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El verano es para los consortes

Almudena Martínez-Fornés

En cuanto la vida oficial entra en el letargo estival, aunque los reyes siempre tienen que estar en alerta, son los consortes los que acaparan el protagonismo.

Visto desde fuera podría dar la impresión de que les tocó el premio gordo de la lotería el día que entraron a formar parte de una familia real, pero la observación nos ha enseñado que, vivir al lado de un rey o de una reina, no siempre es un camino de rosas.

Que no todo el mundo está preparado para soportar la exigencia que ello supone y que, a veces, ese premio está envenenado.

El caso más extremo es el de Diana de Gales que, 20 años después de su muerte, sigue desprendiendo amargura. Las grabaciones que se han conocido este verano, en las que exhibía su fracaso matrimonial con toda crudeza ante su profesor de oratoria, son una prueba más de que Diana no supo responder como se esperaba de una reina. Ni siquiera de una aristócrata. Cuando se sintió humillada reaccionó como cualquier inglesita que se sentía despechada por las infidelidades de su marido.

Se han cumplido 20 años de la muerte de Lady Di.
Se han cumplido 20 años de la muerte de Lady Di.

Por otras razones completamente distintas, tampoco lo ha tenido fácil Masako de Japón que, 24 años después de su boda con el príncipe Naruhito, sigue sin encajar en la rígida corte imperial del Crisantemo. A diferencia de Diana de Gales, que fue una mala estudiante, Masako destacó como alumna brillante en las mejores universidades del mundo: Harvard, donde se licenció en Económicas con magna cum laude; y Cambridge y Oxford, en las que completó su formación. También aprobó la difícil oposición para ingresar en la carrera diplomática. Pero ni sus estudios académicos ni su vida cosmopolita ni su pertenencia a una familia vinculada a la alta administración le han supuesto una gran ayuda para entender el papel de una consorte.

El príncipe Enrique de Dinamarca, protagonista de una última polémica.
El príncipe Enrique de Dinamarca, protagonista de una última polémica.

De las críticas a la aceptación

En el extremo contrario está la princesa Mette-Marit, que lo tenía todo en contra cuando el príncipe Haakon de Noruega se fijó en ella: madre soltera, origen social humilde, mala estudiante, un pasado salvaje, escándalos familiares… Sin embargo, cuando pasó a formar parte de manera oficial de la familia real, Mette-Marit se transformó y, 16 años después de la boda, las pocas críticas que recibe se dirigen exclusivamente a su forma de vestir.

Máxima de los Países Bajos, convertida hoy en ejemplo de reina consorte, tampoco tenía el viento a su favor cuando el entonces príncipe Guillermo Alejandro se enamoró de ella. A esta argentina se le reprochaba que su padre, fallecido este mes de agosto, hubiera sido ministro durante la dictadura de su país. Ni doña Letizia respondía en su día al perfil esperado de una Princesa de Asturias, aunque la España del siglo XXI era más comprensiva con las razones del corazón que con las de Estado.

Doña Letizia junto al duque de Edimburgo en la visita reciente de nuestros Reyes a Reino Unido.
Doña Letizia junto al duque de Edimburgo en la visita reciente de nuestros Reyes a Reino Unido.

Los maridos de las reinas

También ha sido difícil asumir el papel de consorte para los hombres, que, además, tienen que conformarse con el título de príncipes cuando se casan con reinas, a diferencia de las mujeres, a las que, salvo excepciones, como la princesa Salma de Marruecos, se suelen equiparar con sus maridos. La última queja ha sido la del príncipe Enrique de Dinamarca, quien ha hecho público este verano su deseo de que no le entierren junto a su esposa, la reina Margarita, a no ser que le reconozcan el título de rey consorte. Después de toda una vida en segundo plano, al menos en la muerte quiere ser igual que su mujer.

Felipe de Edimburgo, marido de la reina Isabel II de Inglaterra, también ha sido protagonista este agosto tras su retirada de la vida pública a los 96 años de edad. Algunas personas le recordarán por su largo historial de meteduras de pata, fruto de un sentido del humor nada sutil. Otros, por la imagen demoledora que ha transmitido de él la serie de televisión 'The Crown', en la que el duque es el personaje que sale peor parado. Sin embargo, después de 65 años de actividad institucional, Felipe de Edimburgo se ha retirado por la puerta grande con un historial con el que muy pocos consortes podrán competir: 22.219 actos oficiales, 637 viajes al extranjero y 5.496 discursos. Y con el mejor elogio por parte de la reina: "Es mi roca. Ha sido mi fuerza y mi sostén".


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