María de Villota: "Ahora estoy más viva, aunque me duela"

María de Villota posa apoyada en una bicicleta Apoyada en una bicicleta que simboliza la nueva velocidad de su vida, María lleva vestido de George Rech, ...

Ocho meses después de su accidente a bordo de un Fórmula 1, la piloto recupera el ritmo de su vida. Pero no va a 300 km/h, la velocidad ya no es su prioridad. Esta es una charla sobre heridas y esperanza: las heridas que le han costado cuatro operaciones y le han dejado varias placas metálicas en la cabeza; la esperanza de todo lo que aún le queda por vivir... y que, afortunadamente, es mucho.

Cuando alguien lleva la gasolina en las venas, es difícil que pueda pasar mucho tiempo lejos de un coche. Incluso aunque la última vez que montara en uno casi perdiera la vida. Por eso, no es extraño que María se haya puesto de nuevo al volante para conseguir su carné de conducir adaptado, pero también para sentir de nuevo el latido de la velocidad. Y para demostrarse que sigue siendo capaz de todo, que puede salir adelante. 

Porque si algo ha dejado claro en su carrera es que es una luchadora. Lo hizo cuando decidió dedicarse al mundo del motor, costara lo que costara. Cuando fue escalando categorías en un mundo donde a las mujeres se las mira aún con recelo. Cuando acreditó que no estaba tras un volante de competición por su cara bonita. Y, sobre todo, cuando demostró que quería seguir viviendo, después de que el coche que conducía como piloto de pruebas para Marussia se estrellara el 3 de julio en Inglaterra.

Han pasado casi ocho meses desde entonces y María aparece con el pelo cortísimo y una sonrisa subrayada en rojo, como si quisiera centrar la atención. Las cicatrices apenas son visibles. Solo su parche delata los terribles momentos que ha vivido. Aunque no quiera darles mucha importancia.

Mujer Hoy: En sus apariciones desde el accidente, parece que no le cuesta hablar mucho de él...
María de Villota: Bueno, le quito importancia, no sé por qué. Empiezo a querer pasar página, pero creo que, quizá, mi experiencia puede ayudar a algunos enfermos. Si es así, ese rato está bien pasado, aunque remueva un poco.

P: Entonces sí le cuesta...

R: Sí, digo: "No pasa nada". Pero los días que hablo del accidente el dolor de cabeza es más fuerte, el cansancio es mayor... Poco a poco, irá quedando en el pasado, aunque recuerdo perfectamente todos los detalles. En un coche, todo pasa a cámara lenta, al menos para mí. Me acuerdo de todo excepto del impacto. Supongo que, gracias a Dios, mi cabeza lo ha borrado.

P. Sin embargo, los recuerdos de los primeros días en el hospital son difusos...

R: Sí, es increíble, porque lo que recuerdo es fantasía, salvo algunas pinceladas de realidad. En la UVI, creía que estaba haciendo otra prueba de F1, como las muchas que he hecho este año. Tenía la impresión de que era una prueba mental y que unos sensores recogían cómo pensaba. Yo no hablaba, solo analizaba datos. Y recuerdo que, como siempre, quería demostrar que como mujer podía estar en la F1. En un momento que estaba exhausta, alguien me decía: “María tienes que aguantar”. Lo recuerdo en el sueño, pero fue real, fue una enfermera. Yo interpreté que quería que dejara el pabellón de la mujer alto, pero solo quería que salvara la vida. Recuerdo que estaba agotada... y luego la historia es inverosímil, pero casi mejor no lo cuento. [Risas].

P: ¿Por qué?
R: Porque soñaba que ganaba un premio. Luego lo pedí y mi familia pensó: "Se nos ha quedado como las maracas de Machín" [Risas].

P: ¿Aguantó por su buena preparación física?
R: Sí, las resultados de las pruebas que hice para McLaren, que llegaron tras el accidente, daban una capacidad cardiovascular excelente. Los médicos me dijeron que si no, no hubiera soportado la primera operación, que duró 17 horas. Cuando la enfermera me dijo que aguantara, yo pensaba: "No puedo, me voy con mi familia". Y era otra cosa real: sabía que estaban viendo la prueba a través de un cristal... pero era el de la UVI. Y yo no podía ni moverme.

P: ¿También recuerda el dolor?
R: Cuando hay un impacto en la cabeza, el dolor es constante y tan grande que no te deja descansar. No podía dormir ni con sedación... Era como si la cabeza tuviese una actividad muy fuerte. Yo solo pensaba en cuándo iba a descansar. Según los médicos, en la zona donde tuve el daño cerebral está el sensor de la fatiga.

P: También creyeron que no recuperaría el habla.
R: Sí, decían que podía haber perdido el habla y la capacidad para organizarme, para hacer tareas... incluso la personalidad.

P: ¿Y eso no le ha cambiado?

