener más kilos. La sociedad tiene que concienciarse, pero en serio.

C. ¿A quién le da las gracias en particular?

M.J. A mi familia y a mi representante, Meye, que es quien me da fuerzas.

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