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Jesús Calleja

Aventurero y presentador de televisión

“A Trump le llevaría a ver la realidad”

Jesús Calleja durante un acto promocional en Madrid.
Jesús Calleja durante un acto promocional en Madrid. Corazón

El aventurero leonés pasó por Madrid durante unas horas y aprovechamos para charlar con él y que nos contase por qué todos los famosos han caído rendidos a sus pies.

Quien inventó el dicho popular que afirma que nadie es profeta en su tierra no conocía a Jesús Calleja. Él ama su tierra natal casi tanto como sus paisanos le quieren a él. El aventurero confiesa que pasa todo el tiempo que puede en León, escondido en las montañas. Y eso que es un hombre ocupado. Además de presentar ‘Planeta Calleja’ y ‘Volando Voy’, en Cuatro, está al frente de la productora que hay detrás de sus programas y de otros como ‘Maraton Man’ (Movistar+) y ‘El Xef’ (Cuatro). A veces algún que otro compromiso también le saca de su vida tranquila. Hace unos días estuvo en Madrid para presentar la nueva televisión de Sony, la Bravia Oled 4K, y aprovechamos ese regreso al mundanal ruido para preguntarle por sus expediciones, sus amistades y a quién se llevaría de viaje.

Corazón Trabaja en televisión y hemos visto que entiendo sobre ellas, pero ¿qué ve Calleja cuando tiene un rato libre?

Jesús Calleja Soy un gran consumidor de documentales porque me gustan mucho. Pero también me gusta la televisión generalista y no tengo ningún problema en decirlo. Me parece que es la forma de tomarle el pulso a tu país y para mí la televisión es una herramienta de entretenimiento. Trabajamos muchas horas y al final, cuando tienes tu merecido descanso, te tiene que entretener.

C. ¿Cómo acaba un peluquero, amante de la montaña, haciendo programas de televisión?

J.C. La tele siempre me llamó la atención. He sido peluquero y mecánico, he tenido una tienda de coches y he trabajado como guía en Nepal durante 16 años, pero desde siempre, lo que más me ha llamado la atención es la imagen y poder contar una historia en vídeo. Cuando tenía 16 años conseguí convencer a mis padres para que me compraran una cámara y un magnetoscopio, que se llevaba colgado y que era horrible (risas). Desde entonces no he parado de hacer composiciones con el vídeo. Técnicamente siempre he sido muy malo, porque nadie me dio nunca una clase, pero siempre he tenido mis ideas sobre cómo era la televisión que a mí me gustaba ver. Yo veía los documentales, que me encantaban, pero me daba cuenta de que siempre te lo cuenta una voz en off. A mí me gusta poner cara a las buenas historias, así que me dije: “Por qué no lo hago yo?”

C. Y así acabó relatando sus aventuras delante de una cámara, aunque ahora no lo hace solo. Le acompañan infinidad de famosos y además le cuentan cosas que nunca contarían en una entrevista

J.C. Quizá es que viven conmigo 12 días y se dan cuenta de que no hay una escaleta de rodaje, sino que dejamos fluir las cosas. Tenemos una guía de rodaje, pero no llevamos un guion, porque si lo llevas, estás condicionando a tu invitado a que te diga lo que tú quieras. Yo quiero que me cuenten lo que te les la gana, simplemente soy un catalizador para que esto ocurra. Así, según lo que haya pasado ese día, te va a emocionar, vas a reír, vas a llorar… dependiendo de lo que ocurra, va a contar cosas que a lo mejor no contaría jamás en ningún sitio.

C. Y no se le resiste nadie…

J.C. Al principio era difícil, porque cuando se trata de un programa nuevo y le dices a un famoso: “Déjame diez o 15 días de tu tiempo” te pregunta que si estás loco. Porque no tienen tiempo. Entonces era difícil, pero ahora se ha convertido como en una especie de programa de culto.

C. ¿Alguien que le haya dicho que no?

J.C. El papa, Obama… los de siempre, no han querido venir (risas). Mira, a Trump me gustaría llevarle ahora para un tirón de orejas.

C. ¿A dónde le llevaría?

J.C. A muchos lugares, para que viera la realidad del mundo, no la suya en esas torres de lujo. Pero que hay otra realidad ahí fuera que es durísima y que no conoce.

C. Es de las pocas personas de las que todo el mundo habla bien. ¿Cómo se logra eso?

J.C. Yo siempre parto de la idea de que la gente es buena por naturaleza. Solo en salvadas ocasiones pierden su camino. Y me gusta el buen rollo siempre, así que soy incapaz de estar enfadado con nadie. A lo largo de la vida uno se enfada muchas veces: con tu pareja, con tus amigos, con gente extraña... Pero eso a mí me genera un problema, que se me queda dentro y no lo puedo sacar, así que tengo que ir a pedir perdón. Aunque no tenga razón, prefiero pedir perdón y arreglar la situación.

C. Los famosos le cuentan todo y sin embargo, no sabemos gran cosa de su vida privada.

J.C. Bueno, lo mío es muy fácil. Estoy todo el día en la montaña. ¡A ver quién me va a buscar allí! Cada minuto libre que tengo me voy a la montaña. Voy a León, porque vivo allí. Tengo una productora en Madrid y tengo que ocuparme de ella con mi socia. Además, tengo que hacer mis programas, así que imagínate el jaleo que tengo. Pero he logrado encontrar el equilibrio: utilizamos la tecnología para vernos y vengo a Madrid dos veces a la semana y después me voy a mi casa en León. Yo creo que esa es la clave: estoy donde quiero vivir y donde me hace feliz. Y mis amigos son los de toda la vida. Hay nuevos amigos que vienen, pero consigo juntarlos a todos.

C. Muchos de los invitados a su programa se han convertido en amistades. Lo demostró reuniéndolos para su cumpleaños. Allí estaban Bisbal, Álex González, Mercedes Mila...

J.C. A quienes vinieron al programa y hubo buen rollo les pregunté si querían venir a la fiesta y no voy a contar la cantidad de gente que fue, por que no se puede, pero quizá fue una gran reunión de famosos. Y todos fueron a León ¿por qué? Porque soy de allí y los eventos importantes en mi vida tiene que ocurrir allí. Y me gusta que vean nuestra ciudad, nuestra provincia, que tiene tantas cosas que ofrecer... No tenemos un gran tejido industrial, pero tenemos una gran riqueza que es la naturaleza y si yo puedo ser altavoz para que la gente conozca un poco más León, pues me siento doblemente agradecido, porque es donde vivo, donde está mi vida y mi gente.

C. Reivindica sus raíces, pero ha viajado más que el común de los mortales. ¿Qué ha aprendido recorriendo el mundo?

J.C. La tolerancia. Cada vez que la gente viaja se evitan muchas cosas. Y me he dado cuenta además de que solo tenemos dos problemas en el mundo. Solo dos: uno, te mueres, que ahí estás bien fastidiado, y dos, tienes una enfermedad que te va a llevar a la muerte. El resto… es dosificable. Tenemos que cuantificar lo que son problemas. Vivimos en una sociedad en la que nos levantamos por la mañana pensando que tenemos problemas. Nos fabricamos los problemas y lo estandarizamos todo: la familia, el trabajo, la exigencia, la productividad… Tenemos que dejar de estandarizar, gestionar mejor nuestra vida y pensar cuales son las franjas que nos quedan de disfrutar al máximo para optimizarlas.


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