R: [Risas] No, qué va. Y se sorprendieron de que no perdiera el lenguaje. Cuando reaccioné, hablé en inglés como si nada... Incluso cuando mi madre me habló, respondí en inglés y la miré diciéndola: "Mamá, que estoy trabajando".

P: ¿Pero era consciente de su gravedad?
R: No, mis padres me dijeron lo del accidente y lo del ojo, pero yo no recordaba los detalles, que han venido poco a poco. Me preguntaban: "¿Sabes dónde estás?". Y recordaba todos los viajes de esos días. Pero el accidente se había borrado.

P: El peor momento, según ha contado, fue verse por primera vez ante un espejo.
R: Los médicos le dijeron a mi familia que solo me dieran la información que pidiera, para evitar la angustia. Al principio, pensaba que había perdido la visión, pero no que el ojo había sido evacuado. Mi madre dice que los primeros días pedía un espejo, pero luego ya no. Así que, cuando un día fui al baño con mi madre y me vi en uno que debía estar tapado, el impacto fue brutal. Tenía 104 puntos en la cara destapados... Para mí fue durísimo, pero cuando ví la cara de mi madre fue peor. Es muy guapa y la belleza siempre ha sido importante para ella. Me quedé perpleja y luego dije: "¿Quién me va a querer a mí?". Ella se quedó callada, supongo que iba a decir: "Nosotros, hija". La vi hecha polvo, me miré y, de broma, dije "Quita, bicho". Tomármelo con sentido del humor fue un arma para mí.

P: ¿Ha recurrido mucho al humor estos meses?
R: Sí, y antes. Cuando pasaba momentos malos en mi carrera, siempre decía que la vida no hay que tomarla demasiado en serio, solo lo que realmente importa. Yo estaba viva y mi apariencia era una de las cosas menos importantes.

P: ¿Ya se ha acostumbrado a llevar el parche?
R: [Risas] No me lo quito ni cuando estoy en casa.

P: ¿Y la coquetería de llevarlo a juego con la ropa?
R: Es ya parte de mi vida. La primera vez que me pusieron uno era enorme, negro... y yo, con los puntos en la cara, me veía horrible, superagresiva, como la mala de la peli de 'Kill Bill'. Pero yo quería estar como Uma Thurman, que salía guapísima. Pensé: "Voy a darle color". Lo hace una costurera amiga.

P: ¿Es cierto que el parche refleja, para usted, todo lo que ha vivido?
R: Absolutamente. La gente no sabía lo que he luchado por llegar a la F1. Mi aspecto no transmitía mi enorme esfuerzo para hacerme un hueco en esa categoría. Sin embargo, a raíz de la lucha de estos meses, mucha gente se ha hecho una idea de esa María luchadora. La María que ha luchado por su vida es la misma que luchaba por su sueño. Antes mi aspecto físico no lo transmitía. Ahora lleva las marcas de lo que ha sido mi lucha.

P: También dice que es feliz. ¿Es posible serlo después de sufrir un trauma que ha dado la vuelta a su vida y ha truncado sus sueños?
R: Soy optimista y me considero muy afortunada. En ningún momento he pensado: "Qué mala suerte, ¿por qué a mí?". Al revés, he pensado: "Estoy viva". Son tantos los médicos que me han dicho que he tenido una suerte increíble, que ha sido un milagro, que dices: "Tengo que estar superfeliz porque estoy aquí, con mi familia". ¿Qué hubiera pasado si me hubiera ido? Ellos estarían echos polvo y yo habría dejado un montón de cosas por hacer.

P: ¿Qué ha aprendido de sí misma estos meses?
R: El accidente me ha hecho más fuerte, me ha conectado a la vida, a la realidad. Me ha hecho tener más empatía y sentir más el dolor ajeno. Y me ha hecho más sensible a todo: ver a alguien pedir en la calle, el dolor de los enfermos... Ha sido terriblemente enriquecedor, pero también muy duro. Mi novio me dice: "Tienes que protegerte, estás recuperándote". Pero, cuando recibo correos de gente que lo pasa mal, es imposible que los deje pasar, no puedo mirar hacia otro lado. Y, aunque no pueda hacer nada, siento que compartiendo ese dolor soy más humana y estoy más viva, aunque duela.

P: ¿Está aprendido a ir a otra velocidad?
R: [Risas] Sí, antes iba volada, y hay que tener cuidado porque el ritmo de la vida te exige volver a entrar en ese círculo. Pero sí voy más despacio, lo saboreo todo más. Me gusta la acción, pero ya a otro ritmo, dando a cada cosa la importancia que tiene.

P: Seguro que en estos meses ha compartido más tiempo con su familia que en los últimos años...

R: Siempre hemos estado muy unidos. El motor nos ha unido para lo bueno y para lo malo, porque todos tenemos mucho carácter. Una vez más, han sido mi tronco, los que me han dado la estabilidad para no marchitarme, los que me han dado confianza para salir adelante. Ellos fueron los primeros en decir: "Estamos orgullosos de tí", y eso me ayudó para fortalecerme.

