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La esencia de Pamplona

Anne Igartiburu

Una semana más, la opinión de Anne Igartiburu.

Quiero hoy rendir un homenaje sentido a una ciudad y en concreto a una de las fiestas populares más importantes del mundo. Llena de tradición de la buena. De cultura, música, gastronomía, religión y lo más importante: de gente excepcional como es la navarra. Hemingway y Ava Gardner pusieron su foco en un lugar del mundo que para muchos nos era familiar, pero no ha hecho falta que venga nadie de fuera para revelar la grandeza de unas costumbres que, a golpe de cuidado y cariño, son hoy el centro de la Tierra, si se me permite, durante unos días.

Además, he vivido estas fiestas desde mi infancia muy de cerca y en familia, viendo los encierros después de un fuerte desayuno en casa. Y San Fermín nos bendijo hace 20 años en el inicio de nuestro programa así que es de ley que le dedique esta columna.

Los San Fermines corrían el riesgo de desvirtuarse

Acaba un San Fermín, este de 2017, lleno de anécdotas y vivencias que seguro que los pamplonicas y los llegados de otros lugares difícilmente olvidarán. Porque han vivido la fiesta con mayúsculas que supone este encuentro único en el mundo. Una fiesta que corría el riesgo de desvirtuarse y que gracias a la gran labor de toda Pamplona y su gente, se ha conseguido reflejar de la manera que todos queremos y esperamos.

Sus gentes se entregan para mostrarnos lo mejor de sus fiestas, preparando con ahínco y transformando la ciudad poco a poco en una marea rojiblanca impoluta y dispuesta a recibirnos con una cordialidad y hospitalidad inusual en cualquier otra parte del mundo. Y digo que termina un San Fermín distinto porque, a modo de ejemplo, nadie –ciudadanos, instituciones, medios– ha querido dejar pasar la oportunidad de recordar ese ‘no es no’ para una sociedad que cuida a sus mujeres y su a dignidad. Y es solo un ejemplo de la actitud que tiene la capital navarra ante las injusticias.

Pamplona entera y sus peñas sanfermineras van subiendo a lo largo de los primeros meses del año la 'escalera de San Fermín' para, el seis de julio, salir de ese carácter aparentemente regio y serio que puede emanar a veces el navarro y mostrar al mundo su naturaleza alegre, noble y abierta, entregándose a sus visitantes y a sí misma, y que solo se entiende cuando se pisa la vieja Iruña en estas fechas.

Es una fiesta que hace que el carácter de sus habitantes se transforme y todo el mundo sea aun más bienvenido si cabe. Una fiesta del pueblo y para el pueblo que sabe de la importancia de compartir lo bueno vivido. Una ciudad con mentalidad unificadora que se democratiza de manera estética, con un rojo y blanco que refleja la igualdad entre todos los que acudimos a ella, con lo bueno de la uniformidad que acerca y rompe diferencias. Todo un ejemplo de ciudad que está por encima de políticas y enfrentamientos para demostrar que Navarra puede y sabe ser solemne.

No solo ahora, sino desde hace siglos como reino que es. El espíritu de las cuadrillas se enfunda una alegría especial para acoger a amigos y foráneos y disfrutar del ambiente sanferminero en las calles, disfrutar del buen comer en las casas y restaurantes y de la tradición, desde el chupinazo hasta el Pobre de mí. San Fermín: el Patrón al que piden los mozos antes de correr el encierro cada mañana, mientras dan esos botes, a modo de calentamiento antes de la carrera.

Con lo preparados que vienen los toros por los ganaderos, conscientes de que van a San Fermín: los astados llegan cada año más entrenados y la manada corre más agrupada y más veloz, disminuyendo los riesgos. Eso lo muestran como nadie nuestros compañeros de TVE en las retransmisiones en directo de cada encierro. Enhorabuena desde aquí por mostrarnos no solo la carrera, sino también el espíritu más madrugador y hermoso de esta tradición.

No olvidemos que San Fermín no son solo toros, o los tendidos de sol y sombra, que también. Es además la fiesta en la calle, son gigantes y cabezudos, es tradición, es un pueblo, cultura, música y fuegos artificiales. La vida del pamplonica se transforma de manera especial y esperada. Y se reúne para celebrar una convivencia en familia, con amigos y vecinos, y sentir el disfrute callejero, salpicado de una identidad unida a la tierra. ¡Esa es la esencia de los San Fermines que no se va a olvidar!


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