P: ¿Qué le ha dicho su padre? Si alguien conoce el mundo del motor y sus riesgos es él, Emilio de Villota.

R: Posiblemente fue uno de los que peor lo pasó. Al fin y al cabo, soy piloto porque quería ser como él... Tenía una batalla tremenda consigo mismo.

P: ¿Se sentía responsable?

R: En el hospital estaba preocupado, me preguntaba: "¿Estás bien conmigo? ¿Me quieres igual?". Yo le dije: "Claro, papá, y te admiro igual". No cambiaría mi vida, estoy orgullosa de lo que he sido y él ha sido mi referencia. Si fuera pequeña, volvería a querer ser como él. Siempre corrí porque quería ser como él, pero los coches eran mi pasión, era donde yo me sentía más María que en ningún otro sitio...

P: Con su madre ha tenido también una relación más estrecha ¿Qué destaca de ella?
R: Pues he vivido a mi madre... como la vive un niño pequeño. Mi madre ha tenido una ternura como la que tienen las madres con sus bebés. En el hospital, las noches que se quedaba, intentaba no dormirse. Y cuando conciliaba el sueño, si yo me movía, se despertaba. Mi madre ha sido ternura, cariño... como si volviera a ser su bebé. Me ha protegido como a un ser indefenso y yo lo he sentido con 33 años. Tengo un padre que es carisma y perseverancia, y una madre que es pura generosidad. Pero mis hermanos también han estado ahí. Isabel es mi ángel de la guarda, siempre cuidándome. Y con Emilio, que ha sido mi rival deportivo, esto nos ha acercado muchísimo.

P: Hay otra persona también muy importante en su vida, su novio.
R: [Emocionada] A mí me sorprendió... Cuando no sabía si iba a tener ese transtorno de personalidad, le dije: "Tienes que plantearte esto, porque no sé cómo va a ser mi vida. No quiero que estés conmigo por pena". Y él me dijo: "Quiero estar a tu lado". Me lo dijo mirándome y vi en sus ojos que era verdad... Me ayudó muchísimo que me demostrase que me quería, tal como yo estaba, tremenda... Todos hemos vivido esta situación a flor de piel. El accidente nos ha quitado un montón de capas, esas que te vas poniendo para reforzarte. Ha sido un momento durísimo, pero muy especial.

P: Y de los demás, ¿qué le ha emocionado?

R: El cariño, los ánimos... te hacen fuerte, y si te crees fuerte puedes mirar de otra manera el dolor. Nunca pensé que iba a tener todo este cariño, incluso el de los pilotos... Me sorprendió, porque mi paso por la F1 ha sido fugaz, y fue un elogio. Aunque me hubiera gustado que fuera en la pista.

P. ¿Y no ha tenido algún momento de bajón?
R: No, no sé por qué. Los médicos me decían: "Te vendrá el bajón, tendrás que ir al psicólogo". Pero me encuentro muy bien, con energía, feliz. Me atrevo hasta a decir que pletórica interiormente. Lo más duro ya lo he pasado. Cuando empiezas a normalizar tu vida, todo es a mejor.

P: Y a partir de ahora, ¿a qué se va a dedicar?
R: Quiero hacer muchas cosas, aunque aún no he decidido. Pero voy a estar en tres frentes: uno muy personal , con la fundación Ana Carolina Díez Mahou, y los otros dos más profesionales. Es inevitable que siga vinculada al motor, porque es mi vida. Y ya que hemos podido abrir el camino a la mujer, quiero que no se cierre, quiero que la mujer sea valorada en el automovilismo y en el mundo en general. Y el otro aspecto es la seguridad vial: desde el mundo de la competición se puede trasladar mejor la seguridad que se necesita al volante.

P: A pesar de todo, ha conseguido un palmarés que muchos hombres envidiarían.
R: Ha sido caprichoso, pero no he dejado de correr para prepararme. Al final llegué al mismo punto, aunque me costara más que a un hombre. Es difícil para todos, pero puede que se me cuestionase más. En un equipo, el piloto tiene que ser el líder y yo tenía que ganármelo antes.

P: ¿Se subiría a un F1 otra vez?

R: Sí, ha sido la experiencia más bonita de mi vida. Pero o me subo a un F1 o me lo paso pipa en un kart. Correría por amor, por pasión, por hobby. Pero no sé si, después de luchar toda mi vida por hacerme un hueco, me gustaría tener que luchar otra vez por una licencia. Y más ahora, que veo mejor las cosas importantes.

P: En 2009, dijo en Mujer hoy que no se planteaba aún formar una familia. ¿Ha llegado el momento?
R: Desde luego, está mucho más cerca. Primero quiero redirigir mi vida, ver hacia dónde voy. No sé cuándo, pero sí tengo ganas. He tenido una familia tan impresionante, que me gustaría formar la mía. 

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